Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1988/06/06 00:00

EL PADRE DEL SANEDRIN

Ideólogo del esquema gobierno oposición, Mario Latorre vivió y murió cerca de la política, pero lejos del poder

EL PADRE DEL SANEDRIN


Se consideraba el padre espiritual del esquema gobierno-oposición.
Y el mentor e inspirador del legendario Sanedrín de Virgilio Barco.
Sin embargo, y por esas paradojas de la vida, murió sin haber visto completamente realizado en la práctica ese modelo político que, con su enorme poder de convicción, logró venderle hace dos años al entonces candidato liberal. Amigo personal del Presidente y defensor a ultranza de los gobiernos de partido, Mario Latorre dijo a María Jimena Duzán en una de las pocas entrevistas que concediera --también la última--que "si este experimento no resulta, si no aprovechan los partidos políticos esta oportunidad histórica, todo el país se va a ir al carajo".
cariñosamente lo llamaban sus alumnos de la Universidad de los Andes, nació en San Gil, Santander, pero desde muy joven sentó sus reales en Bogotá. Se formó donde tradicionalmente se han formado muchos dirigentes del país: el Gimnasio Moderno y la Universidad del Rosario (1941).
En la capital se inició políticamente bajo el paraguas intelectual del liberalismo pragmático de Alfonso López Pumarejo, a quien no solamente profesaba profunda admiración, sino por quien, según sus amigos, sentia casi una obsesión.

Entre 1947 y 1948 estudio en la Universidad de Roma, y en 1950 viajó a Londres, en donde ingresó al London School of Economics and Political Science. En 1953 se especializó en la Universidad de París. La academia, pues, fue su principal caldo de cultivo. Fundador y decano de la facultad de Ciencias Politicas y Administración de la Escuela de Administración Pública, estuvo vinculado a la Universidad de los Andes desde 1969 y fue rector de la Universidad Nacional en dos oportunidades, donde hizo frente con su característico espíritu liberal a los tradicionales conflictos del principal centro docente del país. "No es lo mismo una huelga sindical que una protesta estudiantil--decía Latorre--Cuando esto último sucede hay que averiguar comprensivamente qué lo originó, qué se puede hacer, cuáles son las mejores soluciones (...) La universidad ni es ni puede ser un instrumento del Estado, mucho menos un instrumento demagógico".

Fue también magistrado de la Corte Suprema de Justicia y consejero de Estado, pero fue la Gobernación de Santander, según lo confesó en alguna oportunidad, el cargo público que más le gustó haber desempeñado.

Alto, flaco, de facciones angulosas y pronunciadas, con un abundante pelo tupido de canas, y unas cejas y bigote poblados que invitaban a la caricatura, Mario Latorre anticipaba con sus rasgos físicos, las características de su personalidad. Santandereano en sus actitudes y liberal hasta la médula del hueso, vivió y murió en función de la polémica, de la controversia, de la dialéctica. "Sus observaciones, agudas como sus pómulos, eran siempre para generar debate", afirma Juan Toeatlián, direetor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, uno de los centros académicos donde más cultivó su vocación por las ideas políticas.

Crítico, recio de carácter, audaz en sus comentarios, radical en sus principios, no utilizó nunca eufemismos para exponer sus puntos de vista: "Si dicen que el gobierno es una olla de grillos, pues sí. Resulta que el Partido Liberal ha estado compuesto por hacendados, campesinos, comerciantes, empleados, desocupados, emboladores y putas, y ojalá siga así. Y el Partido Conservador ha sido lo mismo.
Eso fue lo que llegó al poder. Eso es una olla de grillos. Es más... de alacranes". Asi, en forma directa, ruda, casi brutal, se expresaba ese hombre que, desde los albores del Frente Nacional, presintió que el modelo político que se había diseñado para ponerle fin a la violencia política, iba a desembocar en esa sociedad de democracia restringida que muy bien analizó en "Colombia, una sociedad bloqueada".

Intentó canalizar sus ideas políticas en una militancia que lo alineó en las filas del MRL allá por los años 60, desde donde intentó combatir el sistema bipartidista de cohabitación en el poder. Pero sus gestiones de entonces y sus ideas expresadas desde el periódico La Calle sólo lograron cristalizar ahora, muchos años después, cuando Virgilio Barco, con cuatro millones de votos, llegó a la Presidencia de la República. "El doctor Barco ganó sin los caciques (...) la línea política no la dieron los caciques. La dio el ingeniero Barco. (...) Lo que ocurrió en este pais es que se desmontó un sistema que tenía 30 años de existencia. (...) Ese país de cubilete y sacoleva del Frente Nacional se acabó", le dijo a María Jimena Duzán en esa entrevista de agosto de 1986, cuando por primera vez se confirmaba la existencia del Sanedrín, "unas reuniones borrascosas" cuyo eje era Gustavo Vasco, pero cuyo ideólogo era Mario Latorre.
Estuvo siempre cerca de la política, pero por voluntad propia lejos del poder. Ajeno a los privilegios, la fama y la figuración, se caracterizó siempre por la firmeza de sus convicciones, su lealtad a los principios liberales y su fidelidad a los amigos. Austero en su vida privada, "fue una de esas personas en las que sus cualidades podían confundirse con sus defectos. Su firmeza podía convertirse en dureza, su pragmatismo radical en agresividad" afirma Rodrigo Pardo, alumno suyo y actual asesor de imagen del presidente Barco. "Pero era, ante todo, un hombre íntegro, transparente, de carácter... "
Por una de esas ironías de la vida, Mario Latorre nunca ocupó la oficina que se le tenía preparada en la Casa de Nariño para, desde allí, seguir asesorando al presidente Barco en la ejecución del modelo gobierno-oposición del que había hecho su principal credo político. Don Mario, ese hombre de la más rancia estirpe liberal, y quien para García Márquez era la imagen viva del supérstite coronel de la guerra de los mil días, no pudo ganar su última batalla. --

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