Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/07/10 00:00

EL OBRERO DEL CAPITOLIO

En medio de una de las legislaturas más controvertidas de los últimos tiempos, Germán Vargas Lleras sobresalió a punta de trabajo.

EL OBRERO DEL CAPITOLIO

SOBRE UN CONGRESO QUE HA TENIDO que enfrentar el mayor desprestigio de la institución en las últimas décadas, hablar de estrellas es más bien difícil. Pasadas las épocas en las que los parlamentarios más destacados eran los que más discutían, ahora el asunto no es el que más intervenga sino el que más trabaje. En este sentido, quizás no existe un congresista que se haya acercado más a esta idea que Germán Vargas Lleras.
Recién posesionado como integrante de la comisión primera del Senado, el mayor de los nietos del ex presidente Carlos Lleras se encontró con una de las tareas más delicadas de las dos últimas legislaturas: sacar adelante, como ponente, el proyecto de ley anticorrupción, que finalmente fue sancionada por el Presidente la semana pasada.
La tarea no fue nada fácil. La misión inicial fue ensamblar las tres iniciativas que presentaron por separado la administración Gaviria, la campaña del actual presidente, Ernesto Samper. y otra más, propuesta por la Nueva Fuerza Democrática liderada por Andrés Pastrana; discutir el proyecto unificado en la comisión y luego someterlo a votación en el Senado, para luego iniciar el proceso de conciliación con la Cámara. Todo esto en mitad de una inmensa expectativa y una gran cantidad de intereses en confrontación.
La comisión primera ocupó todo el segundo semestre del año anterior discutiendo la propuesta. A tal punto que sólo restando una semana para culminar la legislatura pasada, el proyecto logró evacuarse. El último día, minutos antes del receso decembrino del Congreso, el Senado votó la iniciativa luego de que se hubieran modificado 60 artículos del proyecto que había llegado de la Cámara en junio.
El proceso de conciliación con la Cámara, iniciado en marzo de este año, demoró cuatro meses, un tiempo externo si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el del plan de desarrollo duró un día y el de la ley de comunicaciones una hora. Finalmente, luego de la ratificación de la Cámara, de varias sesiones de discusión en el Senado y de dos aplazamientos de la votación, la ley anticorrupción, salió victoriosa.
En todo este accidentado proceso, Germán Vargas Lleras jugó un papel de primer orden. Fiel a la idea de "ceder sin transigir en lo fundamental", como él mismo lo dice, logró sacar adelante no solo una de las armas más efectivas con que contará el Estado para combatir el testaferrato, el enriquecimiento ilícito y el lavado de activos, sino tres proyecto más: la ley que penaliza la urbanización pirata, el acto legislativo que reestablece el fuero militar y el código disciplinario único, que crea mecanismos para evitar la corrupción de los funcionarios públicos.
En medio de un Congreso que lucha por recuperar el prestigio perdido, Germán Vargas Lleras se ha erigido como él símbolo de la nueva generación. Y si hoy es considerado el obrero de la legislatura, sólo queda esperar que este obrero siga con el casco puesto.

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