Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/11/03 00:00

El Jordán, último capítulo

El bar más antiguo de Medellín está a punto de desaparecer. Sus dueños, la familia Burgos, han decidido terminar con una historia de más de un siglo.

La fachada del Jordán en la loma de Robledo en Medellín no ha cambiado desde hace 116 años.

Los visitantes del Jordán parecen estar enfermos de nostalgia. Como si los tangos que suenan en el piano todas las noches se mezclaran con los sentimientos y todos estuvieran a punto de llorar. Pero no es por las letras de Gardel, es la noticia del fin del bar más antiguo de Medellín. Sus dueños han decidido cerrar las puertas después de 116 años de vender aguardiente.

El Jordán está en la loma más famosa de Robledo. Un barrio cuya historia ha estado marcada por la de la familia Burgos, que llegó allí desde hace más de 150 años. Por ese mismo sector, al norte de Medellín, bajaban los arrieros en el siglo XIX que venían del occidente del país. Y, antes de ingresar al Valle de Aburrá, se apeaban en una casona antigua de paredes blancas, con más de 1.000 metros cuadrados de extensión, dos piscinas, una pesebrera para las bestias, 18 fogones y dos pianolas. El Jordán era una estación obligada de los antioqueños.

Hoy es una de las últimas reliquias arquitectónicas del sector. Está a punto de caerse y si no fuera por las mesas de cantina, el Jordán se podría confundir con un museo de la antioqueñidad. Carrieles, fotos de la Medellín de principios del siglo XX, radiolas, machetes, pinturas y retratos adornan las paredes que año tras año se descascaran más. La humedad se está comiendo cada esquina del bar, el techo está agrietado y a la decoración la cubren tres capas de polvo y suciedad.

Su administrador, Raúl Burgos, está enfermo y dice que ya no puede más. Ni con la vida ni con el Jordán. Él pertenece a la cuarta generación de los Burgos, su bisabuelo Rubén fundó el bar en 1891. Con mucha tristeza, dice él, ha tomado la decisión de retirarse del Jordán en diciembre y esa es, prácticamente, la partida de defunción del lugar. Hay constructoras al acecho y una de ellas ya hizo una primera oferta por casi 1.000 millones de pesos. La semana antepasada Comfama (caja de compensación) también realizó su oferta y la familia sabe que no será la última. Desde hace un año los dueños venían pensando en tomar la decisión, pero en 2007 el Jordán no ha hecho más que generar pérdidas.

"Cada vez que vengo me tomo mi aguardiente como si fuera el último", dice Ballardo Castaño, un vecino del barrio Robledo que cuando no tiene motivos para emborracharse, recuerda que el eterno Jordán está a punto de morir. Él siempre llega de día, después de las 4 de la tarde, no importa si es miércoles o sábado, entra, pide un trago y se sienta en la barra para conversar con Raúl, quien ante la crisis, además de administrador, hace de barman y mesero. Hubo épocas en la que tenía hasta 10 trabajadores. Hoy contratan un solo mesero los fines de semana.

Ballardo recuerda la época dorada. La gente pedía sus tragos desde la acera y esperaba a que alguna mesa quedara desocupada. Hubo momentos en los que el Jordán funcionaba las 24 horas y la caja fuerte tenía que ser desocupada dos veces al día. En los 80, por ejemplo, en un solo día se hacían más de dos millones de pesos. Hoy, de jueves a domingo, no alcanzan los 800.000 pesos.

No es coincidencia que la época dorada del Jordán coincida con los años en los que la tertulia política era una de las costumbres más arraigadas en las noches de Medellín. Justo a la entrada del bar, sobre el marco principal de la casa, se lee "más de 100 años de tertulia". Una frase que resume el verdadero propósito de la familia Burgos. Su fundador, Rubén Burgos, así lo concibió y en menos de 10 años el Jordán estaba convertido en el fortín político más importante de Medellín de principios del siglo pasado.

Cuando Rubén decidió retirarse de la administración del bar, su hijo Octavio tomó el mando y durante 60 años -hasta 1977- se convirtió en la verdadera cabeza del Jordán. Fue por él que los políticos más afamados del país que pasaban por Medellín buscaban organizar algún evento en el Jordán.

Ballardo recuerda al primer gran dirigente que conoció. Fue Carlos Lleras Restrepo en 1946. Ballardo tan sólo tenía 7 años de edad y pasaba por el Jordán todos los días para ir a su escuela. "Mi papá hizo que esto se convirtiera en una casa liberal -comenta Octavio Burgos, de 84 años- desde cuando empezó a administrar este negocio en los años 20 se encargó de que la gente también lo relacionara con la política… y no ha habido cacique liberal que no haya estado en el Jordán". Por sus mesas han pasado Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Pumarejo, Enrique Olaya Herrera y Álvaro Uribe.

Pero la crisis también hizo que la casa liberal se convierta en casa conservadora y ahora recién en casa pluripartidista, "ya no preguntamos por el partido, sólo por la chequera", dice Raúl y comenta que, a pesar de la crisis, en las elecciones pasadas algunos candidatos al Concejo acudieron al Jordán para hacer sus reuniones proselitistas." Ni me he enterado si salieron ganadores o no".

Las explicaciones que da la familia para cerrar el Jordán son varias. Algunos alegan que fue por culpa del nuevo túnel 'Juan Gómez Martínez' (que comunica con la Costa Atlántica), que ha hecho que la loma de Robledo, justo la que pasa al frente del Jordán, esté congestionada casi todo el día. Para poder tertuliar en el Jordán hay que meterse en la última mesa del lugar, la más escondida, donde no llegan los sonidos de los carros. Pero a la gente no le gusta tan adentro y se va para un bar distinto.

Octavio dice que si su hermano, Aníbal Burgos, estuviera vivo y administrando el Jordán, él no lo dejaría acabar. Pero lo mataron unos sicarios en 1991, en una época difícil para Medellín, mientras defendía a unos clientes. Ha sido el único muerto del Jordán y el único que habría podido salvarlo, según su hermano.

Pero ahora, en plena agonía, ya no importan las explicaciones ni los tangos que hacen llorar a los clientes. La decisión está tomada. Lo más seguro es que en 2008 ya no exista el Jordán y su nombre sea utilizado para una nueva urbanización, un centro comercial o un supermercado. No se sabe aún. La nostalgia sigue mandando en la familia y en las generaciones que tuvieron este lugar, el primer bar de Medellín, como un símbolo político y cultural de la ciudad. Un espacio para el aguardiente y la buena tertulia.

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