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| 1/26/2013 12:00:00 AM

El lado oscuro en el ballet

Sobre el escenario, el ‘ballet’ exhibe belleza y armonía. Sin embargo, el ataque que sufrió Sergei Filin, director del Teatro Bolshói en Rusia, confirma que tras bambalinas el ambiente puede ser siniestro.

En la película El cisne negro la bailarina Nina Sayers, caracterizada por Natalie Portman, interpreta como nunca El lago de los cisnes y, al final, todos sus compañeros la felicitan, el público se deshace en aplausos y el director no cabe de la dicha. Pero en su interior ella está destruida. Su obsesión para llegar a ser la prima ballerina la enfrentó con las absurdas presiones psicológicas de sus competidoras, que la llevaron en más de una ocasión a herirse a sí misma en los brazos y la espalda. La sensación al terminar la película es que el mundo del ballet está lleno de traiciones, celos extremos y una competencia feroz que no se detiene ante nada.

La cinta se queda corta, pues en la vida real es mucho peor y Sergei Filin lo sabe. El director artístico del Teatro ?Bolshói, el más antiguo y prestigioso de Rusia, es la nueva víctima de esta situación. Cuando comenzó a recibir amenazas, le pincharon las llantas del carro y le hackearon su cuenta de Facebook, no imaginaba hasta dónde llegarían sus enemigos. El horror alcanzó su punto máximo cuando un encapuchado lo atacó con ácido la semana pasada. Aunque los motivos todavía no están claros, todo parece indicar que celos profesionales o la lucha por un papel protagónico motivaron al agresor a lanzar el líquido que dejó a Filin en el hospital al borde de la ceguera. 

“Quedé muy impactada. Sergei no es un político poderoso, ni un hombre acaudalado, ni un criminal. Es un director artístico. Todavía no lo puedo creer” dijo en un comunicado de prensa Anastasia Volochkova, exintegrante del teatro. Sin embargo, aunque es la primera vez que las amenazas tienen repercusiones tan graves, para la artista no son nuevas. “Hace diez años me pasó a mí. Me despidieron porque supuestamente estaba gorda. Yo demandé y empezaron los problemas. Unos hombres me intimidaron con cuchillos y atacaron a los compañeros de baile que me apoyaron”, añade. 

Esas discordias vienen de tiempo atrás en el Bolshói y hay historias de zapatillas rellenas de vidrio o de gatos y escobas lanzados en medio de las audiciones para desconcentrar a los bailarines. En 1995 Yuri Grigorovich, quien dirigió el teatro durante tres décadas, se vio forzado a retirarse. Muchos permanecieron leales a su escuela, y empezaron a hacerles la vida imposible a los reemplazos que venían con ideas de cambio. En 18 años han pasado siete directores y ninguno ha durado más de cuatro años. “Hay un gran antagonismo político entre los reformistas y los de la vieja guardia que creen que su forma de hacer ‘ballet’ representa el verdadero espíritu del Bolshói”, dijo a SEMANA Judith MacKrell, crítica de danza de The Guardian. 

Aunque las apuestas modernizadoras del director Alexei Ratmansky se ganaron el aplauso de la crítica y revitalizaron la compañía en 2004, no duró mucho en el cargo. Sin duda, el incesante juego de poder lo agotó, pero el factor determinante es que no se sentía seguro. No solo abandonó el teatro, sino que se fue de Rusia. Gennady Yanin, otro vanguardista, tuvo que renunciar, extorsionado con publicar unas fotos comprometedoras. Filin llegó en 2011 y muchos creyeron que vendría un periodo de reconciliación. Pero pasó el tiempo, no cedió ante las presiones de los más poderosos y finalmente sufrió las consecuencias más violentas en la historia del teatro. Lo peor es que la Justicia no ha dado con los responsables de ningún caso. 

A Filin le esperan seis meses de cirugías para recuperar su visión. Mientras está ausente designó a Galina Stepanenko, una bailarina de la compañía, para que asuma sus funciones. Pero ella tampoco está exenta de recibir amenazas como las que le enviaron a un director de ópera del Bolshói en año nuevo: “Feliz 2013. Esta vez sí te daremos una buena paliza. Cuídate”.
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