Jueves, 19 de enero de 2017

| 1996/08/19 00:00

EL PARIENTE DE ADAN

Un español, Sergio de San Marcelo, ha logrado establecer su árbol genealógico por 138 generaciones: hasta el mismísimo Noé.

EL PARIENTE DE ADAN

Hoy en día, con el auge de las genealogías, no resulta difícil saber el origen de la mayoría de los apellidos ni conseguir una copia del escudo de armas. En los corredores de los centros comerciales de Bogotá, en cualquier librería de Madrid o de Washington y hasta en Disneyworld, en la Florida, hay alguien con un computador del que salen estos datos en cuestión de segundos. Lo que no resulta tan fácil, sin embargo, es saber a ciencia cierta los nombres y apellidos de los ancestros. En Colombia, por ejemplo, escasean los que saben verdaderamente quiénes fueron sus tatarabuelos, y son menos todavía los que se han dedicado a rastrear su sangre hasta antes de la Conquista a pesar de que existen libros que ayudan cantidades, como las Genealogías de Santa Fe de Bogotá, de Raimundo Rivas, o el Diccionario biográfico y genealógico del antiguo departamento del Cauca, de Gustavo Arboleda. Por eso quienes han logrado elaborar un árbol genealógico hasta antes del siglo XV se dan por bien servidos. Algunos llegan incluso a sentirse de sangre azul. Pero no es para tanto, porque a partir de diciembre el Libro Guiness traerá un récord sorprendente: el de un español que ha logrado hacer su genealogía nada menos que hasta Adán y Eva. Se llama Sergio de Jesús de San Marcelo y Vassallo, quien al haber establecido sus antepasados en línea directa a lo largo de 138 generaciones, acaba de superar ampliamente a Wei Yi, un taiwanés que ostentaba la marca pues había identificado 85 generaciones de ascendientes hasta el propio Confucio, que habría nacido en el año 551 antes de Cristo.
2304 A.C.
Lo curioso del asunto, y lo que genera la gran duda, es que si San Marcelo logró encontrar el camino generación tras generación, hasta Adán y Eva, se confirmaría la teoría de que Dios creó al mundo en un sólo acto. Pero si bien no es así exactamente, la verdad es que el trabajo de San Marcelo no deja de ser asombroso pues, de acuerdo con los documentos que posee, ha podido seguir el curso de su linaje hasta Noé, el capitán del arca mencionada en La Biblia, lo cual significa haber desenredado el ovillo hasta el año 2304 antes de Cristo, cuando se produjo el diluvio universal. ¿Cómo? Según dijo a SEMANA, que lo entrevistó en su apartamento de Zamora, España, al principio fue una simple labor de genealogista aficionado. La idea era recopilar la información que tenía su familia sobre los ancestros cercanos, para lo cual recurrió a los registros de los juzgados, que en España comenzaron a elaborar este tipo de documentos en 1870. Luego el asunto se complicó, pues no tuvo más remedio que acudir a las partidas eclesiásticas, con el inconveniente de que en ciertas iglesias el sistema de llevar el recuento de nacimientos se inició apenas en 1498. Pero la circunstancia de estar en Zamora lo benefició. En efecto, como la ciudad fue en España una especie de capital de hecho durante los cuatro siglos comprendidos entre Fernando I y Carlos V, y como cerca de ella nacieron Alfonso VI, Fernando III el Santo y Alfonso IX, los sacerdotes encargados del registro en la catedral eran muy cuidadosos al levantar las partidas. Aparte de eso, Zamora no se vio afectada gravemente por la guerra civil. Una vez descubiertos sus ancestros directos hasta Furubundo -tatarabuelo de Clodoveo, primer rey de la segunda época de los francos y quien vivió en el año 300- San Marcelo pensó que era imposible avanzar más. No había documentos, partidas, nada. Fue entonces cuando un golpe de suerte lo sacó del atolladero. Resolvió contarle el cuento a un amigo, profesor de griego de la Universidad de Salamanca, y éste, admirado por el trabajo, le prestó un incunable de la biblioteca universitaria -Historia de la vida y los hechos del emperador Carlos V, rey católico de España y de las Indias, Islas y tierra firme del Mar Océano-, escrita por fray Prudencio de Sandoval, que contiene las genealogías del emperador hasta Adán y Eva, extractadas de los archivos del Vaticano. De esta manera identificó un antepasado común suyo y de Carlos V, y siguió adelante.
Veinte mil antepasados
Para San Marcelo hay datos perfectamente controvertibles en esa historia acerca de Adán y Eva. Uno de ellos, por ejemplo, es la edad a la que murió Adán, así como el tiempo que vivieron sus descendientes inmediatos. Según se desprende de ella, entre el año en que nació Adán (3960 antes de Cristo) y la fecha del diluvio sólo hubo nueve generaciones, de modo que Adán habría vivido 930 años, y su hijo Seth, su nieto Enoc y su biznieto Malaleel, aproximadamente lo mismo. Matusalén, que se ubica siete generaciones debajo de Adán, sería el más longevo: habría muerto a los 969 años. Pese a los beneficios de la técnica, el árbol genealógico de San Marcelo no está en disquete de computador sino en hojas escritas a mano, en diferentes colores e ilustradas con centenares de escudos de armas, también dibujados por él. Se encuentran unidas con pegante corriente en un libro parecido a un acordeón, y al estirarlas alcanzan a medir 1,60 metros. Allí aparecen 20.000 antepasados directos, dentro de los cuales hay más de 1.205 reyes, 445 emperadores, 48 príncipes, 14 marqueses, 290 condes, 315 señores nobles, 20 prefectos de las Galias y ocho augustos imperiales. Se cuentan también 37 obispos -cuando se podían casar-, así como 16 santas y 17 santos. La lista va desde Federico I Barbarroja hasta Santa Clotilde, pasando por un salpicón de personajes como Don Pelayo, Felipe el Hermoso, San Luis IX rey de Francia, Atila el rey de los hunos, Guillermo el conquistador de Normandía, Héctor el rey de Troya, Alfonso X el Sabio, Santa Isabel de Hungría, Ludovico Pío y hasta Conan el bárbaro, un caudillo de la Bretaña ahora popularizado por Arnold Schwarzenegger. Nada de eso quiere decir que Sergio de Jesús de San Marcelo sea uno de los pocos nobles que quedan en el mundo. Todo lo contrario. No posee títulos nobiliarios, ni castillos, ni fortuna. Es un hombre modesto, de 56 años, que estudió hasta cuarto de bachillerato, después fue mesero, sastre y ayudante de comercio y se jubiló en 1980, momento en que comenzó a investigar. Afirma que su apellido no es en realidad San Marcelo sino Avedillo, y que el cambio obedece a que su abuelo paterno era hijo natural. Y asegura que "en últimas, todos terminamos siendo parientes. Sólo hay que imaginar que si contamos nuestros antepasados hacia atrás hasta la generación 50, el total da algo más de 137 billones".
Ni trono ni reino
Como es lógico, cuando alguien elabora su genealogía tropieza con nombres chistosos y hasta ridículos. San Marcelo no es la excepción. En su caso ha encontrado ancestros con apellidos como Malduermes o Quiebrapuertas y otros con los de Conejo Guisado, y ha confirmado que la inmensa mayoría de sus antepasados fueron gente común: obreros, cocineras, marinos o carpinteros. Porque en cuanto a antepasados hay de todo: "Uno de mis bisabuelos, por ejemplo, era hijo del superior de un convento franciscano y de una de las ocho molineras del pueblo, cuya identidad, a pesar de enormes esfuerzos, me ha sido imposible establecer. Quizá si en el pueblo sólo hubiera habido un molino la cosa sería distinta...". Al fin y al cabo, en lo que se refiere a linajes exentos de adulterios e hijos ilegítimos, nadie puede tirar la primera piedra. Ni siquiera un tipo con la genealogía garantizada hasta Adán.

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