Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/05/13 00:00

El profeta rasta

Se cumplen 25 años del fallecimiento de Bob Marley, héroe nacional jamaiquino, leyenda de la música y rey del 'reggae'.

Cuando Bob Marley and the Wailers consiguieron fama mundial, ya llevaban más de una década de éxitos en Jamaica. Comenzaron a presentarse en escenarios internacionales como teloneros de músicos conocidos, como Sly and the Family Stone y Bruce Springsteen. Pero Marley y su grupo eran tan buenos, que pronto ningún acto quería aparecer en escena después de ellos. Al poco tiempo, comenzaron a llenar estadios por todo el mundo

Apesar de que sobrevivió a un intento de asesinato en 1976, Bob Marley estaba destinado a morir joven. Tenía 36 años el 11 de mayo de 1981 cuando, en un hospital de Miami, su cuerpo desistió después de casi cuatro años de luchar contra el cáncer. Una enfermedad que le había sido descubierta gracias a la otra pasión de Marley, el fútbol. Mientras jugaba se hizo una lesión en el dedo gordo del pie derecho que no mejoró con los tratamientos rutinarios. Los médicos le encontraron un melanoma y le dijeron que debían amputar su dedo para evitar que se esparciera la enfermedad. Pero el músico se negó. Primero, por su fe rastafari, que cree profundamente en la integridad del cuerpo, y segundo, porque le preocupaba que la operación lo dejara cojo y no pudiera volver a bailar como antes.

Por eso el cáncer fue apoderándose de su cerebro, pulmones, hígado y estómago, pero Marley continuó dando conciertos alrededor del mundo. Y estas presentaciones fueron tal vez las más importantes de su carrera. La más recordada tuvo lugar en Jamaica, el 22 de abril de 1978. Ese día, en el multitudinario concierto 'One Love Peace', hizo subir al escenario al primer ministro socialista Michael Manley y al líder de la oposición Edward Seaga, quienes por primera vez en un acto de paz se dieron la mano y aplacaron por un momento la gran tensión popular. Bob contestó así a los oposicionistas que habían intentado matarlo dos años antes. Gracias a esta reunión y a su activismo político a favor de los derechos de los negros y pobres, fue condecorado con la Medalla a la Paz de las Naciones Unidas.

Marley creía en la doctrina rastafari, que profetiza el regreso a África de los descendientes de los esclavos y la unión de ese continente, y que utiliza la marihuana como parte de su ritual. También cree que Etiopía es el hogar espiritual de los rastas y que su emperador, Haile Selassie, es el verdadero Mesías. Por esto visitó varios países africanos, entre ellos Etiopía y Kenya. Pero, sobre todo, fue muy recordada su participación en 1980 en la celebración de independencia de Zimbabwe.

Las últimas palabras que dijo a su hijo Ziggy fueron: "El dinero no puede comprar vida". Al momento de su muerte, Marley gozaba de una gigantesca popularidad y había vendido millones de discos en todo el mundo. Pero la existencia no siempre le había sonreído. Robert Nesta Marley nació en una pequeña aldea de Jamaica llamada Nine Miles. Hijo de Cedella Broker, una joven de color de 18 años, y Norval Sinclair Marley, un oficial de marina inglés blanco de 50 años, Bob vivió en la más terrible pobreza durante su infancia. Su padre, a pesar de haberse casado con su madre, nunca tuvo mayor contacto con su hijo y murió cuando él tenía sólo 10 años.

A esa edad, su madre y él se mudaron a la capital, Kingston, al tugurio de Trenchtown. A los 14 años dejó el colegio y se convirtió en soldador. Entre las riñas de pandillas y el hambre, Marley aprendió a cantar y a tocar la guitarra junto con Peter Tosh y Bunny Wailer, con quienes formó su primer grupo, The Wailing Wailers.

La madre de Bob se casó de nuevo y se mudó a Estados Unidos y dejó al joven músico sin hogar. Durante muchos meses durmió en el piso de un estudio de grabación y fue ahí donde conoció a su esposa Rita. Luego su madre lo llevó a Estados Unidos, donde el joven Marley trabajó en una fábrica de automóviles por algún tiempo, pero no logró acostumbrarse a su vida obrera y prefirió volver a la isla. Se convirtió en rasta y al poco tiempo empezó a ganar fama en su país y en las comunidades jamaiquinas del exterior, hasta que a principios de los 70 conquistó el mundo entero.

"La honestidad de su voz y de su música hizo que él sobrepasara todas las fronteras. Su mensaje principal era la unidad y el amor puro hacia todos los seres", dijo a SEMANA Mary Davis, profesora de música y miembro del Rock and Roll Hall of Fame. Y era tal el amor que profesaba y practicaba, que tuvo 12 hijos con seis mujeres distintas, aunque hasta su muerte estuvo casado con Rita, la madre de cinco de ellos.

Sus letras siempre estuvieron cargadas de mensaje político y espiritual, hablaba a todos los que eran distintos, no pertenecían al sistema o eran rechazados por la sociedad. Como él mismo, que siempre fue considerado diferente por ser mitad blanco y mitad negro. Cantaba sobre libertad y cambio, buscando acción por parte de quienes escuchaban su música. "Emancípense de la esclavitud mental. Nadie más que nosotros mismos podemos liberar nuestras mentes", decía el 'rastaman' en Redemption Song.

"La idea de que la revolución comienza por dentro y el cambio depende de uno mism, fue el gran mensaje que dejó Marley con sus letras", dijo a SEMANA Atahualpa Zabala, vocalista y guitarrista del grupo colombiano de reggae Nawal. Y aunque sus letras eran fuertes y cargadas de religiosidad, el ritmo melódico, alegre y pegajoso de su música fue lo que más contribuyó a que llegara a todo el mundo. En los cinco continentes, en los pueblos más remotos, es probable que se encuentre hoy día una imagen del rasta con la gran sonrisa blanca, fumando un gigantesco porro. Todos recuerdan, 25 años después de su fallecimiento, al primer gran artista del Tercer Mundo, considerado un héroe nacional por los jamaiquinos, que hoy descansa en un mausoleo al lado de su guitarra Gibson, una Biblia y una bolsa con marihuana.

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