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| 6/27/2004 12:00:00 AM

El libro de Clinton

A pesar de la mala crítica, las memorias del ex presidente de Estados Unidos se venden como pan caliente.

Toda mi vida soñé con escribir un gran libro. No sé si este lo sea, pero de lo que sí estoy seguro es de que es una gran historia". Con estas palabras, algo modestas, Bill Clinton presentó su autobiografía My Life (Mi vida). El revuelo que ha causado la obra parecería darle la razón. El lunes 21 de junio antes de la media noche, cientos de fans, lectores furibundos o simplemente curiosos se agolparon a la entrada de la librería Barnes & Nobles, en el Rockefeller Center de Nueva York, para al día siguiente poder ver al ex presidente firmar libros. Unos amanecieron en sus sacos de dormir mientras otros esperaban en la acera. Por si fuera poco, las órdenes de compra antes del lanzamiento superaban los dos millones de ejemplares cuando la impresión inicial de la editorial Alfred A. Knopf fue de 1,5 millones de copias, de por sí una cifra extraordinaria. El resultado más revelador es que solo el primer día logró vender más de 400.000 libros en Estados Unidos, un récord histórico para un libro que no es de ficción, el doble que Living history, de su esposa la senadora Hillary Rodham Clinton.

Al parecer sí es una historia atrayente pero no un gran libro porque esta euforia va en contravía de la crítica, que no ha sido muy favorable para Clinton. De "soso, autoindulgente y a veces aburrido" calificó el texto Michiko

Kakutani en The New York

Times, aunque reconoce que su "don de la palabra, su erudición y su encanto" son eficaces a la hora de vender. "Cualquiera que compre el libro para pasar un fin de semana va a decepcionarse como Monica

Lewinsky", sentenció el periódico The Times de Londres. Pero el personaje resulta tan atractivo y la orgía publicitaria, con el autor paseándose por todos los programas de entrevistas, ha sido tal que las ventas se dispararon a pesar de los malos comentarios.

Muchos se refieren a My Life como un diario demasiado detallado. No puede decirse otra cosa de un libro de 957 páginas que gasta más de 100 en la infancia del protagonista, quizás el fragmento más emotivo del libro. Clinton se describe a sí mismo en esta etapa de su vida como un "joven regordete" y acomplejado. Su padre, William Jefferson Blythe, murió en un accidente automovilístico en mayo de 1946, tres meses antes de que él naciera. Bill creció en un hogar lleno de violencia pues su madre se casó con

Roger Clinton, un hombre alcohólico que la maltrataba y de quien recibió su apellido. Cuando el niño cumplió 14 años no pudo soportar más los abusos de su padrastro y un día blandió un taco de golf contra el hombre y lo amenazó si no dejaba de golpear a su mamá. Clinton considera que su niñez fue tan dura que la utiliza para explicar algunas de sus acciones posteriores. Exteriormente trataba de verse como un niño feliz, pero en su interior era una persona afligida e insegura. Su teoría es que siempre mantuvo una "vida paralela" pero sólo se daría cuenta de ello años más tarde, gracias a la terapia de familia que le hizo comprender que la actitud de su padrastro había creado en él una necesidad de guardar secretos y "tener un comportamiento autodestructivo".

Según él, esta sería la razón de sus infidelidades, una excusa no muy convincente aunque original, que se convierte en uno de los atractivos del libro. Para muchos el ex presidente es más franco de lo que se esperaba sobre su relación con Mónica

Lewinsky. Sin embargo no se detiene a explicar lo que sucedió sino que más bien ahonda en lo difícil que fue para su esposa Hillary, para su hija Chelsea y para su gobierno. Relata que el primer "encuentro inapropiado" fue a principios de 1996, y que en la primavera de 1997 le dijo a la becaria de la Casa Blanca sque "la relación era mala para mí, mala para mi familia y mala para ella", por lo que "no lo hice más". Respecto a su silencio, asegura que no quería ayudar a "criminalizar su vida personal" y dice: "Sólo estaba tratando de proteger a mi familia y a mí mismo de mi propia estupidez". Relata que decidió contarle todo a Hillary cuando el escándalo iba a estallar. Un sábado por la mañana despertó a su esposa y le confesó lo que había hecho. "Ella me miró como si la hubiera golpeado en las entrañas". Escribe que durante varios meses tuvo que dormir solo en un sofá y para colmo de males, ni ella ni su hija le hablaban. Fue entonces cuando acudieron a la asesoría matrimonial: "Yo tenía dos batallas titánicas: una pública con el Congreso sobre el futuro del país y una privada para mantener mis 'viejos demonios' al margen".

En cuanto a Paula Jones, la empleada de un hotel que lo acusó de acosarla sexualmente, niega todos los hechos de una manera poco convincente, por lo que en el libro el episodio termina siendo su versión contra la de ella. Además vale la pena recordar que Clinton le pagó 800.000 dólares para que Jones retirara las acusaciones.

En sus páginas también se refiere al suicidio de su gran amigo y asesor de la Casa Blanca Vince Foster luego de que un editorial del Wall Street Journal criticó su labor. Clinton cuenta que la noche antes de su muerte lo llamó para animarlo y culpa a la derecha de haberlo presionado en exceso, pero omite todo detalle sobre los rumores según los cuales Foster habría sido amante de Hillary.

Si alguien esperaba que Clinton fuera el villano de su propia historia se quedó con las ganas. En este libro el malo del paseo es Kenneth Starr, el fiscal especial para todos los escándalos del presidente. Asegura que así como en el caso de Whitewater, el problema de especulación de tierras en Arkansas que involucraba a Clinton cuando fue gobernador, la mayoría de sus acusaciones carecían de fundamento y da su versión nuevamente sobre una conspiración de la derecha. "Starr se gastó 75 millones de dólares de los contribuyentes para llegar a la conclusión de que yo era un pecador. Eso lo hubiera podido averiguar gratis sin problema", dijo Clinton en una reciente entrevista refiriéndose con ironía a la actuación de Starr en el caso Lewinsky.

El autor aprovecha el espacio para reclamar méritos por la prosperidad económica que dio su gobierno a Estados Unidos, al igual que menciona sus esfuerzos para lograr la negociación de un acuerdo de paz en el Medio Oriente. También hace alarde de su lucha contra el terrorismo después de las bombas de Al Qaeda a la embajada norteamericana en Tanzania y Kenia. En sus memorias cuenta que cuando George W. Bush fue elegido presidente le advirtió que debía luchar por capturar a Osama Ben Laden, una versión que muchos críticos consideran acomodada, con la que sólo busca contrastarse con su sucesor, pues creen que

Clinton no le hubiera dado tanto despliegue al tema de no ser porque escribió el libro después de los ataques del 11 de septiembre.

Y mientras hay exceso de detalle en sus viajes y reuniones, omite el fracaso de

Hillary en sus iniciativas de salud, aunque sí resalta su carrera y sus méritos, algo que inevitablemente se interpreta como un apoyo a las aspiraciones presidenciales de su esposa.

Entre gustos no hay disgustos. Prueba de ello es que Dan Rather, en su programa de televisión 60 Minutos, comparó My Life con las memorias de Ulysses S. Grant, considerada la mejor autobiografía de un presidente norteamericano. Al mismo tiempo otros criticaban el libro argumentando que debería llamarse My Lie (Mi mentira). La revista Newsweek dice que el libro es como su autor: "Complejo, matizado y a veces desesperante". Pero eso sí, siempre taquillero.
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