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| 4/20/2014 6:00:00 AM

El libro que devela el escandaloso mundo de las estrellas de rock

Las estrellas de rock son tan conocidas por su música como por su afición a las drogas y el desastre. Un nuevo libro cuenta los más insólitos episodios protagonizados por los grandes del género detrás de los escenarios.

Torres de cocaína, litros de alcohol y cientos de groupies ayudaron a forjar la reputación de Led Zeppelin como una de las bandas de rock más desastrosas de los años setenta. La leyenda cuenta que solían reservar hasta seis pisos del hotel Andaz West Hollywood, en Los Ángeles, para sus fiestas. También se dice que una vez hicieron carreras en moto por los pasillos. En una ocasión el conserje le reclamó furioso a Peter Grant, el mánager del grupo, que los chicos hubieran lanzado televisores a la piscina. Grant simplemente sacó un fajo de billetes y le pagó al conserje por los daños: “Tome, tire un televisor usted también, nosotros pagamos”, le dijo. 

El argentino Sergio Marchi cuenta esta anécdota en su libro Room Service. Tras 30 años como periodista cultural, Marchi conoció tan a fondo el comportamiento errático de los músicos como para tratar de explicarlo. “El estereotipo de la estrella de rock parece conformarse de acuerdo con un patrón oculto que en un buen porcentaje de los casos desemboca en tragedia. ¿Qué es lo que lo hace funcionar?”, se pregunta en su libro. La respuesta tiene que ver con las drogas que suelen acompañar al estrellato y el difícil proceso de hacerse famoso sin perder la cabeza. 

En Room Service Marchi trata de dar una explicación más amplia a través de anécdotas de los grandes del género y de entrevistas con algunos de ellos, como David Bowie, y con reconocidos mánagers como Miles Copeland, representante de The Police. El argentino tardó 15 años en terminar el libro, pues alrededor de las estrellas de rock se han tejido todo tipo de leyendas y confrontar las distintas versiones le tomó bastante tiempo. “Podía pasar seis horas investigando un solo detalle. Y en eso te das cuenta de que la ficción se queda chica porque con estos tipos la realidad es mucho más loca”. 

Sobre Charly García, uno de los más famosos y escandalosos músicos argentinos, también escribió un capítulo. En honor a su canción Demoliendo hoteles, Charly ha destrozado cientos de habitaciones desde que comenzó su carrera en los setenta. En 2000 se lanzó del noveno piso de un hotel a una piscina y ocho años después, también en la provincia de Mendoza, destrozó su habitación y corrió desnudo por los pasillos reventando todo con un extintor. Fue tan grave que la Policía tuvo que llevárselo amarrado a una camilla y su familia lo internó en un centro de rehabilitación. 

Marchi publicó su biografía oficial en los noventa y cuenta que esa experiencia lo impulsó a hacer este proyecto. Entre los cientos de locuras que vivió con él, recuerda particularmente una vez que lo nombró mánager: “Yo le dije: ‘Charly, yo no sé de negocios, no puedo’. Él llevaba tres días sin dormir, estaba desnudo y tenía el pelo teñido de rubio. Me insistió y le dije que sí. Entonces le pedí que se fuera a dormir mientras yo cancelaba sus compromisos. ¿Sabe qué me contestó?: ‘¡Estás despedido!’”. 

Las drogas tienen un papel protagónico en la vida de estos hombres y están detrás de sus peores actos. Keith Richards, guitarrista de The Rolling Stones, no podía vivir sin la heroína. Cuando la banda estaba de gira Richards pasaba las inspecciones de los aeropuertos con al menos una aguja escondida en su sombrero. Al salir, se iba directo a una juguetería y despilfarraba cientos de dólares en tonterías, entre las que siempre había un kit de doctor que traía una jeringa de juguete. En el hotel pedía un café tan solo para robarse la cucharilla y usarla para preparar la droga. Pero en medio de todo, el guitarrista intentaba no drogarse y tener una sobredosis en cualquier lugar: “Ponerse azul en un baño ajeno es el colmo de la mala educación”, solía decir. 

Steven Tyler, el excéntrico cantante de Aerosmith, también fue amante de las drogas. Una vez, bajo su efecto, se subió desnudo al ascensor de un hotel con una mujer y cuando las puertas se abrieron en el lobby, una anonadada familia amish los encontró besándose. El shock, sin embargo, no impidió que uno de ellos le pidiera un autógrafo a Tyler. Para grabar su álbum Draw the Line, Aerosmith se recluyó en un convento en Armonk, Nueva York, donde su adicción llegó al más alto nivel. El cantante escondía líneas de cocaína en todos los rincones del lugar, por si acaso se le acababa su provisión. Pronto descubrió que alguien las estaba consumiendo a escondidas, por lo que las sustituyó con yeso de una pared: cuando el ladrón la esnifó dio un alarido de dolor que lo delató inmediatamente. 

“Keith Moon es el más desquiciado de todos los roqueros”, asegura Marchi, por lo que le dedicó el primer capítulo del libro. Al baterista de The Who le decían Moon the Loon (el loco), y como los chicos de Led Zeppelin, era aficionado a destrozar las habitaciones de hotel y lanzar los muebles por la ventana. Cuando cumplió 20 años celebró como si fueran 21 –la edad legal para beber– y esa noche tanto su carro como su torta de cumpleaños terminaron en la piscina. 

Pero lo que realmente disfrutaba era volar cosas con dinamita. En una ocasión, el gerente de un hotel le pidió que bajara el volumen de la música porque estaba haciendo mucho ruido. Moon fue al baño, puso explosivos en el inodoro, y cuando estallaron, le dijo: “Eso sí es ruido”. El propio John Lennon daba fe de los excesos de Moon, con quien trabajó en algunas canciones a finales de los sesenta. En una carta que se subastó recientemente el Beatle se queja de que el baterista hubiera meado la consola del estudio de grabación y dice que se niega a ocuparse “de estrellas de rock ya adultas”. 

En total 25 capítulos forman este libro lleno de anécdotas de destrozos y locuras. Porque el rock no es solo un género musical, sino un estilo de vida. Y estas grandes estrellas se inmortalizaron tanto por sus exitosas canciones como por sus desmadres en escena. Para quienes sienten curiosidad por las hazañas de sus ídolos a puerta cerrada, Room Service abre al menos una ventana a todo lo que sucede en el backstage. 
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