Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/06/04 00:00

El principito, referente universal

Se cumplieron 70 años de la publicación de la obra de Antoine de Saint-Exupéry en una Francia devastada tras la ocupación nazi.

La editorial Gallimard publicó en Francia en 1946 el libro escrito por Antoine de Saint-Exupéry, y fue el primer germen de inocencia en un continente devastado. Foto: A.F.P.

Audaz, temerario, pero a veces torpe y distraído. En los aires, el padre de El principito tenía tantas cualidades como defectos. El primero de mayo de 1923, Antoine de Saint-Exupéry se estrelló en un Hanriot HD-14 en Le Bourget, al norte de París. Afortunadamente solo sufrió algunas contusiones. Diez años después, en un intento por romper el récord de viaje entre París y Saigón, chocó contra una meseta en el desierto Líbico y salió ileso. En 1940, su Bloch 174 fue acribillado en Arras por los nazis, lo que lo obligó a aterrizar de emergencia. La humanidad corrió con suerte: a pesar de todos sus accidentes, el aviador vivió lo suficiente para escribir El principito, el libro más querido del mundo.

 Hace 70 años, la editorial Gallimard publicó en Francia el libro escrito por Saint-Exupéry en Estados Unidos. En esa primavera de 1946, el país europeo apenas comenzaba a reconstruirse luego de cuatro años de ocupación nazi. El principito fue el primer germen de inocencia y candor en un continente devastado por la Segunda Guerra Mundial y no tardó en convertirse en un referente literario y cultural para todas las generaciones.

Para festejar este cumpleaños, las ciudades de París y Versalles le dedicaron una exposición, monedas de colección se produjeron en su honor y dos nuevas ediciones de lujo y una nueva enciclopedia sobre la obra fueron publicadas. Hasta el parque Le Petit Prince aprovechó para inaugurar nuevas atracciones. Hoy, en el mundo se han vendido más de 150 millones de ejemplares del libro. En Francia, casi todas las familias lo tienen en su biblioteca. El relato ha sido traducido a 288 lenguas, incluyendo el guaraní, el panyabí oriental en India y el esperanto, el idioma mundial. Es uno de los pocos libros en el mundo que no necesita presentación ni resumen.

El éxito de El principito radica en la profundidad de su filosofía presentada a través de alegorías universales.  El aviador del relato, alter ego de Saint-Exupéry, enfrenta la soledad del desierto y el misterio de los cielos luego de la caída de su avión en el Sahara. Con la aparición del principito en la Tierra y la narración de sus viajes a diferentes planetas, la obra se convierte en una reflexión sobre la condición humana, sus pretensiones, sus excesos, sus egoísmos, sus absurdos, sus miserias. Todo esto es encarnado en las figuras del monarca, el vanidoso, el borracho, el hombre de negocios, el encendedor de faroles y el geógrafo que el principito visita.

Esa bella alegoría fue imaginada por un hombre que pasó más tiempo en el cielo que en la tierra. El lionés Antoine de Saint-Exupéry se volvió piloto cuando tenía 21 años, luego de haber fracasado en las pruebas para entrar a la escuela naval. En esa época lo llamaban Pique la Lune (Chuza la Luna), porque al parecer siempre andaba distraído y, ensimismado, miraba constantemente las estrellas. Este defecto de soñador le acarrearía algunos incidentes en sus aviones. Sus trabajos en una compañía de correos y como periodista lo llevaron a surcar los cielos de Argelia, Marruecos, España, Argentina, Vietnam y Rusia.

La guerra, finalmente, lo transportó en 1940 a Estados Unidos, como exiliado. Pero esa vida apacible lejos de la acción de las batallas no era para él. Prefería las nubes. Por eso, en 1943, año de la publicación en Nueva York de El principito, el novelista volvió al Ejército del Aire en el norte de África. Desde allí realizó varias misiones de reconocimiento aéreo, no sin algunos incidentes, antes de volverse comandante en el grupo 2/33, instalado en Córcega. El 31 de julio de 1944, a las 8 y 35 de la mañana, desde la ciudad de Borgo, Saint-Exupéry abordó su caza P-38 Lightning (F5B)

n.° 223 para realizar una misión cartográfica entre Grenoble y Annecy antes del desembarco de las fuerzas aliadas en el sureste de Francia. Fue su último viaje. Nunca se supo qué pasó con él.

Esa muerte legendaria le dio una dimensión mítica al libro. Para millones de personas, Antoine de Saint-Exupéry no se fundió en las aguas del Mediterráneo, sino que se fugó en la profundidad del cielo, como su principito.

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