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| 11/10/2007 12:00:00 AM

El niño de oro

Por fin salió al público el rostro de Tutankamón, el joven faraón cuya momia sigue siendo la más popular 85 años después de ser descubierta.

Si la maldición de Tutankamón fuera real, el mundo entero estaría destinado a sufrirla, sobre todo después de que la momia del faraón más famoso está ahora a la vista de todos. El histórico evento tuvo lugar en la tumba KV62 del Valle de los Reyes en Luxor, Egipto, el 4 de noviembre, exactamente 85 años después de ser descubierta por Howard Carter. El secretario general del Consejo Superior de Antigüedades del gobierno egipcio, Zahi Hawass, rodeado de varios arqueólogos destapó el ataúd en donde se encontraban desde hace más de 3.000 años los restos de 'el niño de oro', que hasta entonces había sido visto por menos de 50 personas, pues sólo los investigadores habían tenido ese honor.

Varios de los expertos procedieron a mover cuidadosamente la momia hacia un cofre de vidrio acrílico en donde descansará de ahora en adelante. "La humedad y el calor causados por las personas que entran a la tumba y su respiración podrían convertir la momia en polvo. Lo único que aún está en muy buen estado es la cara. Debemos preservar el rostro", explicó Hawass a las personas reunidas. Pues a pesar de que la mayoría de los tesoros de su tumba habían sido extraídos y expuestos en diferentes museos -el más admirado es la máscara mortuoria, que es un símbolo del antiguo Egipto-, los restos del joven faraón de la décimo octava dinastía nunca abandonaron la tumba.

Aunque su reinado fue sólo uno más dentro de la historia de esa gran civilización, su descubrimiento y todos los mitos creados a su alrededor lo convirtieron en el personaje egipcio más famoso en la era moderna. Después de varios años de infructuosa búsqueda en el valle de los reyes y de que los demás arqueólogos aseguraran que ya todas las tumbas existentes habían sido descubiertas y saqueadas, Howard Carter encontró el único sepulcro que aún se conservaba intacto en 1922. La noticia dio la vuelta al mundo y los tintes de mito empezaron a rondar la historia. Sobre todo cuando al ingresar a la cámara donde reposaba el sarcófago una cobra real se comió el canario de Carter, lo que fue considerado un mal presagio. Al poco tiempo murió Lord Carnarvon, quien financió la excavación, cuando se le infectó la picadura de un mosquito, y dos trabajadores sufrieron una extraña fiebre. Los diarios le dieron un giro sensacionalista y crearon la leyenda de que existía una maldición sobre quienes interrumpieran el sueño eterno del joven soberano. Hoy día se considera una anécdota, pues la mayoría de los integrantes de la expedición falleció a avanzada edad.

A pesar del miedo que infundió la leyenda, este primer equipo no tuvo mayores reparos en romper y maltratar los restos. Luego otros investigadores a través de los años han expuesto la momia a exámenes de rayos X y en 2005 a una tomografía digital que concluyó que el joven rey no murió asesinado con un golpe en la cabeza, como se pensó en un principio. Los avances tecnológicos ayudaron a descubrir que la razón de su temprano deceso, a los 19 años, se debió a una grave fractura en la pierna izquierda que le produjo gangrena. La teoría de Hawass, el más importante egiptólogo del mundo, es que la lesión fue consecuencia de un accidente en un carro de batalla. Otros historiadores creen que pudo haber sido una herida de guerra.

Tutankamón reinó de 1333 a 1324 antes de Cristo, ascendió al trono a los 9 años y murió muy joven. Y desde el descubrimiento de su tumba nació una verdadera 'tutanmanía' que aún no termina. Todavía queda mucho por descubrir, especialmente quiénes fueron sus verdaderos progenitores. Se sabe que el joven sucedió a Akhenaten, célebre por haber sumido al reino en una crisis religiosa cuando declaró el culto monoteísta a Aten como fe oficial. Una de las primeras leyes de Tutankamón ordenó regresar al politeísmo y al culto a Amón, lo que le ganó el favor del pueblo. Se casó con su medio hermana Ankhesenammen, hija de Nefertiti, y tuvieron dos bebés que nacieron muertas. Sus cuerpos embalsamados fueron hallados en la tumba del rey, por lo cual se cree que no dejó descendencia.

Cuando Carter ingresó a la cámara mortuoria, sus preocupados compañeros le preguntaron desde afuera qué había allí y ante la suntuosidad, él sólo habría atinado a responder: "Veo cosas maravillosas". Pero más allá de un mito o una hermosa máscara, el mundo ahora tiene la oportunidad de descubrir al ser real. Con un proceso de animación en 3D se reconstruyó su cara y se reveló cuál era su apariencia. Y quienes visiten la tumba podrán ver que además de haber medido un 1,70, y de no haber sufrido problemas crónicos de salud, sus dientes eran salidos y grandes, como demuestra la sonrisa incipiente que marcaba su rostro al morir. Los egipcios creían que recordar los nombres de los muertos mantenía vivas las almas. Si eso es cierto, el "rey Tut", como popularmente se le llama, está hoy tan presente como hace 3.300 años.
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