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| 4/22/2006 12:00:00 AM

El que peca y reza...

Si antaño los actores se desvivían por promover su tendencia política, ahora sucede lo mismo con su religión. Esto es lo que las estrellas hacen por sus creencias.

La fe mueve montañas y los creyentes no sólo son capaces de subir a Monserrate de rodillas. Para algunos es tan grande su fervor, que les da por cambiar de estilo de vida, y también de nombre, como es el caso de Cassius Clay, que se convirtió en Mohammed Alí al adoptar la religión islámica. El cantante Cat Stevens también siguió los pasos del profeta Mahoma y se transformó en Yusuf Islam, dejó de cantar música laica e incluso apareció en una lista de seguridad nacional de Estados Unidos contra el terrorismo. Otros optan por la sana costumbre de sólo tomar agua bendita desde su nacimiento, por un selecto grupo de rabinos en Jerusalén, como lo hace Madonna, quien no bebe nada más que el agua Kabbalah, llamada así por el culto del mismo nombre. Y los más comprometidos con su causa espiritual llegan al punto de crear su propia congregación, como lo hizo el católico tradicionalista Mel Gibson, quien construyó un templo para los miembros de la Iglesia de la Sagrada Familia, de la cual fue uno de los fundadores.

Ahora los famosos, ade-más de promover el lanzamiento de sus películas y discos, han convertido en una tendencia el aprovechar cualquier cámara o micrófono para hacerles publicidad a sus creencias religiosas. El más hábil en esta materia es Tom Cruise, quien ha llegado al punto de enfrentarse con sus colegas por defender los puntos más importantes de su fe, la cienciología que practica desde hace 20 años. La táctica, al parecer, le ha dado resultado. Pese al escrutinio y el cuestionamiento alrededor de este culto, del que se ha dicho que cree en la posesión de las almas humanas por parte de entidades extraterrestres, y hasta que explota económicamente a sus adeptos, la cienciología sigue despertando curiosidad, conquistando seguidores y para algunos, este interés se refleja en las cifras en taquilla de Tom Cruise.

Por lo menos eso fue lo que sucedió con La guerra de los mundos, que recaudó 113,3 millones de dólares en Estados Unidos en su semana de estreno, después de que el actor alternara en sus intervenciones la emoción por su nueva película, su nuevo amor Katie Holmes y su religión. Durante el rodaje de la película, dirigida por Steven Spielberg, Cruise montó una carpa en donde un grupo de cienciólogos estuvieron divulgando sus preceptos a los actores, y defendiéndose de las críticas.

John Travolta, otro famoso más entre los ocho millones de seguidores de esta Iglesia, no corrió con la misma suerte que Cruise en su labor de promulgarla. En 2000 produjo y protagonizó la película Battlefield Earth, basada en una de las novelas de L. Ron Hubbard, fundador de esta fe. La cinta tuvo un costo de 100 millones de dólares y recaudó sólo 21,5 millones.

Otra fe de moda en Hollywood es la Kabbalah. Se trata de un misticismo judío que a partir del estudio del Zohar, el libro del esplendor de la Torah (Biblia judía), dice ayudar a sus seguidores, entre otras cosas, a controlar su ego y calmar su temperamento. Madonna, su gran promotora desde 1997 y quien se hace llamar Esther, nombre judío, ha ayudado a que este culto se convierta en un fenómeno. Cada vez más estrellas lucen en su muñeca izquierda un cordel de lana roja bendecida, que se supone los protege contra el famoso mal de ojo y las envidias ajenas, y que tiene un valor de 26 dólares. Cuando ocurrió la tragedia del tsunami en Asia, la ayuda de la cantante consistió en enviar miles de cajas con botellas de agua Kabbalah, por los poderes curativos que le atribuyen. Además, ella habría donado 30 millones de dólares para construir centros de Kabbalah en todo en mundo. Aunque esta práctica no es considerada una religión como tal, quienes se entregan a esta creencia lo hacen por completo. Demi Moore y Ashton Kutscher se casaron en secreto el año pasado en una ceremonia de este rito.

Los budistas no se quedan atrás. Richard Gere, amigo personal del Dalai Lama, no ha desaprovechando las oportunidades para abogar por la liberación del Tíbet. Tanto es así, que no sólo donó el dinero de la venta de su mansión de 10 millones de dólares a esta causa, sino que durante la presentación de un premio en la ceremonia de los Oscar tuvieron que cortar su intervención por criticar la represión china. A su religión pertenecen también Goldie Hawn, Keanu Reeves, Orlando Bloom y Uma Thurman cuyo padre fue el primer monje tibetano occidental.

Por otra parte, La Pasión de Cristo, además de haberse convertido en un increíble éxito de taquilla, también fue la prueba máxima de la gran devoción ultracatólica de Mel Gibson. Las productoras rechazaron el proyecto en repetidas ocasiones por considerarlo muy violento y con un tono antisemita. Gibson sacó 50 millones de dólares de su bolsillo para producirla y su sacrificio se vio recompensado al recaudar 500 millones de dólares.

Ser fervientemente creyente parece estar convirtiéndose en una moda. Y los reyes del fashion no desean quedarse atrás. El problema es por cuál de las múltiples opciones decidirse. A David y Victoria Beckham se les ha visto con libros de cienciología, y luego luciendo el cordel rojo de la Kabbalah. Pero todo indica que se quedan con su fe anglicana, pues le invirtieron 192.000 dólares en una capilla en su mansión para bautizar ahí a sus hijos.
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