Viernes, 20 de enero de 2017

| 2009/10/10 00:00

El 'loco' que persiguió a Gabo

Durante casi dos décadas Gerald Martin siguió los pasos del Nobel para escribir su biografía, que se lanza esta semana en español. Esta es la historia detrás de la historia.

Martin terminó su trabajo en 2007 durante el homenaje a Gabo por sus 80 años, por el aniversario 40 de ‘Cien años de Soledad’, y los 25 años del premio Nobel. “Me pareció un momento mágico y encontré un final feliz”

Gerald Martin no había acabado de firmar un contrato para escribir la biografía de Gabriel García Márquez cuando tuvo su primer tropiezo. "No creo que tú puedas ser mi biógrafo", le dijo al académico inglés, quien la tarde anterior, después de un encuentro en La Habana, en medio de whiskies y una conversación amena, había quedado con la sensación de que tendría su aprobación para el proyecto. "Anoche estuve viajando por los laberintos de la literatura latinoamericana y he leído lo que escribiste sobre 'El otoño del patriarca'. Pienso que si no comprendes ese libro, que es como mi retrato, estás jodido. Si no te gusta, yo no te gusto", le sentenció. El episodio ocurrió en diciembre de 1990 y el escritor se refería a Journeys Through the Labyrinth (Viajes en el laberinto), una publicación en la que Martin criticaba la posición política de la novela."Pero a mi esposa sí le gustó", fue lo único que se le ocurrió decir para superar el momento.

García Márquez ya le había dejado claro que las biografías eran para los muertos y que le "daba flojera". Finalmente, y sin soltar un "sí", le advirtió: "No me hagas trabajar". Casi dos décadas después, esta semana será presentada en español Gabriel García Márquez, una vida, que convierte a Martin en el "biógrafo oficialmente tolerado de Gabo". Y es que lo suyo no fue una biografía autorizada: "Él no me pidió que la escribiera, de hecho, la idea nunca lo entusiasmó y fui yo quien invadió su casa", explicó Martin a SEMANA. Sin embargo, confiesa que se emocionó cuando en 2006, ante una pregunta del periódico barcelonés La Vanguardia, quizá para evitar que sus problemas de memoria le jugaran una mala pasada, el escritor respondió que "para eso está mi biógrafo oficial, el inglés... Gerald Martin, quien por cierto ya debería haber publicado el libro, yo creo que está esperando a que me pase algo".

Martin revela que al principio pensó que terminaría el libro antes y que firmó un contrato para entregarlo en 1994. "Habría sido superficial publicar lo que ya se ha dicho. Dediqué un cuarto de mi vida a la de Gabo porque valía la pena. Él es tan emblemático de su continente, que a través suyo he profundizado en mi mayor pasión: América Latina". Y agrega con su sarcasmo inglés: "Pero, ante todo ¿por qué iba a querer terminar un trabajo tan maravilloso?".

Todo comenzó en 1968 con Cien años de soledad, que era la sensación en México, donde Martin estudiaba, y se convirtió en la primera obra que enseñaría en su cátedra de literatura latinoamericana. Unos 20 años más tarde, después de varias publicaciones, su editor le pidió escribir algo menos académico y le propuso la biografía. Para entonces Gerald había visitado escasamente Bogotá una vez. Pero en este camino su primera parada fue Cuba, pues sabía que el Nobel acostumbraba asistir al Festival de cine de La Habana. "Alguien me dijo que la manera de llegar a él era a través de una mujer, y así fue". Alquimia Peña, la directora de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, organizó el encuentro. "No tuvo otra opción porque vio que yo iba a estropearlo todo al presentarme sin aviso en la casa de Gabo, porque sólo me quedaban dos días en la isla después de casi tres semanas".

Una tarde recibió una nota del autor que decía: "Te doy 10 minutos". Al día siguiente lo recogió un Mercedes-Benz que lo llevó a la residencia. "Hablamos tres horas y me di cuenta de que era el hombre más normal del mundo y que tenía una gran intuición, pues mientras yo trataba de hacerle una radiografía, él ya me la había hecho a mí".

En estos años se convirtió en el "tío Yeral" para los hijos de los García Márquez. "Seguro estaba advertido de que con whisky se nos soltaba la lengua porque la primera vez que lo vi en la casa de mi mamá en Cartagena, en su cumpleaños 87, sacó una botella de Old Parr", cuenta Jaime García Márquez. También fue bautizado el 'inglés del carajo', apodo que le dieron en Riohacha cuando "nos fuimos a motilar y el peluquero quedó encantado con el tipo y lo llamó así. Es que lo recibimos como a uno de los nuestros y Gabito no se opuso". Gerald se siente privilegiado de haber conocido a los que ya no están, como doña Luisa Santiaga, la matriarca del clan, en cuya casa durmió en hamaca, y Yiyo, el hermano menor, quien fue su primer contacto.

"Gabo difundió la historia de que el inglés era tan acucioso, que había dormido en un banco de la plaza de Aracataca para sentir el ambiente del pueblo donde él había nacido, y creo que sí terminó haciéndolo", relata Jaime Abello, director de la Fundación Nuevo Periodismo. Gracias a su tenacidad también se reunió con Fidel Castro en tres oportunidades, aunque sospecha que García Márquez le ayudó. "La primera vez estaba tan confundido y nervioso de estar a solas con él, que comencé hablando de la cantidad de excremento seco que uno se encuentra en Ciudad de México por la falta de baños. Pero lo más sorprendente es que Fidel tenía estadísticas al respecto".

El biógrafo estima que en total tuvo 30 días de reuniones informales con el autor, "sin hacerle preguntas de frente porque eso ataca su pudor". Hubo momentos difíciles, como cuando discutían sobre política colombiana, y otros memorables, como cuando le autografió un ejemplar de Noticia de un secuestro: "A Gerald Martin, el loco que me persigue". De hecho, él cree que a veces su presencia debió resultarle incómoda. "Una vez coincidimos donde su mamá y empezó a hacer una parodia de mi español". Dice que por la demora, Gabo lo amenazaba con que "él iba a terminar por escribir la biografía de un inglés pedante que trataba sin éxito de contar su historia". Heriberto Fiorillo, director de La cueva, comenta que Gabo le dijo a Martin que estaba contento porque "empezaba a verlo enredado en las realidades mágicas de nuestro país tropical, lo cual evidenciaba que nunca iba a terminar el bendito libro".

Casi se cumple esa profecía. Un traslado a Estados Unidos y una serie de proyectos retrasaron su tarea. Peor aun, en 1995 le fue diagnosticado un linfoma y le advirtieron que sus posibilidades de superarlo eran menores del 60 por ciento. "Es el mismo cáncer que le dio a Gabo pocos años después... pero dicen que no es contagioso", comenta en broma. Y pese a que no es supersticioso, admite que algo de eso se le pegó de los García Márquez, pues no deja de sorprenderse con los paralelos entre biógrafo y biografiado: "Las iniciales de nuestros padres son GE, George Edward y Gabriel Eligio. Ambos somos piscis y tenemos familias numerosas y de origen humilde. Quizá padezco la enfermedad de los biógrafos de ver conexiones donde no las hay".

Cuando empezaba su proyecto supo que García Márquez pensaba escribir sus memorias. "Él quería que yo publicara primero tal vez para poder contradecirme, y viceversa. Al final yo gané porque él publicó 'Vivir para contarla' y yo me demoré más".

Hoy conserva las 2.500 páginas originales, que tuvo que reducir a algo más de 600. Piensa publicarlas después de un libro sobre toda su odisea, y espera que su familia y su editor le tengan la misma paciencia. "Muchas cosas han cambiado, empezando porque ambos envejecimos: cuando empecé, Gabo tenía menos de los 65 que tengo ahora". Reconoce que teme por la reacción de los García Márquez frente a su libro, pues aunque es evidente su admiración hacia el escritor, no faltan las críticas. Al menos ya conoce la opinión del biografiado. "Está en desacuerdo con algunas de mis interpretaciones, pero le pareció un trabajo decente". El encuentro, en Guadalajara poco después de la publicación de la obra en inglés, comenzó con una frase muy garciamarquiana: "Me alegra mucho que por fin hayas terminado, porque yo siempre quise ser famoso".

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