Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/04/03 00:00

El intocable

Teófilo Stevenson el gladiador del comunismo que nunca quiso enfrentarse a ningún gladiador del capitalismo.

El intocable

Hace siete meses se conoció la noticia. Teófilo Stevenson, el más grande boxeador aficionado de la historia, colgó los guantes en su querida Habana luego de una carrera en la que conquistó tres medallas de oro olímpicas y tres campeonatos mundiales aficionados. Ahora, cuando disfruta de un merecido descanso en la casa que la Revolución le regaló en Delicias, su pueblo natal, Stevenson recuerda sus momentos de gloria, su infancia, su amistad con Fidel Castro y los innumerables intentos de los promotores norteamericanos para convertirlo en profesional.
Su carrera comenzó, como en la mayoría de estos casos, fuera del ring. A los 12 años, mientras jugaba en el colegio, un profesor lo golpeó con una regla. El muchacho, ofendido por la burla de sus compañeros, derribó al profesor de un certero golpe y así inició una de las carreras deportivas más famosas y estelares. A los 17 años ganó el titulo cubano de los pesos pesados y en 1972, con apenas 21 años, ganó su primera medalla de oro olimpica en los Juegos de Munich.
A partir de ese momento, más de un promotor norteamericano puso sus ojos en este espigado moreno que noqueó a todos sus rivales en Alemania. La oferta no tardó en llegar y recién terminados los juegos, Stevenson fue tentado por un millón de dólares. La respuesta del cubano fue tajante: "No cambiaría al pueblo cubano por todos los dólares del mundo". Se convirtió en un héroe nacional y en un símbolo de la Revolución. Dos semanas después del episodio, en un discurso en la Plaza de la Revolución, Fidel Castro alabó el espíritu revolucionario de Teófilo Stevenson y lo puso como de ejemplo a sus compatriotas. Mientras tanto, para evitar que la voluntad revolucionaria del boxeador flaqueara, el gobierno le construyó en Delicias una completa casa de dos pisos, con patio trasero y cuarto para trofeos, y le regaló un automóvil Lada.
En los Juegos de Montreal, en 1986, el superastro repitió la hazaña. Con su segunda medalla de oro al cuello, y con su país convertido en toda una potencia del boxeo mundial aficionado, pasó a ser la presa más codiciada de los cazadores de estrellas. El famoso Don King, el promotor más famoso de boxeo mundial, tocó a las puertas del general panameño Omar Torrijos para que intercediera ante Fidel Castro. La oferta era de un millón de dólares, pero la ética revolucionaria no cedió a la tentación. Los contactos continuaron por todos los lados, hasta que el sueño estuvo a punto de hacerse realidad.
Mientras el gobierno cubano le regalaba una nueva casa, esta vez en La Habana, y le confería los honores dignos de todo un héroe revolucionario -Stevenson fue miembro suplente de la Asamblea Nacional Cubana entre 1976 y 1986- otro promotor cubano logró lo que sus rivales no consiguieron. Bob Arum, el gran rival de King en el mundo del boxeo, logró convencer a Castro de que permitiera realizar, por un millón de dólares, cinco peleas de exhibición, de tres rounds cada una, frente al campeón mundial Muhammed Alí. El proyecto se vino a pique cuando el Departamento del Tesoro Norteamericano vetó el negocio, como parte del embargo económico norteamericano que pesa sobre la isla.
Esa fue la última oportunidad que hubo para disfrutar de una de las peleas más añoradas por los amantes del boxeo. Ahora, mientras disfruta un trago de ron en su sala de trofeos, Stevenson recuerda esas anécdotas.
Mira regularmente los videos de peleas de Alí, George Foreman, Joe Frazier y "Sugar" Leonard, que según él, "le han enseñado muchas cosas". Afirma que de no ser por el boicoteo a los Juegos de Los Angeles y Seúl, hoy tendría cinco preseas doradas. Con dos matrimonios a cuestas, el gigante de ébano no se arrepiente de su decisión: "Tengo todo lo que necesito. Me siento feliz aquí. Claro que pienso en lo que habría sido mi vida como profesional, pero cuando veo todos los trofeos que he ganado y el amor que me ha dado el pueblo cubano, no me arrepiento de absolutamente nada".

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