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| 2/4/2012 12:00:00 AM

El increíble Djokovic

En seis meses, Novak Djokovic pasó de ser un bromista al que nadie tomaba en serio en las canchas a ser el tenista número uno del mundo. La semana pasada derrotó a Rafael Nadal en la final más larga en la historia de los Grand Slam.

Cuando Novak Djokovic estaba cumpliendo 12 años, una ráfaga de explosiones interrumpió la celebración que le había preparado su familia. Las paredes se estremecieron y su casa quedó sumida en la oscuridad. Durante 78 días vio cómo los aviones de la Otan lanzaban misiles sobre Belgrado. "Por las noches me despertaba en mitad de un bombardeo, veía a mi mamá asustada y me ponía a rezar para que no nos pasara nada malo", recuerda. En medio de la guerra, el tenis lo mantuvo vivo. Las escuelas estaban cerradas y la mayoría de niños permanecían en los refugios, mientras él practicaba cinco horas al día en canchas improvisadas y edificios en ruinas. "De seguro ahí no van a volver a atacar, ya lo han destruido todo", le explicaba su entrenadora Jelena Gen

La extenista descubrió a Djokovic a los 8 años cuando lo vio en acción corriendo detrás de las bolas y desafiando a los niños que lo doblaban en edad. Ella se le acercó y le preguntó qué quería ser cuando grande. Sin dudarlo, Nole le respondió: "el número uno del mundo". El joven cumplió su palabra en julio del año pasado cuando le arrebató a Rafael Nadal su puesto en lo más alto del ranking de la ATP.

Ese duelo épico se repitió hace unos días y Djokovic nuevamente resultó vencedor. Necesitó cinco horas y 53 minutos para derrotar al español en la final del abierto de Australia, la más larga en la historia de los Grand Slam. Nole tenía en su contra un día menos de descanso, mientras que Nadal todavía cargaba con el fantasma de las seis finales perdidas frente al serbio. El partido estuvo parejo, pero Djokovic aguantó hasta el quinto set y se coronó campeón con una derecha letal.

Según el diario británico The Guardian, este triunfo, el quinto 'grande' de su carrera, "simboliza un cambio en el statu quo del tenis mundial". En los últimos años Roger Federer y Nadal se repartieron los grandes torneos . Djokovic llegó para acabar con esa hegemonía. Su resistencia y seguridad doblegaron la ferocidad de Rafa y la técnica de 'su majestad Federer'.

Nole rompe récords dentro y fuera de las canchas. En 2011 se convirtió en el primer jugador en superar la barrera de los 12 millones de dólares en ingresos anuales. En toda su carrera ha ganado cerca de 40 millones en premios, sin contar sus ingresos por ser la imagen de la marca italiana de ropa Sergio Tacchini y las raquetas Head, entre otras.

Vive en Montecarlo con su novia, Jelena Risti, una hermosa serbia que lo ha acompañado en los partidos desde hace más de cinco años. No es la única que lo apoya en el palco. Sus padres y sus dos hermanos también lo escoltan y no escatiman en aplausos, gritos, pancartas y hasta camisetas con su foto para animarlo. Incluso, en uno de los torneos fastidiaron tanto a Federer que les gritó: "¡Silencio!"

Cuando Nole empezó a jugar tenis a los 4 años, sus padres, instructores profesionales de esquí, no estaban convencidos. Querían que su primogénito se dedicara a algún deporte de invierno o al fútbol. Aun así Djokovic prefirió las raquetas y a los 13 años se fue de la casa para entrenar en una escuela profesional en Múnich. Ya mostraba un carácter fuerte y su talento prometía. La Federación Inglesa vio su potencial y llegó a ofrecerle la nacionalidad a cambio de que vistiera la camiseta británica en los Juegos Olímpicos. Él se negó, pues tenía un deber con la tierra que lo vio crecer.

Si algo ha caracterizado a Djokovic es su nacionalismo. Cuando Kosovo declaró su independencia de Serbia, en 2008, apareció en un video proyectado durante una marcha multitudinaria en el que repudiaba la iniciativa separatista. Según dijo, esa región era la cuna de sus ancestros y pertenecía a Serbia. Los manifestantes lo aplaudieron con euforia pero los albano-kosovares lo acusaron de traición y un grupo extremista lo amenazó de muerte.

Para los serbios, Nole es un héroe que no teme defender las causas de su patria. "Tiene un hambre insaciable de triunfo. Se empeñó en dejar atrás el horror de la guerra de los Balcanes y rescatar el orgullo serbio" -le dijo a SEMANA Simon Cambers, periodista deportivo del diario The Guardian-. Ahora todos sueñan con ser Djokovic".

Tal es su popularidad que el Banco Nacional de Serbia estudió la posibilidad de ilustrar los billetes de 2.000 dinares con su rostro. Nole está en la cima de su carrera, pero llegar a este punto no fue fácil. Primero tuvo que superar problemas como su alergia al polen y al polvo de ladrillo. Después, sus dificultades para respirar. Luego, su juego poco constante, su rechazo al gluten y su dificultad para adaptarse a una nueva raqueta. Djokovic era más conocido por sus excusas para detener los partidos y abandonar los campeonatos que por sus habilidades en el deporte blanco.

También era célebre por sus imitaciones de otros jugadores como Nadal, Federer y María Sharapova, que acabaron en la lista de los videos más vistos de YouTube. Su sentido del humor divertía a los espectadores pero incomodaba a sus rivales. Se dijo que sus bromas escondían debilidades emocionales. Ahora está más enfocado. Dejó de ser el payaso de las canchas para robarse el show con sus jugadas.

Ese cambio de actitud hizo parte de un giro de 180 grados que le dio a su vida para dejar de ser la sombra de las leyendas del tenis y reclamar el lugar que merecía entre los grandes. Modificó sus hábitos alimenticios y con la asesoría de un experto en medicina oriental desterró de su dieta las harinas, el azúcar, la sal y la grasa.

Además, se sometió a entrenamientos físicos extremos y variados: un día sube montañas en su bicicleta, al otro desafía la fuerza de un río en kayak, a veces boxea y también juega al golf, su otra pasión. Bajó de peso, se volvió más rápido y resistente, un tenista incansable con una flexibilidad descomunal, recuperaciones cinematográficas, un revés peligroso y una habilidad sorprendente para descifrar el juego de sus oponentes. "Le pega a la pelota con una facilidad impresionante, le imprime potencia sin hacer mucho esfuerzo, acorta los espacios y así no deja respirar al contrario. Es extremadamente inteligente, calcula cada paso", explicó a esta revista Sebastián Fest, presidente de la Asociación Internacional de Escritores de Tenis.

Ahora es súper-Djokovic y su próximo reto es el Roland Garros, el único Grand Slam que le falta por conquistar. También tiene en la mira el oro en los Olímpicos de Londres. Como él mismo dice: "Ahora sé que puedo ganarlo todo. ¿Por qué no?".
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