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| 10/17/1988 12:00:00 AM

El hombre más sexy del mundo

El hijo de Kennedy se acaba de ganar el título otorgado anualmente por la revista People.

El hombre más sexy del mundo, según la clasificación anual de la revista People, no es ni actor de cine, ni magnate, ni mucho menos escritor de géntero alguno. Se trata de un muchacho de 27 años, de figura atlética, mirada bondadosa y que por todo logro académico cuenta a su favor con un tercer año de derecho. Pero esos, que parecerían méritos magros para semejante título, parecen apenas apropiados si uno se llama John F. Kennedy Jr.
El niño de tres años que conmovió al mundo al cuadrarse en un saludo militar, al paso del ataúd de su padre asesinado, se ha convertido en un galán cuyo pecho hace suspirar a las quinceañeras de todo el país, hasta el punto de que, según los entendidos, si se tratara de una figura pública esa fascinación bien podría trascender las fronteras y hasta adentrarse en los dominios de la Perestroika. Pero no se trata de ninguna vedette, sino más bien de todo lo contrario. La revista People, autora de la singular clasificación, lo entronizó desenterrándolo de su apartamento de Manhattan, donde vive solo, rodeado de los lujos que cualquier otro en sus circunstancias podría disfrutar, bicicleta incluida. Pero a pesar de tratar de ser uno más de los muchachos, John F. Kennedy Jr. no puede, ni jamás podrá ser uno cualquiera.
No es del montón, ni siquiera en el seno de su familia, el clan más poderoso y atractivo del alto mundo norteamericano. Se dice que ha sido cortejado por una cadena de televisión para servir de entrevistador en un programa de opinión, pero ello produjo la férrea oposición de la familia, para la cual el hijo del presidente de los Estados Unidos no está --ni puede estar-- interesado en nada que suene a farándula. Para todos los efectos el chico es un estudiante de derecho "de tiempo completo" que está "siguiendo sus estudios muy seriamente".
Aunque su posición oficial sea la de "ciudadano privado", nadie puede desconocer que se trata de un personaje que llama poderosamente la atención dondequiera que los avatares de la vida lo coloquen. De hecho se trata de un miembro de esa raza de mortales que constituyen el plato fuerte de las revistas especializadas en los ricos y famosos, cuya punta de lanza son los famosos fotógrafos papparazzi.
Pero aun con ese seguimiento de los medios, el muchacho no es ni mucho menos un engreído, ni ha entrado en el mundo sofisticado del avant-garde norteamericano. Su conciencia social quedó demostrada --en las proporciones justas-- con el trabajo que le dedicó a una fundación de su tía Jean Kennedy llamada "Las Artes muy Especiales", dedicada a las personas con dificultades de aprendizaje. Pero donde su espontaneidad es clara es, precisamente, en la relación con sus infaltables papparazzi: se sabe que ha hecho buenas migas con ellos y que, al contrario de lo que sucede con su madre y su hermana, llega hasta disfrutar de su compañía.
Actor amateur desde sus años de bachillerato, sus veleidades de muchacho del montón no le quitan, sin embargo, su "toque de distinción".
No es, bajo ningún punto de vista, alguien que reniegue de su origen encopetado. Se cuenta que cuando no consiguió asiento en primera clase en un viaje a Palm Beach, compró dos en turismo --uno para él y otro para su guitarra. Hace sus ejercicios cotidianos en un lugar llamado Plus One Fitness Club, donde asiste sólo la crema capaz de pagar US$6 mil al año. Muchas de sus amigas y fiancées, como su novia la actriz Christina Haag, son muchachas del alto mundo, provenientes de su exclusiva University of Brown.
Rumbero sí es. Ninguno de los delegados a la convención demócrata --donde conmocionó a todo el mundo con un ramalazo de nostalgia al hacer la presentación de su tío Edward-- la pasó mejor, en un acto tradicionalmente caracterizado por un cierto aburrimiento. Fueron más de dos noches en que se le vio salir a la madrugada de Rupert's, un club nocturno local. Su bebida favorita, el tequila, indica a las claras su inclinación panamericanista, subconsciente a lo menos.
Cuando se trata del vestido, su estilo es de un mal gusto calculado, como el de muchos herederos del jet set norteamericano, salvo cuando escolta a su madre en algún acto oficial. Pero ese mal gusto no traspasa, como debe ser, los límites de la cancha de racquet ball. Allí, nadie puede parecer menos de lo que es.
No es, ni con mucho, un émulo de su padre y abuelo, legendarios "don juanes" que se caracterizaron por tener un amor en cada puerto. Solamente se le conocen en su vida unas cuantas novias, con cada una de las cuales tuvo relaciones estables y relativamente duraderas. No es que le falte tiempo, porque en la universidad donde estudia derecho --Standford--, no se le caracteriza como el mejor estudiante, sino como alguien que toma las cosas con calma. Por ello no es de extrañarse que ni su tío Edward tenga mayores esperanzas de que algún día quiera seguir los pasos de sus influyentes parientes. No es que no sea el más inteligente, ni que le falten cualidades. Lo que pasa es que, simplemente el muchacho de oro quiere ser uno más, aunque la vida le niegue ese dorado privilegio.--
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