Sábado, 21 de enero de 2017

| 2000/01/10 00:00

EL OTRO MONSTRUO

Sorpresa mundial al aparecer en Pakistán un asesino de 100 niños cuyo método era más macabro <BR>que el del homicida colombiano.

EL OTRO MONSTRUO

Cuando el mundo apenas se reponía de los escabrosos crímenes cometidos por el
colombiano Luis Alfredo Garavito, quien asesinó a 182 niños entre 1992 y 1999, un incidente de similares
proporciones sacudió la semana pasada a Pakistán. Cientos de personas con el alma en vilo se agolparon
frente a la estación de Lahore en busca de pruebas que les permitieran establecer si alguno de sus hijos
se encontraba entre las víctimas de Javed Iqbal, un extraño hombre que acosó sexualmente y asesinó a
100 niños cuyas edades oscilan entre 12 y 14 años.
Los desesperados familiares se armaron de valor y escarbaron en una inmensa pila de ropa en busca de algún
objeto personal o una fotografía que les confirmara el destino fatal de sus pequeños. Un zapato roído o una
camisa hecha jirones constituyen la única prueba pues Iqbal no sólo se conformó con matarlos sino que
luego sumergió sus cuerpos en tambores de ácido.
Las autoridades se enteraron de los crímenes debido a una carta en la que el homicida confesó sus actos.
Iqbal, de 38 años, describió sin remordimientos que sus acciones fueron impulsadas por los malos tratos que
él mismo había recibido. Según dice, el año pasado dos de sus sirvientes lo golpearon hasta desfigurarle el
rostro y cuando acudió a la policía para pedir auxilio no fue escuchado. Esta frustración lo deprimió hasta el
punto de querer suicidarse pero luego pensó que si moría era necesario que otros lo acompañaran en su viaje.
En su confesión Iqbal sugirió que allanaran su casa. Al llegar allí la policía encontró notas que indicaban el
lugar en el que estaban escondidas las fotografías, los objetos personales de los niños y las canecas de
químicos. Por lo que se ha podido comprobar, Iqbal es un hombre acomodado que utilizaba su dinero para
atraer a los adolescentes. Con engaños los llevaba a su residencia, los acosaba sexualmente y luego los
golpeaba con cadenas.
Su archivo incluye descripciones de cada víctima en las que anotaba datos familiares, dirección,
ocupación de los padres, características físicas, estado de salud y la fecha y hora exactas del crimen.
En la carta asegura que Alá está de su lado y que las muertes son el preludio de su suicidio, el cual ocurrirá
cuando se arroje a las aguas del río Ravi. Hasta ahora la policía no ha encontrado ningún cadáver en la zona,
lo que hace suponer que está burlando a las autoridades. Por el momento han sido capturados tres de sus
sirvientes, que reconocieron su complicidad en las matanzas, y Pakistán entero espera que en los
próximos días se dé con el paradero del terrible asesino que, en una semana, los vistió de luto.

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