La basura de unos puede ser el tesoro de otros. El puertorriqueño Nelson Molina, trabajador del Departamento de Sanidad de Manhattan, descubrió ese secreto desde pequeño, cuando revisaba los basureros de los vecindarios de estrato alto. "En Navidad muchos niños botaban sus juguetes viejos y como mi
familia no tenía dinero para comprar tantos regalos, yo le llevaba a mis hermanos lo que otros niños habían desechado", contó Molina a SEMANA. Cuando comenzó a trabajar como recogedor de basura, hace 25 años, retomó su viejo hábito de buscar tesoros en la basura. Hoy su colección sobrepasa los 1.000 objetos, todos encontrados por él y sus compañeros de trabajo, según reveló The New York Times la semana pasada. Un retrato de Winston Churchill, máscaras de hockey, acuarelas, estatuas, trofeos, vitrales, cuatro guitarras eléctricas y hasta un mapache de peluche metido en una jaula, hacen parte de su improvisada galería. Pero no se trata de alguien que apila cosas desordenadamente y de manera compulsiva, sino de un hombre que restaura y enmarca los tesoros. "Cuando descubro un cuadro o un portarretratos con el vidrio roto, lo desarmo y lo sustituyo por uno igual o parecido que encuentre en la basura. Hago lo que sea necesario para poder colgarlo", explica. El estacionamiento del Departamento de Sanidad de la calle 99 se ha convertido en el Museo de la basura y Molina en su fundador. "Así me llaman aquí: el curador", dice orgulloso.