Lunes, 23 de enero de 2017

| 2009/03/21 00:00

El pirata ecológico

Para muchos, los métodos violentos del capitán Paul Watson lo convierten en un terrorista. Pero para sus seguidores es un héroe con la misión de salvar a las ballenas.

Paul Watson fundó Sea Shepherd en 1977 para proteger la fauna marina, especialmente las ballenas, aun al punto de arriesgar su propia vida

En las heladas aguas de la Antártida, un pirata barbado se ha convertido en el terror de los buques que llegan hasta esa zona a cazar ballenas con inmensos arpones. Apenas divisa a lo lejos uno de los balleneros, el canadiense Paul Watson, al mando de su barco Steve Irwin, prepara su artillería: bombas fétidas, de humo, o que dejan la cubierta resbalosa, pistolas que disparan puntillas y obstructores de hélices. Con eso intenta disuadir a sus enemigos, particularmente a los japoneses, de que sigan cazando a una especie que Watson y su tripulación están dispuestos a defender, así en el esfuerzo corran el riesgo de perder sus vidas.

"Este año, los japoneses nos atacaron con armas acústicas y cañones de agua", contó Watson a SEMANA, poco antes de estrenar en América Latina el programa Defensores de ballenas, que presenta sus aventuras en el canal Animal Planet. "Nos han lanzado grandes pedazos de metal y pelotas de golf. Hace poco recibimos una amenaza de bomba en Tasmania y el año pasado me dispararon. De no ser por el chaleco antibalas, habría muerto", contó este capitán de 58 años, quien vivió su niñez en los bosques canadienses cerca del lago Ontario.

Desde entonces nació su pasión por los animales y, luego de escapar de su casa porque su padre lo maltrataba, Watson se alió en 1971 con un grupo de activistas para fundar Greenpeace, organización que se ha hecho famosa por proteger el medio ambiente. Pero seis años después fue expulsado, pues su agresividad, sus ganas de convertirse en justiciero de los mares y su pasión por estar en el límite de lo legal, no estaban en la misma línea de esa entidad que se autoproclama pacifista. Por eso decidió crear la sociedad conservacionista Sea Shepherd. Estableció sus propias reglas, reclutó voluntarios, consiguió su primer barco y hasta diseñó una bandera pirata con una calavera y un tridente.

Desde ese momento, las opiniones sobre su trabajo se han dividido entre quienes lo apoyan por desligarse de la burocracia y actuar con decisión en defensa de la vida marina, y quienes lo rechazan por extremista, anárquico y temerario. Estrellas como Mick Jagger, Sean Penn, Orlando Bloom y Pierce Brosnan creen en su estrategia y lo han alentado a seguir trabajando por las ballenas, a la vez que Watson también ha sido denunciado en países como Islandia, Dinamarca, Noruega, Canadá, Japón y Costa Rica, muchos de ellos balleneros, y pasó 80 días en una cárcel de Holanda.

No son pocos quienes lo critican por egocéntrico y por arriesgar la vida de sus tripulantes para ganar publicidad o para generar tensiones en los gobiernos. Hace poco, altos oficiales japoneses debieron salir a dar explicaciones cuando Watson convenció a dos de sus voluntarios, un australiano y un británico, de que abordaran un ballenero japonés para luego, cuando fueron retenidos por subirse ilegalmente a la embarcación, informar a los medios que habían sido secuestrados. También generó un intenso debate político en Australia por su campaña contra los barcos japoneses en ese territorio y hasta videos de sus travesías fueron decomisados por la Policía australiana. Pero Watson se defiende: "No somos respetables, no somos amables. No somos educados. Nos ensuciamos en los mares más hostiles, molestando a la gente mientras nos ganamos enemigos. Sí: muchos y muchos enemigos. Y cuantos más tengamos, mejor", escribió el 9 de marzo en una columna de opinión.

El problema en aguas internacionales es que tanto los tripulantes de Sea Shepherd como los barcos balleneros creen tener la ley de su lado. Watson basa su ofensiva en que los buques japoneses no están pescando ballenas con fines investigativos, como argumentan. Por el contrario, el canadiense considera que pescar 1.000 ballenas al año no puede ser sino por intereses comerciales, lo que es rechazado internacionalmente. Además, se remite a la Carta Mundial de la Naturaleza, que permite a las ONG hacer valer leyes internacionales de conservación. A pesar de ello, no dejan de ser controversiales los métodos violentos de Sea Shepherd, como chocar otros barcos en altamar o destruir sus hélices.

Para Watson esos debates son normales, pues él ha estado inmerso en ese tipo de turbulencia desde su juventud. Se ha divorciado tres veces; desde los años 70 es conocida su enemistad con Greenpeace y no le importa dar argumentos tan políticamente incorrectos como que el "cáncer es una cura para los problemas de la naturaleza" porque "hay que reducir la población humana de manera radical e inteligente a menos de 1.000 millones", o que la raza humana es un virus que está acabando con el planeta Tierra. Por eso defiende a los animales y en especial a las ballenas, no sólo porque le parecen importantes desde el punto de vista ecológico, sino sobre todo porque las considera más inteligentes que los seres humanos.

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