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| 7/23/2011 12:00:00 AM

El guardián

Sin el tesón de Alan Rusbridger, quien superó la incredulidad inicial ante sus denuncias, el mundo nunca se habría enterado de las 'chuzadas' de 'News of the World'. Como director de 'The Guardian', lleva años haciendo el mejor periodismo del planeta.

"¡Rusbridger tendrá que pedirnos perdón de rodillas!". Corría el verano de 2009 cuando la entonces directora de News of the World, Rebekah Brooks, pronunció estas palabras. En julio, The Guardian había publicado una pieza investigativa que dejaba mal parados a Brooks y su equipo. Según el periódico, estos habían erigido un sistema de detectives para grabar ilegalmente a miles de ciudadanos británicos.

Las acusaciones alarmaron al dueño del tabloide, Rupert Murdoch. Se declaró víctima de una campaña de desprestigio y llevó el caso hasta el Press Complaint Commission, que regula a los medios en Gran Bretaña. Como este decidió llamarles la atención a los denunciantes, mientras Murdoch y Brooks parecían ganar la batalla, hasta ese momento solo había un perdedor: Alan Rusbridger, el director de The Guardian.

Dos años más tarde, Rusbridger puede decir que el que ríe de último, ríe mejor. A pesar de los ataques de un personaje tan poderoso como Murdoch, se empeñó en publicar setenta historias sin las cuales el mundo nunca se hubiera enterado de las escuchas de News of the World. Al final, el magnate no solo se vio obligado a cerrar el tabloide, sino a pedir perdón ante la Cámara de los Comunes.

Entre tanto, Rusbridger pasó de periodista prestigioso a estrella mediática. Este hombre ya era conocido porque The Guardian había publicado documentos de WikiLeaks. Lo que no todos sabían es que es uno de los periodistas más renovadores de Europa y un acérrimo defensor de la ética de su profesión.

Nació hace 57 años en la colonia británica Rodesia del Norte, hoy Zambia. Comenzó su carrera en el Cambridge Evening News, en tiempos en que se empezaba a entender que tras la Segunda Guerra Mundial el deber del reportero era, ante todo, defender la democracia. En España, El País sería fundamental durante la Transición. En Alemania, Der Spiegel contribuiría a la consolidación de la joven República Federal. Y un reportero de The Washington Post llamado Bob Woodward habría de tumbar al presidente Richard Nixon. Los medios estaban cambiando al mundo, y el periodista se convirtió en el guardián de la gente ante los señores del poder.

Rusbridger encontró un lugar en el medio más crítico del Reino Unido en 1979. D espués de comenzar como reportero, lanzó la versión de fin de semana de The Guardian y un exitoso magazín. Pronto ascendió a subdirector y en 1995 asumió la dirección. A sabiendas de que el periódico impreso tiene los días contados, desde el comienzo impuso su filosofía: "Web first!" ("¡La red es lo primero!").

Hoy es el precursor del uso de internet como herramienta periodística. Cree en un futuro del oficio financiado por seguidores y mecenas en el terreno digital. La página guardian.co.uk es la más leída de Europa con 37 millones de visitantes. Él mismo la concibió y la bautizó Guardian Unlimited para dejar claro que los usuarios tendrían allí una experiencia distinta de la que ofrece la superficie del papel. Ha sido el pionero en la cooperación con los lectores a través de la web, una técnica denominada crowdsourcing, que le ha traído más de una chiva. "Internet es el gran megáfono de nuestros tiempos", dijo una vez.

Bajo el mando de Rusbridger, The Guardian, que este año cumplió 190 años, se ha convertido en lectura obligada de los círculos del poder en Europa, Estados Unidos y África. Pero también ha sufrido bajo la actual crisis de la prensa. En 2005 empezó a circular como tabloide. Tiene un tiraje en descenso que por ahora llega a los 262.900 ejemplares. Ha perdido millones de dólares, que han significado el despido de docenas de redactores y, próximamente, el cierre de la edición internacional.

Aunque cueste creerlo, Rusbridger se mantiene optimista. "Lo importante ya no es tener chivas, porque en segundos están en todas partes y a nadie le importa quién las hizo -le explicó una vez a un reportero-. En el futuro, lo importante será la chiva interpretativa: no ser el primero en informar que algo pasó, sino en explicar por qué pasó".

Hoy Rusbridger está viendo caer el imperio de Murdoch, renunciar a la cúpula del Scotland Yard y admitir errores al primer ministro británico. No pareció equivocarse cuando en una entrevista dijo: "Nunca ha habido mejores tiempos para hacer periodismo".
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