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| 8/25/1997 12:00:00 AM

EL PRIMER MINISTRO

Como jefe de la recién creada cartera de Cultura, Ramiro Osorio tendrá que sentar las bases para que la gente empiece a creer en las bondades de un ministerio controvertido.

el nombramiento estaba cantado. A pesar de los rumores de la prensa alrededor de las candidaturas de la directora saliente de Colcultura, Isadora de Norden, y del actual asesor presidencial para asuntos culturales, Juan Gustavo Cobo Borda, como firmes aspirantes a estrenar el Ministerio de Cultura, en el interior del gobierno era claro que el puesto más alto de la nueva cartera tenía desde hace rato nombre propio: el de Ramiro Osorio.Dos razones de peso respaldaron la decisión. La primera, su trayectoria como administrador cultural, que lo llevó de ser protagonista esencial en la organización y despegue del ya tradicional Festival Iberoamericano de Teatro, a la dirección de Colcultura, en la cual a comienzos de los 90 lideró el vuelco total de la institución con una ley que no sólo garantizó mayor presupuesto a la entidad sino que brindó los espacios necesarios para la descentralización cultural con la creación, entre otras cosas, de los Fondos Mixtos. La segunda razón es el hecho de haber sido él mismo el abanderado de la idea del Ministerio y el redactor general del primer proyecto, en el cual se basó buena parte de la ley que firmará el presidente Ernesto Samper el 7 de agosto, precisamente el día en que Ramiro Osorio tomará posesión de su nuevo cargo. Aunque no hay duda de que Osorio es uno de los trabajadores de la cultura mejor preparados para asumir las riendas del Ministerio en sus inicios, tampoco la hay en el sentido de que su nombramiento no hace parte de un simple protocolo de agradecimiento presidencial por su labor en defensa de la nueva ley. De entrada, Osorio tendrá que constituir una cartera a la que le ha tocado convivir con el fantasma de la burocratización desde antes de su nacimiento. Un fantasma frente al cual han surgido duros fiscalizadores, entre ellos el propio Gabriel García Márquez, quien aseguró al diario El Tiempo que "por mucho que trabaje Ramiro en el Ministerio de la Cultura no logrará trabajar más que yo en contra del Ministerio". Para contrarrestar estas inquietudes Osorio cuenta con dos armas fundamentales: la experiencia y la credibilidad. Durante su trayectoria el nuevo Ministro no sólo se ha ganado la confianza de los gestores culturales como un hombre serio y eficiente, sino que además tiene fama de llevar a cabo lo que se propone. Todo esto, unido a su conocida capacidad de convocatoria, han hecho pensar a propios y extraños que, por lo menos en su primer año de vida, el Ministerio de Cultura ha quedado en buenas manos. A Osorio, por supuesto, le toca demostrarlo.
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