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| 11/4/1996 12:00:00 AM

EL MEJOR EQUIPO

En el avión de Aeroperú que se precipitó al mar la semana pasada se fue el hombre más importante de la administración de Antanas Mockus.

El rostro desencajado y las palabras entrecortadas del alcalde de Bogotá Antanas Mockus fueron suficientes para entender la magnitud de la tragedia. Su hombre de confianza, la mano derecha de su administración y uno de los talentos más importantes de su equipo de gobierno había desaparecido bajo las leyes impredecibles del azar. En calidad de gerente de la Empresa de Energía de Bogotá -EEB-, Fabio Chaparro Beltrán tenía la misión de dictar una conferencia en Chile sobre el proceso de transformación que estaba generando en la entidad. Pero el Boeing 757 de Aeroperú que lo iba a llevar a Santiago, capitaneado por el piloto más experimentado de Latinoamérica, cayó al mar cinco minutos después de su despegue de la ciudad de Lima.
La noticia causó conmoción en la Universidad Nacional, a la cual había dedicado la mayor parte de su vida, y en la Empresa de Energía de Bogotá, donde había logrado un consenso sin antecedentes para iniciar la recapitalización de la entidad. Pero sobre todo, el suceso cayó como un baldado de agua fría en la Alcaldía. No solo por ser uno de los hombres más queridos de la administración, sino porque Fabio Chaparro representaba exactamente lo que Antanas Mockus requería al llegar al Palacio Liévano: un optimismo a toda prueba, creatividad en el trabajo y capacidad para solucionar conflictos. En otras palabras, Chaparro era el ciudadano ideal en la lucha por la transformación de la capital. Había trabajado hombro a hombro con el mandatario distrital en los tiempos en que éste se desempeñaba como rector de la Nacional y al llegar a la Empresa de Energía se dispuso a aplicar lo que había aprendido en sus actividades académicas.
Cuando asumió el cargo la viabilidad financiera de la EEB estaba más que cuestionada, pues sus deudas eran tantas que se requería una recapitalización. Con una fórmula de discusión basada en el diálogo, no para negociar las alternativas sino para comprometer a los participantes, convenció a propios y extraños de que la única solución viable era transformar la compañía en una sociedad de acciones que le diera cabida a la empresa privada. Sin embargo la mayor transformación la logró en el seno de la entidad, al comprometer a cada uno de los trabajadores para alcanzar la eficiencia. Su estilo pedagógico caló profundamente en su gente, al punto de contagiar a buena parte de las instituciones distritales.
Como físico de la Universidad Nacional, se dio el lujo de ser el inventor del pegastic y además trocar la patente por una casa para su familia. Como catedrático, fue el inspirador de los procesos de investigación en sus estudiantes. Como funcionario, sembró el terreno de la revitalización de una de las empresas capitales de Bogotá. Ahora su familia, sus discípulos, sus compañeros y la ciudadanía en general tendrán la misión de recoger sus frutos.
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