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| 5/24/1993 12:00:00 AM

El hombre de la sierra

Juan Mayr, el colombiano que asumió la tarea de recuperar la Sierra Nevada de Santa Marta, recibió la semana pasada el llamado Nobel ambiental.

AUNQUE EL PAIS NO HA SIDO AJENO A los problemas ecológicos, nadie esperaba que un colombiano fuera destacado como uno de los ambientalistas más sobresalientes del mundo. Por eso, más de una persona se sorprendió con el anuncio de que Juan Mayr Maldonado, director y creador de la Fundación pro Sierra Nevada de Santa Marta, hacía parte de la lista de las siete personas galardonadas con el premio de la Fundación Goldman para el Medio Ambiente, distinción que se entrega cada año a una persona por continente, y que se considera el Nobel del sector.
Juan Mayr no es simplemente un enamorado de la naturaleza. Es un hombre de 40 años comprometido en cuerpo y alma con la protección del ecosistema de una de las reservas ecológicas más importantes del mundo, según la Unesco y la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). La Sierra Nevada de Santa Marta fue una región olvidada hasta los 70, cuando el descubrimiento de las ruinas de los asentamientos tayronas despertó el interés de científicos, guaqueros y curiosos. Desde entonces es un territorio social, política y ambientalmente crítico. Y a tratar de conservarlo se dedica Mayr desde hace 17 años.
Antes quiso hacer edificios, así que se matriculó en la facultad de arquitectura de la Universidad Piloto,pero se retiró a mitad de camino. También soñó con ser tenista profesional, deporte que no pasó de ser su pasatiempo favorito. Después se dedicó a la fotografía, y recorrió el país en busca de lugares de interés turístico para incluirlos en las publicaciones de su empresa editorial. En sus correrías se le despertó un interés especial por las zonas arqueológicas. Quizá por eso muchos lo recuerdan como ese hippie mechudo y barbudo, que aunque poco tenía que ver con la universidad, se paseaba todos los días por la facultad de antropología de Los Andes.
Un día recibió una invitación particular: convertirse en director de uno de los campamentos de estudiantes que, por turnos, se trasladaban a Ciudad Perdida para montar guardia contra los guaqueros. Y nada pesó tanto en su vida como esta experiencia, porque poco después tomó la decisión de radicarse en la Sierra y logró lo que ningún blanco había logrado hasta ese momento: la aceptación de los kogi, con quienes convivió dos años.
En ese momento Mayr se comprometió por completo con la causa, creó la Fundación Pro Sierra Nevada y se dedicó a conciliar los diversos intereses de los habitantes de la zona: logró comunicación con todas las comunidades de la región, estableció los CAC (Centros de Atención a la Comunidad), hizo que el Gobierno asimilara el concepto de unidad territorial para que se realice un trabajo integral de recuperación, y creó conciencia sobre la importancia de la Sierra, no sólo a nivel nacional sino del mundo. -
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