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| 6/2/2007 12:00:00 AM

El mayordomo del rock

El paisa Jorge Yepes trabaja desde hace siete años en la mansión de Keith Richards, el guitarrista de los Rolling Stones. SEMANA estuvo con él en su paso por Medellín.

"Yo soy la mano derecha de Keith Richards", dice, orgulloso, Jorge Yepes, en su apartamento en el barrio Belén de Medellín. Es su frase de presentación y no es exagerada. Jorge, quien trabaja para el guitarrista de la banda de rock más famosa del mundo, es una pieza indispensable en la vida privada del miembro de los Rolling Stones, la que viene después de las giras, los conciertos, las grabaciones y los autógrafos. Jorge es el mayordomo de su mansión, su house-keeper.

Ubicada en la ciudad de Norwalk, Connecticut, Estados Unidos, la propiedad mide 2,8 hectáreas y está rodeada de un frondoso bosque que Jorge recorre varias veces a la semana en un pequeño carro de golf. Del paisa depende que todo marche según los caprichos del 'decano del rock', caprichos poco extravagantes y diferentes a los que se esperarían de un artista de su talla. Se levanta todos los días a las 7 de la mañana y lo primero que pide es un vodka con jugo de naranja. Aparte del anillo con forma de calavera, dice su mayordomo, el vodka es un ritual imprescindible en la vida de Richards. Luego, enciende su estéreo -con parlantes hasta en los baños- y pone a todo volumen música clásica o blues. Durante el día compone y ensaya con sus guitarras en el estudio, lee novelas clásicas y recibe visitas de sus mejores amigos. Una larga lista que incluye al actor Johnny Depp o a la cantante Sheryl Crow. Yepes los atiende a todos, sus funciones van desde cambiar las bombillas fundidas del cuarto del guitarrista hasta cuidar el portón de la entrada. Hace las veces de portero, electricista, mecánico, pintor de brocha gorda, jardinero y hasta consejero. Más que mayordomo, él es el todero del millonario.

En estos siete años de trabajo con Richards, Jorge ha logrado coleccionar toda clase de cachivaches de la banda. En su apartamento en Connecticut tiene cajas de todos los tamaños repletas de obsequios que le ha dado su patrón. Camisetas, fotos autografiadas, DVD, chaquetas, bufandas, guitarras y hasta ropa interior. Y dentro del álbum de fotografías guarda las seis entradas VIP de los conciertos de los Stones a los que ha sido invitado especial.

Este paisa de 38 años hace 10 era un personaje cualquiera del barrio Calazans de Medellín. Allí, todos los fines de semana, se dedicaba a tomar cerveza y aguardiante con sus mejores amigos, Samuel, Koki y Juan Carlos. Escuchaban rock de agrupaciones como Def Leppard, Queen, Led Zepellin y, claro, The Rolling Stones. Un día de 1997, Jorge decidió volar hasta Connecticut, donde vivían su mamá y su hermano mayor. Este último lo puso a trabajar en una compañía de pintura y a los pocos meses le salió un contrato para pintar la mansión Richards. Jorge quedó como jefe responsable y duró casi tres años pintando la casona de cuatro pisos.

A punto de terminar la obra, la esposa de Keith le propuso que trabajara con ellos. Él recuerda que para la época, su inglés era tan pobre, que le costó entender qué le tocaría hacer. Pero eso no le importó. No tuvo que pensarlo mucho para aceptar la propuesta de trabajar en la casa del guitarrista. Cuenta que el día que su patrón conoció a su esposa, Angélica Cuartas, en el momento de darle la mano, le dijo que sería fácil recordar su nombre porque es el mismo de una de las canciones que más disfruta interpretar, Angie, del álbum Goats Head Soup de 1973 y escrita por Richards. De inmediato la invitaron para que también trabajara en la mansión. Ella aceptó y estuvo allí durante cinco años.

El paisa tampoco exagera cuando dice que se siente uno más de la familia Richards. Con frecuencia le piden consejos para pintar la casa, para decorar la chimenea o para elegir qué tipo de comida tendrán en las noches (según él, pollo es la preferida). De sus viajes a Medellín, Jorge se lleva libros de fotografías de la ciudad para mostrárselas y decirles con acento paisa: "Mr. Richards, Colombia is not only violence and drugs" ("Señor Richards, Colombia no es sólo violencia y drogas"). No olvida aclarar que también cumple esa función de "embajador vitalicio" de su país con los amigos del músico que llegan a la casa. "Uno de esos libros lo mantengo siempre en mi carrito de golf", comenta. La biblioteca personal del guitarrista ya cuenta con varios tomos sobre Medellín. En su amplia colección de discos tiene música llanera, andina y costeña. Además, en las paredes de su clóset mantiene colgados los sombreros vueltiaos que Yepes le ha llevado de regalo. Otro ejemplo de confianza fue el día que nació David, su segundo hijo. Patti Hansen la esposa de Keith, le organizó un baby shower en el que el roquero sacó de su estudio una guitarra roja en miniatura autografiada y se la regaló al bebé.

Él piensa que una de las razones por las cuales le ofrecieron el trabajo es el hecho de que además de pintarle la casa, Jorge se ofrecía para cargar el mercado, cambiar las llantas de alguno de los tres carros o bañar a Rasputín, el perro. "Les servía para todo", contó a SEMANA. Y las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Actualmente, los Richards le están construyendo una casa junto a la cancha de tenis de la mansión para que viva las 24 horas con la familia.

Pero Jorge tiene un secreto, su día más feliz no fue cuando le propusieron trabajar con la leyenda del rock. Su gran ídolo musical es Franco de Vita y el sueño de toda su vida era estrecharle la mano al venezolano, cosa que se le cumplió hace algunos años en un concierto en Montería.

Aun así, Jorge se considera uno de los mayordomos más afortunados del mundo. Afortunado y agradecido. En su estadía en Colombia, él aprovechó para contactar al músico César López porque quiere regalarle a su patrón una 'escopetarra' (guitarra construida a partir de una escopeta) y seguir completando la colección de Keith Richards, que ya alcanza las 500 guitarras. Pero ese no es el único regalo. Antes de tomar el avión de vuelta a Connecticut, se cercioró de que sí hubiese empacado el arequipe de Yarumal que le encanta a Richards. Y el carriel de Jericó, las hamacas y las artesanías de La Guajira que les lleva de regalo para que en primavera decoren la chimenea que encienden todos los días del año.
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