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| 10/16/2000 12:00:00 AM

El nuevo Merlín

David Copperfield revolucionó la magia hasta convertirla en un arte digno de admiración.

David Copperfield tiene suerte de haber nacido en el siglo XX. Hace 400 años sus asombrosos actos de desaparición habrían sido considerados obra del demonio y el ilusionista habría terminado sus días en una hoguera por orden del temible inquisidor Torquemada. Hoy en día nadie se atrevería a torturarlo para conocer sus secretos pero, aun así, muchas personas darían lo que fuera por saber en dónde se esconde el truco que le ha permitido a Copperfield desaparecer la Estatua de la Libertad, atravesar la Gran Muralla China, escapar de la prisión de Alcatraz y sobrevivir a una caída desde las cataratas del Niágara.

Desde 1918, cuando el célebre escapista Harry Houdini desvaneció en el aire a un elefante, ningún mago se había atrevido a experimentar el poder de la ilusión óptica con la misma pasión y dedicación de Copperfield. Mientras la mayoría de los artistas se conforman con sacar conejos de sus chisteras el norteamericano ha procurado hacer de la magia un arte tan respetable como la literatura, el cine y la pintura, en el cual no importa si la historia que se relata es real o ficticia. Lo que finalmente cautiva al espectador son las emociones que la obra puede llegar a generar. Las declaraciones que dio hace un par de años en una entrevista confirman su visión al respecto. “No creo que la gente quiera saber la verdad. No creo que la gente se preocupe realmente por saber cómo se hace el truco. Lo que quieren es disfrutar la fantasía. Tengo cuatro o cinco métodos para cada una de las ilusiones y los cambio continuamente. No se trata de cómo hacer el truco sino de sentirse capaz de hacerlo”.

Para demostrar que su teoría funciona sólo basta mirar de cerca la industria que Copperfield ha creado en torno a sus habilidades. Cada año realiza por lo menos 500 presentaciones, la revista Forbes lo ubica entre las 20 personas más ricas del medio artístico, sus especiales de televisión son exhibidos en 40 países y en Estados Unidos ha recibido 19 premios EMI al mejor show. Como si fuera poco, tiene su propia estrella en el paseo de Hollywood, una estatua de cera en el museo de Madame Toussaud y el gobierno francés lo nombró caballero de las letras y las artes.

Esta clase de reconocimientos, que suelen concederse a músicos, escritores y actores, no los recibió por arte de magia. Con la misma dedicación de los grandes concertistas que comienzan a practicar sus primeros acordes desde la más tierna infancia, Copperfield ingresó al mundo del ilusionismo a los 10 años. En ese entonces era simplemente David Seth Kotkin, un joven de Metuchen, Nueva Jersey, que un buen día le pidió a su abuelo que le enseñara un par de trucos de magia para conquistar el corazón de las niñas de su escuela.

Sus primeras presentaciones en clase las hizo bajo el seudónimo de ‘Davino’ y a los 12 años el pequeño de origen ruso fue admitido en la Sociedad Norteamericana de Magos, con lo que se convirtió en el miembro más joven en la historia de la institución. Sus habilidades llamaron la atención de sus tutores, quienes no tardaron en alentarlo a dictar clases de magia en la Universidad de Nueva York. ‘Davino’ apenas tenía 16 años.

Tres años después fue elegido para representar el papel principal en la obra The magic man, el show más exitoso en la historia de los musicales de Chicago. Esta nueva etapa requería una imagen más atrayente, un nombre impactante que se quedara grabado en la memoria del público. Así nació David Copperfield, una identidad inspirada en el personaje de la novela de Charles Dickens que se convirtió en un clásico de la literatura inglesa de la época victoriana.

La interpretación de Copperfield en The magic man fue tan aplaudida que los ejecutivos de las cadenas ABC y CBS le propusieron protagonizar sus propios programas de magia en televisión durante las décadas de los 70 y 80. Desde entonces no ha parado de trabajar y a los 44 años es considerado como el mago del siglo. La apreciación se debe en parte a que Copperfield no se limita a copiar los trucos más famosos de otros magos sino que inventa nuevas ilusiones. El proceso creativo puede tardar meses o años, como ocurrió durante el diseño de la serie Volando. Para hacer realidad esta ilusión, en la que Copperfield vuela sobre el auditorio, fueron necesarios siete años de preparación.

Su otro gran logro ha sido involucrar las nuevas tecnologías audiovisuales en el escenario y mantener una iluminación constante —sin humo ni espejos— que le permita al espectador estar enterado de la mayoría de cosas que suceden durante la ejecución del acto. Mientras más simple sea la acción el impacto es más fuerte puesto que el espectador cree estar al tanto de todo lo que ocurre y no se percata de los cambios que el mago realiza en un abrir y cerrar de ojos.

Si bien es cierto que un mago nunca revela sus secretos, Copperfield ha querido compartir con sus seguidores su pasión por la magia a través de un museo especializado que reúne las colecciones más importantes de libros y objetos sobre magia y conjuros, el cual cuenta con las 80.000 piezas de la biblioteca Mulholland de Magia y Artes Afines y los exclusivos artículos de las colecciones Cole y Robert J. Albo. Entre las joyas del museo se encuentran varios artefactos que pertenecieron a Houdini, como es el caso del baúl de la metamorfosis, las lámparas de la desaparición y un cilindro de Edison que conserva las únicas grabaciones de voz que existen de Houdini. También se preserva el rifle del mago Chung Ling Soo, el arma que le causó la muerte cuando su famoso truco de atrapar la bala falló; la cabina del espíritu de Dante, el precursor de los trucos de horror de los años 50; la silla de la princesa decapitada, instrumento con una sierra diseñado para una película de Orson Welles, y la primera edición del descubrimiento de la brujería de Seott, uno de los trabajos más importantes en lengua inglesa sobre conjuros.

Las ambiciones de Copperfield van más allá de la imaginación del espectador y los que pensaban que desaparecer la Estatua de la Libertad era lo máximo aún no han visto nada. El ilusionista sueña con incluir un rostro femenino en el Monte Rushmore, enderezar la Torre inclinada de Pisa y desaparecer la Luna.

Conociendo sus antecedentes, lo anterior no suena tan descabellado y no sería raro que en un par de años el propio Copperfield pase a ser la principal pieza de colección de su museo privado.
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