Jueves, 19 de enero de 2017

| 1987/06/08 00:00

EL MUERTO QUE ESTABA VIVO

La de Dennis Hooper, una resurrección que es algo más que pura pantalla.

EL MUERTO QUE ESTABA VIVO

En una de las tres películas suyas que se exhiben actualmente en Estados Unidos y Europa, Hoosiers, interpreta al alcohólico perdido que vive en medio del bosque, cazando ciervos, rumiando sus recuerdos gloriosos del baloncesto y huyendo del pueblo y del hijo que lo repudian. En otra, Blue Velvet, hace de un asesino pervertido que golpea a Isabella Rossellini y la somete a toda clase de vejaciones. Los amigos, entre ellos Jack Nicholson, afirman que no ha necesitado esforzarse en estas actuaciones y que los personajes en el fondo son simples prolongaciones suyas. Dennis Hopper se ríe cuando le dicen eso y agrega: "Mirenme bien, están observando la resurrección de un muerto".
El sabe porqué lo dice. Hasta hace escasamente tres años era un caso totalmente perdido. Después de largo tiempo consumiendo alcohol y drogas diariamente, por fin habia tocado fondo: "La mayoría de mis amigos los que compartían el trago y las alucinaciones o estaban encerrados en clínicas mentales o habían muerto. Yo tuve más suerte. Me convertí en un loco peligroso. Me volví paranoico y esquizofrénico. Escuchaba voces y estaba convencido de que los amigos estaban siendo asesinados en la habitación vecina. Mientras hacía una película en México, perdí todo control". Lo perdió definitivamente cuando se desnudó una tarde, víctima del pánico; se lanzó a la calle, fue arrestado y devuelto a Estados Unidos. Después de eso solo le quedaba la muerte. Recordando esos días, Nicholson dice: "Lo encerraron en sitios hasta donde nadie podía llegar, donde nadie podía buscarlo, donde no admitían visitas, donde estaba comiendo física mierda".
Destrozado por la culpa moral, agotado, solitario y todavía con ganas de seguir en el cine, Hopper se sometió a una cura salvaje que por poco lo acaba del todo. Lo que vemos en Hoosiers es la imagen de los escombros, lo que queda de un hombre que se ha convertido en uno de los símbolos más elocuentes de esa degradación a la que se somenten muchos en Hollywood.
Esta nueva generación de espectadores no sabe realmente quién es Dennis Hopper ni dónde se apoya el mito que gira aún a su alrededor ni porqué figura en todas las enciclopedias, ni porqué cuando se habla de la cultura hippie de la década del setenta, su película Easy Rider se recuerda como la primera que se atrevió a desafiar los grandes productos de Hollywood. Era una especie de Western en motos, filmada en 1969 y al lado de Hopper aparecía Peter Fonda y también estaba un desconocido, Jack Nicholson. Ellos, con sus chaquetas, y sus motos, y sus gafas oscuras que recordaban a James Dean, fueron los voceros de esa contracultura de los melenudos que fumaban marihuana y perdían el sentido con cocaína y fornicaban en el desierto. La película costó medio millón de dólares y hasta el momento ha recaudado más de 40 millones.
Ha resucitado, después de ese infierno y tres matrimonios fracasados. Le queda una duda: ¿alguna vez podrá interpretar personajes que sean normales?




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