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| 11/27/2010 12:00:00 AM

El hombre invisible

Las imágenes de un artista chino que se camufla con el paisaje se han convertido en un fenómeno en Internet y en las galerías de todo el mundo.

Liu Bolin permanece inmóvil mientras dos personas dan las últimas pinceladas en su cara. En seguida, otra empieza a tomarle fotos y, aunque Liu siente los músculos entumecidos, sabe que el más leve movimiento podría arruinar el trabajo de casi 10 horas. Su objetivo es adoptar la apariencia del entorno, como si se tratara de un camaleón humano. El encuadre debe quedar perfecto, y, por eso, aguanta la respiración y cierra los ojos por unos segundos. Para ser invisible no solo se necesitan varios frascos de pintura, sino mucha paciencia.

El resultado de su larga espera es una serie de imágenes que han estado expuestas en prestigiosas galerías de Europa, Estados Unidos y América Latina, y que llegarán a Colombia por primera vez el año próximo, como parte de la Bienal Fotográfica Bogotá. "Su obra es muy ingeniosa -dijo a SEMANA Eli Klein, director de la galería del mismo nombre, especializada en arte chino-. Cuando se exhibió en Nueva York la gente quedó absolutamente encantada por la calidad de las fotos". La prensa internacional le ha dedicado varias páginas y ya existe un grupo en Facebook donde los usuarios comentan su trabajo. En Italia causó tanto furor que hace poco se estrenó un documental en el que Liu muestra paso a paso cómo es el proceso para camuflarse. 

La idea se le ocurrió porque, recién se graduó de Artes Plásticas, sentía que era un rechazado social. Duró varios meses buscando trabajo, y en 2006, cuando por fin lo contrataron como profesor en Suojia, una villa de artistas en Beijing, las autoridades chinas ordenaron demoler las casas porque supuestamente habían sido construidas en un terreno  ilegal. "¡Fue muy indignante, quería desaparecer!", admitió a un periódico local. Tomó esas palabras al pie de la letra, y a manera de protesta dos amigos lo ayudaron a pintarse de pies a cabeza de tal forma que se confundiera con los escombros que quedaron en el lugar. Por esa época empezaron a llamarlo 'el hombre invisible'.

A partir de entonces, el chino se dedicó a recorrer la ciudad en busca de nuevas locaciones. "Decidí convertirme en un revolucionario y hacer una protesta silenciosa", reconoce. Sus primeras fotos fueron hechas en calles y construcciones abandonadas, donde no había riesgo de que la policía lo encontrara. Su suerte solo llegó a principios de 2007 cuando un curador estadounidense quedó fascinado con su obra y compró varias de sus imágenes. Con la plata pudo viajar al Reino Unido e Italia, donde se mimetizó en las tradicionales cabinas telefónicas rojas de Londres y en las góndolas de Venecia.

Con el tiempo, Liu ha perfeccionado su técnica y es capaz de 'desaparecer' en cualquier sitio, incluidos murales, supermercados, teatros, estadios, jardines y autopistas. Ahora planea camuflarse mientras viaja en un avión comercial. "A mucha gente le gusta mi obra porque representa a los habitantes anónimos del mundo", dijo al periódico británico Daily Mail.

Gracias a que su trabajo es famoso en todo el mundo, ya no necesita pedirles ayuda a sus amigos para que lo pinten, sino que ahora puede pagar sus propios asistentes. Y aunque a primera vista cualquiera podría pensar que las fotos son un montaje, Liu está pendiente hasta del más mínimo detalle: usa un traje especial que absorbe muy bien la pintura y se asegura de que el color que le aplican coincida con el del fondo. Su cuerpo parece un lienzo en blanco y no importa si es necesario que tarden más de 10 horas para dar con el tono perfecto.

Después de que termina la sesión de fotos, se queda un rato más en el lugar para ver la reacción de las personas que pasan a su lado, quienes la mayoría de veces no se dan cuenta de que sigue ahí. Una gran paradoja. El chino que hace unos años se quejaba de que nadie le ponía atención, ahora, que de verdad es invisible, logró justo lo que quería: que todo el mundo se fijara en él.
 

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