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| 6/20/2015 10:00:00 PM

El gran escape de dos presos en Nueva York

La fuga completa dos semanas sin que ninguno de ellos aparezca. Por la brillantez del plan se trata de un material perfecto para una película.

No cualquiera se escapa de una prisión de máxima seguridad y evade, durante 14 días y contando (hasta el cierre de esta edición), una gigantesca operación rastrillo que incluye a más de 800 hombres, sabuesos y helicópteros. Menos aún si después de salir de la fortaleza, gracias a un plan calculado y digno de la película Escape de Alcatraz, el auto que los debía sacar de la zona no llegó y tuvieron que huir a pie. El 6 de junio, Richard Matt, de 48 años, y David Sweat, de 38, demostraron que no son cualesquiera. Son los primeros reos en fugarse de la correccional Clinton en Dannemora, Nueva York, que entró en operación en 1865 y es tan aislada, y tan fría en invierno, que la llaman ‘la pequeña Siberia’. Que el escape se diera en junio, lejos del peor frío posible, no es una coincidencia.

El perfil de los escapados, rufianes, astutos y despiadados, llevó a Andrew Cuomo, gobernador del estado de Nueva York, a ofrecer inmediatamente 100.000 dólares por informaciones que llevaran a su captura. Pero pasan los días y nada sucede. Los investigadores han seguido más de 1.300 pistas fallidas, y según los reportes más recientes Matt y Sweat pueden estar ‘donde sea’. Las autoridades han prometido seguir hasta dar con ellos.

Los antecedentes de ambos fugitivos permiten asumir que Matt diseñó el plan. Después de todo fue un cerebro criminal la mayor parte de su vida. Así lo confirmó su hijo Nicholas Harris al enterarse de su huida: “Ya se ha escapado antes y tiene el coeficiente intelectual de un genio. No puedo creer que hayan dejado que esto pasara”.

Matt mezcla talentos criminales que sabe usar a su beneficio. Puede ser un asesino frío, pero también un encantador de serpientes. Enamoró a Joyce Mitchell, una trabajadora del taller de la prisión, y esta le consiguió las herramientas que les permitieron abrirse paso por la pared de sus celdas hacia las tuberías y la libertad. Él también la convenció de proporcionarles el automóvil de escape, la única parte del plan que falló, sin mayores consecuencias. Excepto para ella, que está bajo custodia de las autoridades.

Matt es el tronco que jamás se enderezó. De niño sus padres lo abandonaron en un automóvil y sobrevivió. A los 14 años escapó del orfanato al que fue a dar en un caballo que robó, y desde entonces se convirtió en un terror de carne y hueso. Nunca dejó de escapar. Huyó de su primera prisión a los 19 años. Trepó un muro de tres metros, sorteó un alambre de púas y saltó a un tren. La Policía lo capturó cinco días después en la casa de su hermano. Años después, volvió a intentar una escapada en México pero recibió un balazo en un hombro, cuya cicatriz mostraba con orgullo a sus familiares.

Si algo es seguro es que no cometerá el inocente error de visitar a su hermano esta vez, y que hasta ahora no ha recibido balazos.

Gabriel DiBernardo, el último policía que lo puso tras las rejas aseguró: “Es la persona más ruin que conocí en 38 años de oficio”. Y en David Sweat no pudo haber encontrado un mejor compinche. Otro asesino de recorrido, otra infancia dolorosa. Su propia madre aseguró no querer verlo nunca más si pudiera: “Me atormentaba desde que tenía 9 años, y a los 34 siento que sigue”. Las escuelas cerraron en los condados cercanos a la prisión, pues como otro agente de policía afirmó al diario The New York Times “cuando de él se trata no se pueden tomar demasiadas medidas de seguridad”.
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