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| 6/20/2015 10:00:00 PM

El nuevo aire de la Corona española

Felipe VI sacó a la Corona de la impopularidad en que la dejó su padre. El cambio ha sentado bien a la monarquía menos querida de Europa.

A comienzos de 2012 el rey Juan Carlos gozaba de su máxima aprobación, pero seis meses después era triturado por la opinión pública. Un gran escándalo bastó para cambiar su imagen y su débil cuerpo no colaboró para reestablecerla. El monarca se rompió la cadera en Botsuana y, en medio de una crisis económica profunda que azotaba a sus conciudadanos, salieron a la luz sus escapadas a safaris de caza organizados por Corinna zu Sayn-Wittgenstein, su amante de turno. La paciencia del pueblo español se agotó, pero también la de su familia. En el libro Juan Carlos I, el hombre que pudo reinar, el periodista Fernando Ónega revela cómo Felipe, el actual rey, le recriminó las andanzas a su padre: “Confeccionó un ‘dossier’ con la totalidad de notas de prensa, se presentó en la clínica con él bajo el brazo y le dijo a su padre: ‘Esto es lo que has provocado’”. La reina Sofía, como bien lo hizo durante años de acompañar al rey y de saberse engañada, mantuvo una posición estoica y se tragó sus dolores.

Fue el inicio del fin del juancarlismo. En enero de 2014 los índices de popularidad de la monarquía cayeron a un sótano histórico de 41 %, cuando al errático comportamiento del rey se sumó la avalancha del escándalo de su hija Cristina. La infanta y su marido se vieron involucrados en desviación de fondos públicos en el llamado ‘escándalo Noos’ que desde 2010 creaba zozobra en la Corona y desde 2013 produjo imputaciones judiciales. Las monarquías, criticadas por anacrónicas y costosas, no se pueden dar el lujo de la corrupción.

Y a pesar de todo, las encuestas rescataban a dos figuras: el príncipe Felipe y la reina Sofía. En ese hecho se basó una campaña para mejorar la percepción de la gente frente a la monarquía, pero de la cual Juan Carlos no era partidario. Por eso, como afirmó el periodista Jaime Peñafiel en entrevista al programa Los informantes de Caracol Televisión, “Entre la reina Sofía, su hijo Felipe y la nuera Letizia le dieron un golpe de estado familiar, por duro y cruel que parezca. La expresión de tristeza en su rostro era enorme. Su abdicación fue una desagradable sorpresa”. Para Peñafiel, la frase ‘¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey!’ tiene su razón de ser. Y si bien Juan Carlos se humilló de forma atípica ante su pueblo y bajó la cabeza, no hubo perdón que valiera.

Una era distinta


El 19 de junio de 2014, Juan Carlos se vio obligado a dar paso en el trono a su hijo Felipe, y a un año de la abdicación la monarquía se regocija por haber tomado la decisión correcta. Una encuesta revelada la semana pasada por el diario El Mundo refleja el notorio cambio: “En solo un año de reinado de Felipe VI, el aval de los españoles a la Corona ha alcanzado el 61,5 %, superior al que gozaba en los tiempos aún boyantes del rey Juan Carlos, previos a la crisis generada por su viaje a Botsuana”. Con respecto al nuevo monarca, a quien Peñafiel describe como una buena persona a la cual le falta carácter, el pueblo español ha respondido positivamente: “El respaldo ciudadano –hacia Felipe VI– en solo un año y medio, es de 74,7 %, entre los que dicen tener una opinión buena (52) o muy buena (22,7) de él. Un dato con el que incluso pisa los talones a su padre, a solo un punto de su mejor dato, el de enero de 2012”.

Estas cifras no llegaron solas. Felipe VI no perdió tiempo en dar golpes de opinión. Redujo su sueldo en un 20 %, así como lo que perciben los miembros de la familia real. La medida fue bien recibida por la gente, aunque muchos le pidieron una reducción más categórica. El rey ha trabajado a distintos niveles por restablecer la confianza. Desde que asumió se ha reunido dos veces con la llamada Diputación de la Grandeza española, un organismo que agrupa a la alta nobleza del país ibérico a la que Juan Carlos miró con cierta distancia durante su reinado. Felipe VI tiende puentes y concilia. Ha logrado reinar sin escándalos, se ha mantenido cordial con comunidades como Cataluña, ha adoptado un estilo más cercano con los invitados que recibe: ahora baja los setenta escalones del Palacio Real para recibirlos, cuando antes el invitado los subía primero. Pero sobre todo, Felipe VI ha liderado una agenda personal enfocada en lo que más golpea a la mayoría de los españoles: el bolsillo. La economía es un pilar clave de su discurso de transparencia.

La reina Letizia también ha puesto de su parte. Ha sido criticada por su extrema delgadez y los cambios en su rostro que dejan entrever la mano constante de un cirujano plástico, pero ha viajado al menos 39 veces por su cuenta, marcando su estilo, valiéndose por sí misma y llenando el lugar difícil que dejó la reina Sofía. Y a nivel familiar, rey, reina e hijas ofrecieron postales de su vida cotidiana en el Palacio de la Zarzuela a la opinión pública. La galería de fotografías retrata una familia sin grietas, algo que no se acostumbraba a ver en los años de Juan Carlos.

Y encima de todo esto, hace días tomó una decisión difícil a nivel personal: despojar a la infanta Cristina, su hermana mayor, del título de duquesa de Palma a dos días de que esta cumpliera 50 años. Distanciarse de la infanta era una tarea pendiente de Felipe por respeto a su padre, quien prometió encargarse pero cuyos esfuerzos no funcionaron. Según Ónega, Juan Carlos envió a uno de sus hombres a Estados Unidos para hacerle saber a Cristina y a su marido que sus actos y silencios había dañado a la Corona y que “solicitaba de la infanta algún gesto, algún detalle para que, si no se podía reparar el daño causado, por lo menos pudieran aliviarse las consecuencias”. El detalle de la infanta jamás llegó y la ciudadanía española exigía acción. Después de meses de respetuosa paciencia, y con un juicio que promete ser el más mediático de España, hasta la fecha, a meses de empezar, el rey tomó cartas en el asunto como la situación lo exigía.

Los hechos validan el camino de Felipe VI. La Corona está lejos de unificar opiniones pero el nuevo monarca marca un presente distinto y aspira a construir un futuro para la monarquía. La meta es que la institución exista para cuando la infanta Leonor asuma como reina. La pequeña, de 9 años, ya cumple con los pasos previos: se prepara para recibir un riguroso entrenamiento militar y académico. Pero resta ver si el reinado de Felipe, aún menor de 50 años, permanece pues para Jaime Peñafiel, más allá de éxitos y fracasos del presente, “en 20 años, la monarquía no existirá más”.
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