Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/08/22 00:00

El ladrón seductor

John Dillinger fue el criminal más famoso de Estados Unidos en los años 30. Su habilidad para escapar del FBI y sus espectaculares robos son el tema de la película 'Enemigos Públicos', que se acaba de estrenar en Colombia.

Por sus robos y sus fugas, Dillinger fue declarado el enemigo público número 1 en Estados Unidos

John Dillinger ya era famoso, pero se convirtió en una verdadera leyenda cuando consumó una fuga increíble. Armado con una pistola de madera, amenazó en marzo de 1934 al guardia que lo vigilaba en una cárcel en Indiana. Al salir de su celda tomó armas verdaderas, cruzó las seis puertas de seguridad y escapó en el carro de la sheriff. La vergüenza de las autoridades, que sostenían que era una cárcel inexpugnable, no tenía límites.

Dillinger era el arquetipo del criminal popular, perseguido por la prensa, las mujeres y la Policía de varios estados. Al ser internado en la cárcel de la que escapó, alrededor de 2.000 personas fueron a verlo y hasta la sheriff y el fiscal posaron con él en una foto. Pero "su fuga con el arma de mentiras hizo que pasara de ladrón notorio a toda una celebridad", explicó a SEMANA William Helmer, coautor de Dillinger: The Untold Story. El asaltante se convirtió así en un personaje casi tan reconocido como el presidente Franklin Delano Roosevelt, el aviador Charles Lindbergh o el beisbolista Babe Ruth, y todavía hoy genera fascinación. Prueba de ello es que hay una sociedad de fanáticos, un museo en su honor y que subastas recientes de sus objetos recogieron hasta 10 veces más de lo esperado. Además, la nueva película de Michael Mann, Enemigos Públicos, que se acaba de estrenar en Colombia, narra los últimos 13 meses de Dillinger y cuenta con un elenco de lujo: Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard.

Dillinger robó una docena de bancos, cuatro estaciones de gasolina, y su banda mató a 10 personas, pero sus crímenes, para el común de la gente, pasaron a un segundo plano. "Él se diferenció de sus contemporáneos en que robaba de forma colorida y con mucha imaginación", dijo Rick Mattix, quien escribió un manual sobre los criminales de la época. "Era amable con los empleados de los bancos, coqueteaba con las cajeras y era atento con los rehenes", que le servían de escudo humano para escapar en los autos más veloces. Aunque era un ladrón, también era un caballero, se preocupaba por evitar balaceras innecesarias y procuraba que sus cómplices no asesinaran civiles.

Cometió su primer delito en 1924, cuando a los 21 años asaltó una tienda de abarrotes en su pueblo natal, Moorsville, Indiana. Pasó casi un decenio en la cárcel y salió convertido en un criminal decidido a todo. Pronto fue calificado como una mezcla del mago Houdini, por sus fugas milagrosas, y Robin Hood, pues robaba a los bancos y desafiaba al Estado. Para los norteamericanos, que habían perdido todo en la gran depresión económica, era considerado un héroe cualquiera que humillara a las autoridades, presuntamente las responsables del desastre.

El incipiente FBI -adquirió ese nombre en 1935- entendió muy pronto que podía sacar provecho de ese asaltante que despertaba pasiones, para convertir la rudimentaria y poco preparada agencia en una verdadera fuerza policial, capaz de hacer frente a la ola de crímenes que preocupaba a Roosevelt. Su director, J. Edgar Hoover, se obsesionó con atrapar a Dillinger, considerado el enemigo público número 1, y hasta guardó en su oficina una máscara del criminal como recordatorio.

Pero no fue fácil dar con él. Dillinger hizo todo lo posible por permanecer libre y algunas historias cuentan que incluso se operó clandestinamente para cambiar su apariencia y eliminar sus huellas dactilares. En opinión de Elliott Gorn, quien investiga en la Universidad de Brown sobre la historia de la violencia en Estados Unidos, "no hay duda de que Hoover se sentía humillado por la habilidad de Dillinger para seguir robando bancos, para fugarse de la prisión, para salir airoso de las balaceras con los agentes". El episodio más impresionante ocurrió en la posada Little Bohemia, Wisconsin, donde milagrosamente evadió los disparos de los agentes y se escabulló en los bosques de la zona. Fue uno de los fracasos más sonados en la historia del FBI, pues no sólo no logró el cometido de capturar a Dillinger, sino que además mató por accidente a un civil y sufrió la pérdida de un policía.

Pero el 22 de julio de 1934 la suerte abandonó al bandido legendario. El destino fatal lo alcanzó por su flanco más débil: las mujeres. En esos días, el amor de su vida, Billie Frechette, permanecía en prisión, acusada de conspirar a favor de su novio. Una noche accedió a ir al cine con Anna Sage, la dueña de un prostíbulo, y con una jovencita con quien salía. No sabía que Anna era informante y había advertido al FBI. Les había dicho que iría con un vestido naranja, para que lo identificaran más fácilmente. Poco después de las 10:30 de la noche, ella se apartó del hombre, y varios disparos sonaron frente al teatro Biograph, en Chicago. A los 31 años, Dillinger estaba muerto. Acababa de ver Manhattan Melodrama, en la que Clark Gable interpretaba a un gángster sentenciado a muerte por sus crímenes.

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