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| 5/12/2012 12:00:00 AM

El papá de los superhéroes

Stan Lee cambió para siempre las historietas con personajes como El Hombre Araña, los X-Men y Los Cuatro Fantásticos. Ahora, con el éxito en taquilla de 'Los Vengadores', está llevando al cine el universo que creó en el papel hace medio siglo.

La batalla acaba de comenzar. Una lluvia de fuego cae sobre Nueva York mientras los ciudadanos corren en busca de refugio. Los soldados apuntan al cielo en vano. Sus balas no logran detener a los alienígenas y la humanidad está perdiendo. Pero no está sola: Iron Man, el Capitán América, Hulk, Thor, la Viuda Negra y Ojo de Halcón se reúnen para luchar juntos por primera vez. Los Vengadores, como se les conoce, nacieron para enfrentar villanos invencibles. "Si no salvamos la Tierra, al menos vamos a vengarla", prometen.

La primera versión de ese enfrentamiento tuvo lugar hace 48 años en el papel y hoy se repite en la pantalla grande. Los Vengadores están de vuelta, ya no solo para desterrar a los malvados, sino para romper los récords en taquilla. Solo en los tres primeros días recaudaron 200 millones de dólares y destronaron a Harry Potter y las reliquias de la muerte como la película más exitosa en su estreno. Las historietas que en los años sesenta nutrieron la imaginación infantil hoy son el motor de Marvel, un emporio multimedia de filmes, libros, juguetes, televisión, franquicias, juegos de video, aplicaciones de internet y hasta cómics digitales. Lo que pocos saben es quién es la mente maestra de semejante hazaña. Se trata de Stan Lee, de 89 años, el genio que inventó Los Vengadores y otros 300 personajes.

Stan The Man, como le dicen, también creó, junto a dibujantes como Steve Ditko o Jack Kirby, a Los Cuatro Fantásticos, el Hombre Araña, Hulk o El Hombre Increíble, Iron Man, Daredevil y los X-Men. Lee, descendiente de inmigrantes rumanos que soñaba con escribir novelas al estilo de su ídolo sir Arthur Conan Doyle, llegó a los los cómics por accidente en 1940. Con 17 años consiguió un empleo en una editorial neoyorquina llamada Timely Comics, que luego se convirtió en Marvel. Allí recibía ocho dólares por semana a cambio de servir los cafés y tajar los lápices. Pensaba permanecer pocos meses, pero terminó por más de medio siglo en el que cambió los paradigmas de este género editorial.

En 1941 debutó como guionista del Capitán América, con la única condición de firmar como Stan Lee y no con su nombre verdadero, Stanley Martin Lieber. Conservaba la esperanza de saltar de las historietas a la literatura, así que para no manchar su imagen usó ese nombre, que luego terminaría adoptando. Veinte años más tarde, ya en el cargo de editor jefe, lideró la Revolución Marvel.

Hacia los años sesenta, los superhéroes habían perdido popularidad y en Estados Unidos se les acusaba de incitar a la violencia, la homosexualidad y la pedofilia. D.C., la editorial más grande entonces, dueña de los icónicos Superman y Batman, había incursionado exitosamente con La Liga de la Justicia, un nuevo tipo de historieta donde los protagonistas actuaban en equipo. Stan no tenía nada que perder, así que creó la versión de Marvel, Los Cuatro Fantásticos. Esta familia de científicos que adquirieron poderes en una tormenta cósmica, fue la primera de una serie de personajes que conformarían un populoso e interconectado universo de dibujos, y serían la base del éxito actual en la pantalla grande.

Hasta entonces, los protagonistas eran íconos como la Mujer Maravilla, extraterrestres como Superman y hombres perfectos como Batman. Pero Lee se empeñó en crear superhéroes fallidos, vanidosos, con conflictos, decepciones amorosas y cuentas pendientes. Hulk, por ejemplo, es un monstruo perseguido por la ley, mientras que El Hombre Araña es el primer superhéroe adolescente, al que una araña radioactiva le confirió poderes.

Pero ahí no termina la lista de fenómenos, desadaptados, neuróticos y seres marginales que Lee llevó al Olimpo de los superhéroes. Daredevil es un abogado ciego que en las noches se transforma en justiciero; Thor, un dios nórdico, sufre de cojera en su condición de humano; Iron Man, multimillonario playboy, padece una enfermedad cardiaca, y los X-Men son un grupo discriminado por sus mutaciones. Esta nueva generación de 'ídolos de papel', creada en cinco años, transformó tanto a la industria del cómic estadounidense que los expertos han bautizado esa década como la Era de plata. Después de Superman y Batman, de los años treinta, Lee cambió el modelo: historietas conectadas con las preocupaciones de la realidad como la amenaza nuclear, el racismo, los derechos civiles, el consumo de drogas y el armamentismo.

También tuvo una visión digna de Rico McPato. Comercializó las licencias de sus dibujos y expandió a Marvel, que pasó de ser una pequeña editorial a una corporación adquirida por Disney en 2009 por 4.000 millones de dólares. Justamente, lo comparan con el creador de Mickey Mouse, pues, así como él trasladó su mundo a una cadena de parques, Lee pasó sus creaciones al celuloide y sus personajes también están arraigados en la cultura popular. Pero quizás su mayor aporte fue el Universo Marvel. Antes, las historietas vivían en mundos ficticios, como Batman en Ciudad Gótica y Superman en Metrópolis. Lee, tan arraigado en Nueva York, ubicó a sus héroes en esa urbe, en un mismo escenario.

Su impacto fue tal que durante mucho tiempo los cómics de Marvel comenzaban con la frase "Stan Lee presenta". Y no es para menos, Stan The Man es una leyenda. Tiene su estrella en el paseo de la fama de Hollywood y sigue siendo, ya retirado, presidente emérito de Marvel y productor ejecutivo de sus películas. También tiene su propia compañía, que desarrolla historietas por descarga para celulares, y es el protagonista del cómic Stan Lee's Mighty 7, en el que interactúa con sus creaciones.

Lee nunca para de trabajar, pues su otra pasión es aparecer en cámara. Salió en Los Simpson, ha actuado en The Big Bang Theory y presentó un documental que buscaba personas con habilidades extraordinarias. Además, se asegura de aparecer en cameos: en X-Men, de 2000, es un vendedor de hot dogs; en Hulk, de 2003, un guardia; en Iron Man, de 2008, lo confunden con Hugh Hefner; en Capitán América, de 2011, hace de general, y en Los Vengadores aparece como un ciudadano que duda de la existencia de los superhéroes. "Si pudiera elegir mi súperpoder, me llamaría Cameo Man y, así como lo hago en las películas, tendría la capacidad de ser cualquiera y sorprender -confesó en una entrevista a CNN-. Pero para eso tengo al cine y a mis historietas, para hacer realidad lo que imagino. Por eso es tan divertido mi trabajo".
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