Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/07/24 00:00

El ocaso de Mel Gibson

El protagonista de 'Corazón valiente', ya criticado por sus comentarios racistas y antisemitas, podría enfrentar el fin de su carrera tras conocerse unas grabaciones en las que amenaza de muerte a su ex novia., 119691

La prensa ha publicado informaciones según las cuales Gibson se desayunaba en una época con cinco ‘pintas’ de cerveza y ha estado varias veces internado en centros de rehabilitación.

De un lado de la línea se oye la voz de un hombre que jadea y grita desesperado. Al otro, se puede percibir a una mujer calmada, que se esfuerza por responder de forma pausada cada vez que su interlocutor le repite que quisiera verla muerta. Son Mel Gibson y su ex novia, la pianista rusa Oksana Grigorieva, quienes las últimas semanas han protagonizado un novelón por cuenta de unas cintas que se filtraron a los medios y que dejaron al descubierto la peor faceta del actor. Resulta que Grigorieva grabó una serie de llamadas en las que un Gibson colérico reconoce que le propinó una golpiza mientras cargaba a su hija de nueve meses, la amenaza con quemar su casa y le dice que si algún día la viola "un grupo de negros" será culpa suya por ser tan "provocadora".

Desde que las cintas comenzaron a ser publicadas por la página de Internet radaronline.com, se convirtieron en los contenidos más buscados en portales de entretenimiento de todo el mundo. A partir de ese momento, desde los tabloides más sensacionalistas hasta los periódicos más serios empezaron a especular con el futuro de Gibson, de 54 años. ¿Llegó el fin de su carrera?, se preguntaban.

Algunos aseguran que la fama del actor es inmune a sus salidas en falso y que, haga lo que haga, su profesión no se verá afectada. Según estos, sus películas seguirán siendo sucesos de taquilla y los escándalos le darán aún más publicidad. Hay otros que creen, sin embargo, que tanto las productoras como el público están hartos de su agresividad, su alcoholismo y sus comentarios machistas, racistas, homofóbicos y antisemitas. Una teoría que el propio Gibson parece reconocer en una de las grabaciones, cuando acepta iracundo: "¡Mi carrera está acabada!".

Pero el actor no siempre tuvo esa imagen por la que hoy muchos llaman a boicotear cualquier proyecto que produzca, dirija o protagonice. En los años 80, cuando el público todavía lo adoraba por su simpatía y buen humor, apareció en el programa de comedia Saturday Night Live burlándose de sí mismo y protagonizó una guerra de pasteles con Jay Leno en The Tonight Show.

"¿Puede regresar triunfalmente?", se preguntaba en una entrevista para la CNN Thomas Schatz, profesor de Cine en la Universidad de Texas y autor del libro El genio del sistema, que trata el negocio de hacer películas. "Es cierto que Hollywood ha tolerado muchas veces comportamientos reprochables, pero los estudios ponen una raya cuando la rentabilidad entra en la ecuación. Ingrid Bergman no trabajó en Estados Unidos durante varios años por su relación extramatrimonial con el director italiano Roberto Rossellini en 1949, y otras estrellas entraron a la lista negra por presuntas conexiones con el Partido Comunista".

Gibson nació en la pequeña ciudad de Peekskill, Nueva York, en el seno de una familia ultraconservadora. "Hice de Mel la misma clase de católico que soy, porque es el mayor beneficio que alguien puede tener", dijo alguna vez su padre, un empleado de la empresa estatal de ferrocarriles que recibió en 1968 una indemnización de 145.000 dólares tras sufrir un accidente laboral. Ese dinero, sumado al que ganó meses después en el famoso programa de concurso Jeopardy, le sirvió para mudarse con sus 11 hijos a Sydney, de donde es originaria la familia. Mel tenía entonces 12 años.

Después de graduarse del Instituto Nacional de Arte Dramático de Australia, participó en obras de teatro y una que otra serie de televisión local. Su carrera en el cine comenzó con Summer City, una película por la que recibió 400 dólares. Luego protagonizó Mad Max, la cinta que lo hizo célebre en Australia y puso los ojos de los cazatalentos estadounidenses sobre él.

Todos alababan entonces su puntualidad, su profesionalismo, sus valores católicos bien marcados y su amor por Robyn Moore, la asistente de dentistería con quien contrajo matrimonio a los 21 años. Era visto como una especie de hombre perfecto y actor completo, comparado varias veces con intérpretes legendarios como Steve McQueen, Clark Gable o Humphrey Bogart. Una imagen que mejoró aún más en los años 80, cuando la revista People lo eligió como el hombre más sexy del planeta y se consolidó como héroe de acción con su papel de policía temerario en la taquillerísima Arma mortal. Gibson se convirtió a partir de ese momento en uno de los actores más famosos y millonarios del mundo, y sus películas (El patriota, Lo que ellas quieren, Maverick y otras), en éxitos garantizados. Uno de sus puntos más altos llegó cuando dirigió y protagonizó Corazón valiente, cinta que se llevó cinco premios Óscar, entre ellos los de mejor película y mejor director.

En 2004, la revista Forbes le dio el título de la celebridad más poderosa del mundo y Time lo nombró Hombre del año junto al cineasta y activista político Michael Moore. Pero Gibson se negó a posar para una sesión fotográfica y a dar una entrevista, por lo que la portada fue para el presidente George W. Bush. Lo curioso es que ese mismo año empezó su debacle. La película La pasión de Cristo (escrita, producida y dirigida por él) desató protestas por parte de grupos de judíos que interpretaron como antisemita la forma explícita y violenta en que representa las últimas horas de Jesús.

No fue la última vez que chocó con seguidores de esa religión. En 2006, tras ser detenido por manejar borracho, le dijo a un policía que los judíos habían sido "los responsables de todas las guerras en el mundo". Aunque Gibson pidió perdón públicamente por orden de Ed Limato, su agente de toda la vida y a quien muchos le atribuyen la imagen de niño bueno que tuvo por décadas, pocos creyeron en su sinceridad.

Por esos días comenzó también la separación de su esposa, con quien tuvo siete hijos y duró casado casi 30 años. Luego de que la pareja anunció el año pasado su divorcio definitivo, unas fotos revelaron que Gibson tenía novia. Luego se supo que era Oksana Grigorieva y que estaba embarazada de una niña que bautizarían Lucía. Todo iba bien hasta que comenzaron a circular rumores de peleas caseras, una foto de ella con la cara reventada por supuestas agresiones de su novio y las cintas que ya la rusa le entregó a la policía de Los Ángeles. Nadie se atreve a dar por hecho que Gibson sea el hombre de las llamadas hasta que las autoridades no se pronuncien, pero todos concuerdan con que la voz es la del actor. Gibson, reconocido por sus problemas con el alcohol, también ha sido acusado de burlarse de los homosexuales y de llamar niggers a los afroamericanos. Después de los escándalos, la agencia que lo representó en los últimos tiempos (WME), decidió cancelar su contrato con él.

Ya Oliver Stone apoyó públicamente a Gibson, y dijo que saldrá adelante y que lo quiere ver en alguna de sus películas. Pero pocos analistas coinciden con él. "¿Que si pienso que Gibson se puede recuperar mañana?", reflexiona Ronn Torossian, representante de celebridades. "No creo. Pero sí le aconsejaría que se tomara unas largas vacaciones donde no haya ningún 'paparrazi'... ni mujeres rusas, preferiblemente".

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