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| 12/11/2010 12:00:00 AM

El 'hacker' que sabía demasiado

Esta es la historia de Adrián Lamo, el pirata cibernético de origen colombiano que reveló a las autoridades estadounidenses quién filtró la información a WikiLeaks.

Cuando Adrián Lamo empezaba a ser un hacker conocido, en agosto de 2002, la cadena NBC lo invitó a grabar un segmento para su noticiero nocturno. El presentador que lo entrevistaba lo retó a que ingresara al sistema informático de ese medio, aunque nunca pensó que lo lograría. Para sorpresa del periodista, en menos de tres minutos el joven se había infiltrado en los servidores del canal, frente a las cámaras. A pesar de que la nota nunca se emitió porque las directivas lo consideraron peligroso, el episodio hizo célebre a Lamo. No en vano hoy es conocido como el 'Bobby Fischer del hacking', debido a que tiene un coeficiente intelectual similar al del famoso jugador de ajedrez y porque puso en jaque a WikiLeaks al revelar su fuente principal. Es tanta su fama en el medio informático que hace un par de años la productora del actor Kevin Spacey, ganador de dos premios Óscar, grabó un documental sobre su vida.

Lamo todavía no sabe con certeza cómo terminó involucrado en este escándalo mundial, pero de lo que sí está seguro es deque no fue producto del azar. "Yo no creo en casualidades -­­­explicó a SEMANA- en la vida simplemente ocurren cosas que no podemos entender". Todo comenzó en mayo, cuando Bradley Manning, un analista informático del Ejército estadounidense que se encontraba de misión en Irak, lo contactó por Internet. Empezaron a chatear y un día le preguntó a Lamo qué haría en caso de que tuviera acceso a "redes clasificadas durante 14 horas al día, siete días a la semana, durante más de ocho meses". A pesar de que no se conocían, el soldado le confesó que había descargado varios folios de información de las redes secretas del Pentágono en CD vírgenes, mientras fingía estar escuchando música de Lady Gaga, y se los había dado a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks.

"Todavía no estoy ciento por ciento seguro de por qué decidió contarme", dice Lamo, pero su teoría es que Manning lo hizo porque necesitaba la aprobación de alguien reconocido en el medio de los hackers. En los chats, el soldado no solo admitió que se sentía solo y rechazado, sino que también se mostró desilusionado con la política exterior de Estados Unidos. Lamo cuenta que esas conversaciones hicieron que surgiera entre ellos una especie de "pacto suicida", porque no había marcha atrás. Manning le confesó ser el responsable de la filtración del video en el que un helicóptero norteamericano ataca a civiles iraquíes, publicado por WikiLeaks en abril, así como de los miles de documentos clasificados sobre la diplomacia gringa que varios diarios mundiales están entregando poco a poco.

Lamo consideró que las revelaciones eran tan graves que su obligación como ciudadano era informar al Departamento de Contrainteligencia del Ejército. Creía que si los cables del Departamento de Estado salían a la luz podían poner en riesgo la seguridad nacional y la vida de muchas personas. En pocas palabras, consideraba que Manning estaba jugando con fuego. "Tuve que pensarlo mucho… Yo también habría sido culpable por no haber informado a las autoridades… Hay momentos en que no se trata de tomar una decisión correcta, sino la menos incorrecta", sostiene. El soldado, de 22 años, fue detenido pocos días después y hoy se encuentra en una celda en la base de los Marines en Quantico, Virginia, a la espera del juicio. Algunos expertos calculan que el año próximo podría ser condenado a cadena perpetua.

Por su parte, Lamo ahora cuenta con protección del gobierno debido a que durante los últimos meses ha recibido amenazas de quienes lo consideran un traidor. Desde mayo no habla con Manning, pero dice que espera conocerlo algún día. "Aunque creo que hice lo correcto para procurar el bienestar general, no hice lo correcto en el caso de Bradley. Merece mis disculpas… pudimos haber sido buenos amigos", reconoce. Él sabe lo que significa ser arrestado tan joven, pues pasó por lo mismo cuando tenía 22.

Los comienzos

En efecto, en septiembre de 2003 Lamo se entregó al FBI por haber entrado sin permiso al sistema del diario The New York Times. Meses atrás, había accedido a la información personal de cerca de 3.000 colaboradores del periódico, incluidos el ex presidente Jimmy Carter y el actor Warren Beatty, y, a manera de broma, agregó su nombre a la base de datos como experto en seguridad nacional e informática. A las directivas del diario no les causó ninguna gracia su hazaña y, tras declararse culpable, el joven tuvo que pagar una multa de 65.000 dólares, seis meses de arresto domiciliario y dos años de condena condicional.

Su nombre ya había sido noticia en los medios porque tenía la costumbre de hackear las redes de las empresas y luego advertirles de su vulnerabilidad sin cobrar nada. "No tenía interés en robar -aclara Lamo-. Solo quería explorar y obtener información". Tanto así que al final algunas compañías, en lugar de denunciarlo, terminaron por agradecerle.

"A Adrián no le importan los lujos. La fama no ha inflado su ego, vive una vida simple y ni tiene siquiera tiene carro", contó a esta revista un familiar cercano. De hecho, hubo una época en la que era conocido como 'el Hacker sin hogar' porque se infiltraba en los sistemas informáticos de Yahoo!, Microsoft, Bank of America, MCI WorldCom, McDonald's, Citigroup y muchas más, mientras recorría el país en bus. "No lo hacía por miedo a que me descubrieran, sino porque quería explorar el mundo físico", explica Lamo. En el día se dedicaba a entrar ilegalmente a las redes de dichas empresas, y en las noches dormía en edificios abandonados.

Al preguntarle sobre el número de compañías que hackeó, admite que fueron tantas que le es imposible acordarse de todas. Su habilidad con los computadores es asombrosa y desde muy pequeño mostró una sensibilidad especial. Su papá, quien es colombiano, y su mamá, nacida en Estados Unidos, lo consideran un niño prodigio, pues aprendió a leer y escribir por sí mismo, sentía curiosidad por todo y tenía un vocabulario inusual para una persona de su edad.

En Colombia

Lamo nació en Boston, Massachusetts, y su infancia transcurrió en diferentes lugares de Estados Unidos. Vivió una larga temporada en Washington y recuerda que solía visitar los museos del Instituto Smithsoniano. Sabía hablar inglés y español, pero su papá quería que tuviera más contacto con la familia colombiana. Entonces decidieron mudarse a Bogotá en 1992. Adrián entró a estudiar al colegio Campoalegre, ubicado a las afueras de la ciudad, donde cursó quinto de primaria y una parte de sexto. "El choque cultural fue difícil, pero pude adaptarme", reconoce.

Según dijo a SEMANA María Cristina Murillo, rectora de esa institución educativa, Lamo era un niño muy inteligente, crítico y maduro. "No tragaba entero y no podía aceptar la idea de que Estados Unidos fuera a decaer como ha pasado con las grandes potencias a lo largo de la historia. Esa idea lo preocupaba y le causaba dolor. Tenía pocos amigos y, mientras los demás jugaban fútbol, él tenía otros intereses. Era muy bueno con todo lo que tuviera que ver con tecnología".

Santiago Perry, compañero de Lamo en el colegio, cuenta que le gustaba pasar los descansos en la sala de computadores. "Era callado y le iba muy bien en matemáticas. Me acuerdo de que en clase de gimnasia usaba gorra y gafas negras para no asolearse. Le gustaba ponerse la misma chaqueta todos los días y tenía un olor muy particular porque en los bolsillos guardaba palitos de incienso que desmoronaba con las manos". Para Perry y varios amigos de su generación, Adrián es un personaje muy difícil de olvidar, a pesar de que vivió poco tiempo en Colombia.

Los Lamo querían quedarse en el país, pero en 1994, por cuestiones personales, tuvieron que volver a Estados Unidos y se establecieron en San Francisco. Para aquella época, Adrián ya era un genio en potencia de los computadores. Un día, por ejemplo, logró resolver un enigma de informática que el profesor de esa materia creía demasiado complejo para un adolescente. Se volvieron tan buenos amigos que cuando el joven se entregó a las autoridades en 2003, el maestro le envió una carta al juez que llevaba el caso, para defenderlo.

A los 13 años, Adrián ya tenía una enorme facilidad para meterse en los sistemas sin ser detectado y, según su familiar, lo hacía de forma intuitiva: "Cuando le preguntaba cómo conseguía penetrar en las redes, decía que simplemente sabía por qué camino navegar". Lamo recuerda que uno de los primeros computadores que le regaló su papá fue un Commodore 64; le gustaba desbaratar los equipos electrónicos que tenía a su alcance y no le quedaba grande ningún problema así se demorara en dar con la respuesta. Lamo padece el síndrome de Asperger, un tipo de autismo que explica por qué es capaz de permanecer concentrado en una misma actividad durante 24 horas seguidas sin dormir y sus dificultades para relacionarse con otras personas.

Después de graduarse del colegio, Lamo empezó a hackear los sistemas de grandes empresas desde cualquier rincón de Estados Unidos. Durante esa etapa se mantuvo en contacto con sus papás, quienes se habían mudado a otra ciudad y se enteraban de sus actividades gracias a las noticias que publicaban los medios. "Siempre que hablaba con ellos me advertían que tuviera cuidado", recuerda. Sin embargo, luego vino el incidente con The New York Times y el joven tuvo que parar. Aprovechó la temporada en que estuvo bajo custodia en casa de sus padres para estudiar Periodismo e incluso obtuvo varios premios por una serie de artículos que escribió.

Ese detalle es importante porque Lamo asegura que le propuso a Manning que le hablara en calidad de periodista, pero este no aceptó. Solo así habría podido contar lo que sabía sin estar obligado a revelar su nombre. "Hoy él estaría protegido bajo leyes del estado de California", dice. Coincidencia o no, lo cierto es que el colombo estadounidense terminó convertido en uno de los principales protagonistas del escándalo de WikiLeaks.

Casi nadie conoce su historia en detalle y por eso actualmente, además de asesorar a empresas para proteger sus redes y dar charlas, prepara un libro sobre sus experiencias. Como van las cosas, el documental de Spacey ya se quedó corto, porque las nuevas aventuras de Lamo bien podrían servir de inspiración para una película de intriga internacional.
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