Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1996/09/23 00:00

EL PROTECTOR

José Fernando Castro Caycedo asume la Defensoría del Pueblo en uno de los momentos más críticos del país en materia de derechos humanos.

EL PROTECTOR

Aunque la votación de la Cámara a su favor fue abrumadora, la elección de José Fernando Castro Caycedo como Defensor del Pueblo para los próximos cuatro años no dejó de levantar suspicacias. Entre sus contradictores, unos le criticaron su inexperiencia en un campo tan espinoso como el de los derechos humanos; otros, que era una ficha del presidente Samper, y los demás que su extracción parlamentaria no era una garantía en un cargo en el que se necesita, sobre todo, independencia. Pero por encima de estas reacciones, lo que más causó curiosidad fueron sus declaraciones a la prensa en defensa de su elección: "Gané porque pasé por el Congreso, gané porque el señor Presidente me colocó en la terna por haber hecho una gestión excelente en la Superintendencia de Servicios Públicos, y porque fui el mejor parlamentario de la legislatura pasada", declaró con vehemencia a los medios, en una actitud que fue interpretada como una falta de modestia de su parte. Sin embargo para muchos es esa firmeza en sus convicciones personales la que va a necesitar en su nuevo cargo. Porque si en algo va a tener que demostrar José Fernando Castro Caycedo su talante como político y funcionario experimentado es en la Defensoría del Pueblo. En un país sometido al fuego cruzado de militares, autodefensas, guerrilleros y narcotraficantes; donde se cometen más de 25.000 homicidios al año y más de 1.000 secuestros en el mismo período; donde las desapariciones forzadas no son ocasionales, donde las masacres se suceden una tras otra; donde, en fin, los atropellos a la dignidad humana han crecido hasta el punto de ubicar a Colombia en un triste lugar de privilegio en la lista negra de los organismos de vigilancia internacionales, la responsabilidad que recae en una figura como la del defensor del pueblo no admite timideces. Su misión es tan compleja que el propio defensor anterior, Jaime Córdova Triviño, a pesar de su aplaudida gestión, salió decepcionado, argumentando que mientras no hubiera voluntad política por parte del Ejecutivo cualquier intención de la Defensoría sería infructuosa. En otras palabras, Córdova Triviño dejó en claro en su despedida que a la Defensoría del Pueblo le faltaba poder. Y ese poder es, precisamente, el que quiere otorgarle al organismo José Fernando Castro. "Hay que darle dientes a la Defensoría para que se haga sentir", opina, y en virtud de este razonamiento, su primera misión será presentar un proyecto al Congreso que le otorgue a su despacho facultades sancionatorias y buscar a toda costa que la Defensoría se convierta en un organismo independiente de la Procuraduría. Casado con la subcomisionada para la paz, Patricia Pineda, y hermano de los periodistas Germán y Gustavo Castro Caycedo, este abogado de 44 años, de procedencia política galanista, parece estar dispuesto a jugársela toda en un cargo para el que posee un sentido común que hizo relucir en la Superintendencia de Servicios Públicos y la experiencia de haber presidido la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes, desde la cual se erigió en uno de los proponentes de la consejería para Urabá.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.