Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/05/14 00:00

EL LEGADO DE RYAN

La lucha de un niño que murio de sida puso a los gringos a ver esta enfermedad con otros ojos.

EL LEGADO DE RYAN

A unque el protagonista murio, la controversia esta viva. En efecto, el pasado 8 de abril se conoció la noticia de la muerte del joven Ryan White, de apenas 18 años, a causa de una insuficiencia respiratoria provocada por el Sindrome de Inmunodeficiencia Adquirida, SIDA.

Ryan, un niño enfermo de hemofilia, debio someterse a una transfusión de sangre en el invierno de 1984. La sangre estaba infectada y a las pocas semanas se conoció el dramático diagnóstico: Ryan era victima del sida. A partir de ese momento Ryan White y su familia se convirtieron en protagonistas de un drama que conmovio a los Estados Unidos y que termino el pasado domingo 8, pero que ha dejado secuelas imborrables para la sociedad norteamericana.

Tan pronto se conoció la noticia de su contagio, el niño fue objeto de todo tipo de segregación por parte de la comunidad e incluso se le prohibio durante un tiempo la asistencia a su escuela, la Western Middle School, en cercanias de Kokomo, en el estado de Indiana. En un comienzo se le nego el derecho a utilizar el bus escolar y debia hacer el trayecto de más de ocho kilometros hasta la escuela en el carro de su madre. Luego se le nego la entrada del todo y Ryan se vio obligado a seguir las clases desde su dormitorio, gracias a un telefono que lo conectaba con el aula. Los medios de comunicacion no tardaron en darle gran despliegue al caso y en todo el país se dividieron las opiniones.
Mientras muchos opinaban que al muchacho no se le debia negar el derecho a la educación, consagrado en la Constitución de los Estados Unidos, otros opinaban que no se podia someter al resto de estudiantes al riesgo de contraer la mortal enfermedad.
Los noticieros de television mostraron a alumnos de secundaria marchando con carteles en los que pedian que no se aceptara en las escuelas a estudiantes con sida.

El asunto se torno en una discusion juridica de grandes proporciones, que al final le permitio a Ryan regresar a los salones de clase. Pero la comunidad de Kokomo ya la habia emprendido del todo contra el niño y su familia. A través de programas de radio, la gente se referia a Ryan en terminos desobligantes, en varias ocasiones aparecieron pinchadas las llantas del carro de la familia y, finalmente, alguien disparo contra el frente de la casa de los White, lo que los decidió en 1987 a marcharse para otro pueblo, Cicero, a 40 kilometros de Kokomo.

Para ese entonces, la vida de Ryan era todo un infierno. Aparte de las complicaciones normales de su enfermedad o más bien, de sus enfermedades, la presión a que fue sometido por la segregación menguo su animo de manera profunda. Como el mismo niño lo dijo en una entrevista, al llegar a Cicero esperaba lo peor.
Pero la gente resulto ser muy amable conmigo y eso me hizo ver que hay mucha gente buena. Se trataba de que el niño tuviera una vida lo más normal posible. Regreso a la escuela y demostro que el sida no le impedia ser un estudiante juicioso y tan eficiente como sus compañeritos sanos. La televisión registro su regreso a los sanos y se le vio solucionando problemas de raiz cuadrada, era un as para las matematicas. Mientras tanto, su madre separada hacia más de diez años estaba sin empleo, debia pagar cerca de 10 mil dolares anuales por el tratamiento de Ryan y no habia logrado vender la casa de Kokomo.

A primera vista parecia un niño normal. Su estatura era la indicada para su edad, pero comenzo a perder peso. Las crisis respiratorias se hicieron más frecuentes y en 1988 una neumonia estuvo a punto de acabar con su vida. A pesar de que recien contraida la enfermedad los medicos le dieron seis meses de vida, Ryan aguanto todo lo que pudo. Una vez ubicado en Cicero, el niño emprendio toda una cruzada a lo largo y ancho de los Estados Unidos para explicar su caso y conseguir que la gente entendiera que un enfermo de sida no puede ser discriminado, tiene derechos como cualquier otro y no debe ser visto como un ser extraño. Hablo con políticos, con artistas, con religiosos. El vicepresidente Dan Quayle y el senador Edward Kennedy son so lo dos de los personajes que ayudaron a Ryan y, hace algunas semanas, el presidente George Bush planto un arbol en Indianapolis, en honor de Ryan. Pero tal vez fueron sus charlas con los niños las que más conmovieron a la opinion publica. Es más, el mismo Ryan preferia hablar con los niños porque "no tienen inconveniente en hacer preguntas que los adultos temen hacer". En alguna ocasion, un niño le preguntó si no le daba miedo tener tan cerca la muerte y Ryan le contestó "Algún día tu morirás también. Las cosas siempre pueden ser peores". Pero, en realidad, lo que más le gustaba de acercarse a los niños era que, a diferencia de lo que le sucedia con los adultos, no lo trataban como a un retardado mental.
Gracias a esta labor, Ryan logro convencer a buena parte de los norteamericanos de que, a pesar de ser una enfermedad mortal, los afectados por el sida pueden llevar durante un buen tiempo una vida normal y de que los contactos casuales no implican un peligro para la transmisión del mal.

La campaña adelantada por Ryan dio frutos y la opinion publica comenzo a ver el problema con otros ojos. Para los White, la solidaridad que desperto el caso se concreto en ayudas economicas por parte de varias empresas y en respaldo de figuras del deporte y la musica, como el nadador y medallista olimpico Greg Louganis, quien declaro que Ryan era su maximo heroe luego de entrevistarse con el. Algo similar ocurrio con el pianista y cantante ingles Elton John, quien apoyo economicamente a la familia y acompaño a Ryan en el hospital hasta el día de su muerte. Hasta los esposos Reagan lo visitaron hace algunas semanas para expresarle su solidaridad. Pero, a otro nivel, la campaña redundo en una controversia nacional en defensa de la infancia afectada por el sida. Se esta estudiando, por parte de algunos miembros del Congreso, la posibilidad de presentar un proyecto de ley en el que se impongan sanciones a las madres que expongan a sus hijos al fatal contagio. Esto es especialmente dramatico en el caso de madres drogadictas, que han adquirido el mal al inyectarse con agujas contaminadas, o que mantienen una vida sexual promiscua. Para el problema de las transfusiones de sangre, es ya una obligación que a toda muestra se le haga la prueba para saber si esta o no contaminada.

Y este es tal vez el legado más grande que dejó Ryan. Una preocupación general por los cientos de niños, victimas inocentes del sida, que día a día llenan los hospitales de los Estados Unidos.

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