Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/11/15 00:00

El hombre del afiche

Un artista callejero fue el responsable de hacer el póster más famoso de la contienda electoral en Estados Unidos.

“El mensaje de de mis trabajos es cuestionarlo todo. No soy un anarquista. Trabajo dentro del capitalismo, aunque lo critico porque creo que el sistema se puede mejorar”, afirma Fairey. A la derecha la imagen de su primera gran creación: Obey Giant

A Shepard Fairey lo han detenido 15 veces por hacer grafitos. La ocasión más reciente ocurrió a pocas cuadras del lugar donde se celebraba la Convención Demócrata en Denver. Seguramente los policías no tenían idea de que era el creador del famoso afiche de Barack Obama con el mensaje "Hope" ("Esperanza"), el más exhibido por los seguidores del partido. El artista callejero de 38 años hizo lo de siempre: declararse culpable y pagar la multa, aunque en el bolsillo tenía una carta firmada por Obama en la que le agradecía por haber realizado una imagen "que ha causado un profundo impacto en la gente".

Fairey había diseñado el cartel por iniciativa propia, y la imagen muy pronto se convirtió en el emblema público del candidato, recogido en medios y en blogs alrededor del país. La campaña se entusiasmó y le pidió versiones oficiales cuyas ventas de 400.000 dólares fueron a sus arcas. Ese Obama coloreado de azul, rojo y blanco ya se ha convertido en un ícono mundial que algunos columnistas han comparado con la foto del Che Guevara tomada por Alberto Korda.

Shepard empezó su carrera hace dos décadas en las calles de Providence, Rhode Island, como un rebelde más. Con su arte buscaba criticar el consumismo y la omnipresencia de la publicidad en todos los rincones de las ciudades norteamericanas. En 1989, cuando estudiaba ilustración, vio en un periódico la imagen de André, el 'gigante', Roussimoff, un campeón francés de lucha libre, y se inspiró para su primera obra: una calcomanía con el rostro del deportista en blanco y negro, con la que empapeló muchas calles. Esa imagen, acompañada con la palabra obey (obedece) llegaría hasta Japón, Rusia, Italia y París, e incluso a sitios donde Shepard no ha estado, porque tomó su propia dinámica de país en país. "La calcomanía no tiene ningún sentido -dijo alguna vez-, es publicitar la nada. Hay muchas cosas que se convierten en íconos que son absurdas".

Sus vistosos afiches, que se inspiran en el cartelismo soviético mezclado con arte pop y el cómic estadounidense, han colonizado el espacio urbano con mensajes pacifistas y críticos del capitalismo. Según el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston, es uno de los artistas callejeros más influyentes, al punto de que su trabajo ha sido exhibido en galerías norteamericanas y londinenses, donde algunas de sus piezas han alcanzado los 85.000 dólares. Pero es feliz como personaje marginal y ni la diabetes, que lo obliga a usar un dispositivo que le suministra insulina permanentemente; ni ser el padre de dos niñas, ni que algunos policías lo hayan amenazado con dispararle lo han hecho desistir de sus arriesgadas aventuras, a veces en edificios a gran altura. Casi siempre lo acompaña media docena de jóvenes que le avisan cuando llegan las autoridades, para que pueda escaparse a toda prisa en una minivan que aborda en movimiento.

Pero no le faltan detractores que aseguran que cedió al consumismo, pues ha realizado trabajos para grandes compañías como Pepsi y Netscape. Además, creó su propia marca de ropa y la agencia Studio Number One, que diseña juegos de videos, póster para películas y portadas de discos de artistas como Led Zeppelín y Black Eyes Peas. "¿Dónde está escrito que un artista debe morirse de hambre para hacer un buen trabajo? Andy Warhol no lo hizo y cambió la cultura del arte. Lo que es impresionante es que Shepard ha mantenido su estilo a pesar de estar en una plataforma más alta", dijo a SEMANA su amigo y compañero en la empresa de ropa Obey LLC., Justin McCormack.

Shepard Fairey tiene una manera práctica de ver las cosas: "Todo el que hace arte quiere de alguna forma vivir de eso", dijo a la página gothamist.com. "Hacer arte callejero gratis para la gente y al mismo tiempo cosas que se puedan vender es tener lo mejor de los dos mundos".
 

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