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| 4/7/2012 12:00:00 AM

El paracaidista que quiere ir al infinito y más allá

El austriaco Felix Baumgartner quiere ser el primer hombre en romper la barrera del sonido al lanzarse desde las puertas del espacio, a cerca de 40 kilómetros de altura. Aunque es experto en saltos imposibles, cualquier error puede ser fatal. SEMANA habló con él.

Felix Baumgartner burló todos los controles de seguridad del cerro del Corcovado, en la noche se escabulló dentro de la estatua del Cristo Redentor y en la madrugada escaló los 38 metros del coloso. Se paró en la mano derecha de Jesús, divisó la imponencia de Río de Janeiro y, cuando el sol salió, saltó al vacío. Por un instante cayó en picada y, al siguiente, su paracaídas se abrió y flotó sobre las favelas. Acababa de romper el récord Guinness del salto a menor distancia desde un punto fijo, pero no tuvo tiempo de celebrar porque las autoridades lo perseguían. Estas hazañas son ilegales en Brasil, así como en la mayoría de los países, por su alta peligrosidad.

Desde entonces han transcurrido más de diez años y Félix ha pasado varias noches en las cárceles del mundo por su costumbre de saltar de los rascacielos y los accidentes geográficos más altos del planeta. Pero ni las rejas lo han detenido y con el paso del tiempo ha perfeccionado sus técnicas para evadir a las autoridades y, también, para saltar. Se arrojó desde el viaducto francés de Millau, a 340 metros del suelo; saltó de cara a los 200 metros de profundidad de las cuevas de Mamet, en Croacia; se lanzó desde el Taipei 101 en Taiwán, de 509 metros, y fue el primer hombre que sobrevoló el Canal de la Mancha con unas alas de carbono.

Una hoja de vida impresionante para cualquier mortal, pero no para él, el dios de los cielos, como lo llaman sus admiradores. Félix, de 41 años, busca ir más allá de lo imposible y ahora, en una hazaña que para muchos es suicida, planea saltar desde un globo de helio a 36.600 metros de altura, a las puertas del espacio. De lograrlo, romperá cuatro récords mundiales simultáneamente: el vuelo más alto de un globo tripulado, el salto desde mayor altura, la caída libre de mayor duración y el primer paracaidista en romper la barrera del sonido. Sin embargo, ya varios han perdido la vida intentando superar marcas similares.

La última víctima mortal fue Nick Piantanida, hace más de 15 años, cuando su equipo de oxigeno falló y terminó en un coma profundo del que nunca despertó. Los seres humanos no son bienvenidos en la estratosfera, pues las temperaturas descienden hasta los 70 grados bajo cero, la presión atmosférica es mínima y el aire es tan delgado que sin una máscara de oxigeno cualquier persona se asfixiaría. Y es que desafiar las leyes de la física es el máximo reto de Felix y su equipo. Por eso la misión Red Bull Stratos reclutó una nómina de lujo con más de 30 especialistas de la Nasa y veteranos de la Fuerza Aérea estadounidense, incluido al capitán Joe Kittinger, que en 1960 hizo historia al lanzarse desde 31.300 metros de altura. Todos trabajaron durante más de tres años para construir el globo de helio, de 56 pisos, que está unido a la cápsula espacial que llevará al paracaidista más allá de la capa de ozono, después de tres horas de ascenso.

Una vez allí, la cabina se abrirá y el austriaco, protegido por un traje aeroespacial, dará el gran salto hacia lo desconocido. A partir de ese instante todo son meras especulaciones, pues ningún otro hombre ha hecho algo parecido ni ha soportado condiciones ambientales tan extremas. Se espera que durante los primeros 30 segundos de su caída alcance los 1.234 kilómetros por hora y pulverice todas las marcas. En esta etapa tendrá que mantener una posición estable pues, si pierde el control de su cuerpo por un momento, podría comenzar a girar hasta quedar inconsciente.

Eso, sin contar lo que podría suceder si su 'armadura' se llega a romper mientras atraviesa la barrera del sonido. Entonces sus líquidos corporales hervirían, el frío podría necrosar sus extremidades, sus pulmones colapsarían, su cuerpo se hincharía hasta dos veces su tamaño normal y, finalmente, su cerebro dejaría de funcionar. Pero ahí no terminan los riesgos. Tras superar esos instantes críticos, debe desplegar el paracaídas exactamente a los 1.500 metros. "Si llega a abrirlo antes, no habría aire suficiente para que se infle y si se demora no alcanzaría a amortiguar la caída -le explicó a esta revista Ricardo Ospina, director técnico nacional de Paracaidismo en Colombia-. Además, es imposible determinar exactamente dónde va a aterrizar, pues incluso una leve brisa puede desviarlo de su curso cientos de kilómetros".

Aunque muchos lo llaman el kamikaze del espacio y apuestan a que no sobrevivirá, para Felix vale la pena el riesgo. "El miedo es mi amigo, me dice cuándo continuar y cuándo detenerme y en esta ocasión me reta a dar este salto. Confío plenamente en mi equipo y no sería parte de esta misión si no supiera que tenemos el éxito asegurado", le dijo a SEMANA. De hecho, hace unos días se lanzó desde 22.000 metros y comprobó que todos los sistemas, la cápsula y el globo funcionaban en condiciones reales. Pero como ninguna precaución sobra, en las próximas semanas hará otro ensayo desde los 27.000 metros antes de que intente completar la misión en mayo.

Para este hombre de récords, que ya demostró que es capaz de volar sin alas, este proyecto se trata de hacer algo para la posteridad, de dar un paso en la colonización del universo y el rescate de los astronautas en plena trayectoria. "Puede que un día la gente mire atrás y diga que nosotros ayudamos a desarrollar el traje que llevan en el espacio. Si he de perder la vida escribiendo el futuro y de manera heroica, no encuentro una mejor manera".
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