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| 12/10/2011 12:00:00 AM

El hombre jet

Con alas y cuatro motores pequeños, un hombre cumplió uno de los sueños más antiguos de la humanidad: volar. Gracias a sus hazañas, arrojo y tenacidad, hoy es un superhéroe real.

El suizo Yvesel Rossy, de 52 años, siempre ha sido un adicto a la adrenalina. Por eso desde muy joven probó de todo: desde el motocross y el snowboard, hasta el esquí acuático y el surfing aéreo. También participó en los principales circuitos de deportes extremos en Europa, pero para él nada era suficiente. Necesitaba emociones todavía más intensas. Entonces, se le metió en la cabeza la idea de volar con alas, como si fuera un pájaro.

Aunque al principio sus amigos y su familia pensaron que estaba loco, a punta de prueba y error diseñó un atuendo especial con el que puede alcanzar velocidades de 200 kilómetros por hora en el aire. Rossy demostró que tenía razón y hoy es una celebridad mundial gracias a sus increíbles hazañas, tanto así que se ha ganado el apodo del 'hombre jet'. La más reciente tuvo lugar en los Alpes suizos, donde voló por primera vez al lado de dos aviones a reacción. La escena parece sacada de una película animada en computador, pues por momentos el intrépido aventurero se confunde con las naves.

Con cuatro pequeños motores sujetos a unas alas de fibra de carbono, Rossy logró el sueño de volar. A diferencia de los cinturones cohete o jetpacks, su invento permite trayectos estables sin necesidad de timón. Siempre lleva un traje resistente al calor, similar al que usan bomberos y pilotos de carrera, para protegerse de las turbinas. El único impedimento es que no puede despegar del suelo sino que debe lanzarse desde un helicóptero a 2.500 metros de altura. Cuando el combustible se le acaba, seis o 13 minutos después del salto, tiene que abrir un paracaídas para aterrizar.

Desde que Rossy voló por primera vez, en 2004, se dedicó a perfeccionar su creación. "He desarrollado por lo menos 15 alas y en este prototipo llevo trabajando más de tres años", asegura en su página web. Descubrió su pasión por la aviación a los 13 años, cuando su papá lo llevó a un show aéreo en su natal Neuchâtel, una pequeña ciudad situada en la Suiza francesa. Antes de convertirse en el 'hombre jet', ya dominaba las alturas. En su juventud desafió sus límites con la práctica de deportes extremos, y luego se desempeñó como piloto militar y de aerolíneas comerciales. Durante esa época, tripuló un Mirage III, un Hawker Hunter y un Boeing 747, pero su meta era más ambiciosa: volar de forma natural, de manera que su cuerpo dirigiera la trayectoria. Luego de varios ensayos y de extenuantes entrenamientos, Rossy finalmente saltó a la fama el 26 de septiembre de 2008, cuando cruzó por primera vez el Canal de la Mancha con el aparato a propulsión. Ese día recorrió 35 kilómetros desde Calais, Francia, hasta Dover, Reino Unido, en tan solo diez minutos. Un año más tarde intentó sobrevolar el estrecho de Gibraltar, pero no corrió con la misma suerte. Pocos minutos después de partir de Marruecos cayó al océano Atlántico, pues las condiciones meteorológicas no lo favorecieron. Para evitar una tragedia, soltó las alas y activó el paracaídas de emergencia. "¡He perdido el control por lo menos unas 20 veces!", asegura.

Pero a pesar de los peligros que corre, 'el hombre jet' no siente miedo en el aire. "Estoy tan concentrado en que todo salga bien que ni siquiera me queda tiempo de disfrutar la vista", explicó hace unos años al periódico USA Today. Por lo pronto, su objetivo es crear unas alas más ligeras (el equipo que usa actualmente pesa 55 kilos) para prolongar el tiempo de vuelo y poder hacer piruetas más arriesgadas. Su sed de adrenalina es insaciable: "Ya tomé ese camino y no quiero dejarlo".
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