Lunes, 16 de enero de 2017

| 2015/12/03 14:21

El profe de Cazucá que les enseñó fútbol a los chocoanos

Un hombre que aprendió a jugar una metodología pacífica de fútbol en uno de los barrios más peligrosos de Soacha, la compartió con un grupo de jóvenes de Quibdó.

En el marco del Festival Detonante, William Jiménez les enseñó a cerca de 20 jóvenes chocoanos la misma metodología de fútbol que le cambio la vida. Foto: León Darío Peláez/SEMANA

William Jiménez creció en Cazucá, uno de los barrios más peligrosos de Soacha, ubicado a sólo media hora de Bogotá. Allí, en medio de pandillas,  pobreza y drogadicción, los jóvenes se enfrentan a un futuro desolador con pocas oportunidades para salir adelante.

Pero hace 9 años el deporte le cambió la vida. A su barrio llegó la Fundación Tiempo de Juego con una propuesta que en su momento sonaba poco lógica: jugar fútbol con una metodología en la que no ganaba el equipo que hiciera más goles, sino el que más reglas de convivencia cumpliera.

Poco a poco William y sus compañeros fueron aprendiendo el método, llamado ‘Fútbol por la paz’, en el que los equipos deben ser mixtos y en la que los propios jugadores cuadran las reglas de convivencia que luego van a definir quién gana.

Una década después, la zona en la que Tiempo de Juego implementó su idea cambió del cielo a la tierra. La violencia bajó y la convivencia entre las familias mejoró. Además,  varios de los jóvenes tuvieron la oportunidad de entrar a la universidad y algunos, como William, empezaron a  enseñar la metodología a las nuevas generaciones.

Este jueves, en el marco del Festival Detonante que se lleva a cabo en Quibdó, William Jiménez, quien hoy es coordinador regional de Tiempo de Juego, les enseñó a cerca de 20 jóvenes chocoanos la misma metodología de fútbol que le cambio la vida.

Al inicio, los equipos se reunieron en la mitad de la cancha y cuadraron las reglas del juego. La primera fue que las mujeres tenían que hacer el primer gol en cada equipo para que luego los hombres pudieran anotar. La segunda, que los jugadores tenían que celebrar también los goles del equipo rival. La tercera fue que las groserías se penalizaban con expulsión.

A Dayron Ricardo Córdoba, un joven chocoano que normalmente disfruta del fútbol con sus amigos del barrio, le pareció extraño al inicio que fuera obligatorio incluir a las mujeres en el juego y que el primer gol lo tuvieran que hacer ellas.

Pero con el pasar del juego, disfrutó la regla e incluso le puso dos pases de gol a Diana Lorena Mena, una aprendiz del SENA que se integró al equipo y participó de la actividad. “Yo siempre había jugado fútbol con damas”, contó ella risueña.

Para Álvaro Torres, por su parte,  “lo más chévere” fue celebrar los goles de manera conjunta. Ambos equipos hicieron gala del sabor característico del pacífico y bailaron el Ras tas tas. 

“Esto fue muy chévere. Mi equipo ganó 7 a 2 y luego sacamos el mayor puntaje cuando contamos el cumplimiento de las reglas”, dijo Bryan Samir Mena, un niño de 9 años que juega todos los fines de semana con un equipo que se llama Academia.

La metodología


El ‘Fútbol por la paz’ nació en Medellín luego del asesinato de Andrés Escobar. Alejandro Arenas comenzó a implementarlo en las comunas de esa ciudad para tratar de sacar la violencia y la intolerancia que se habían impregnado al deporte más popular de Colombia.

Dos décadas después se popularizó y hoy lo juegan en todo el mundo. Incluso la FIFA lo aceptó como una metodología y creó la organización ‘Street Futbol’ que organiza torneos entre países en paralelo con los mundiales de fútbol.

La escuela de Cazucá es una de las más conocidas, pero también hay otras fundaciones que implementan la metodología en otras partes del país.

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