Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1988/03/28 00:00

EL QUE CON NIÑAS SE ACUESTA

Amante de Kennedy causa revuelo en Estados Unidos al revelar conexiones del Presidente con la mafia

EL QUE CON NIÑAS SE ACUESTA

"Soy una enferma terminal. Mi médico no me da más de 3 años de vida, y quiero poner mi existencia en orden para poder morir en paz. Por esa razón, debo contar la verdad". Con esas palabras, explicó Judith Campbell Exner su decisión de revelar la parte más oscura de su vida, cuando sirvió de conducto entre su amante de entonces, John F. Kennedy, y el capo de la mafia de Chicago, Sam Giancana. Las revelaciones, publicadas la semana pasada por la revista People, conmocionaron a los Estados Unidos, pues las intrigas novelescas que se pusieron a la luz del día iban, desde el soborno de electores en la primarias de West Virginia, hasta el plan de asesinar al premier cubano Fidel Castro.
Según reveló la revista, hace casi 30 años, Judith Campbell Exner conoció a Frank Sinatra en un restaurante de moda en Beverly Hills, California. Ese encuentro era un resultado lógico si se tiene en cuenta que la joven, de soltera Judith Immoor, se movía en el círculo del jet set de Hollywood, codeándose con lo más granado de la sociedad y la farándula de la época. A ese círculo tenía acceso por su condición social y económica y apoyada por una encantadora vivacidad. Sin embargo, la llegada de Frank Sinatra a su vida, cuando no tenía más de 24 años, le dio un sino dramático al resto de su existencia.
La razón es que Sinatra, luego de tener un breve romance con Exner, le presentó el 7 de febrero de 1960, a John F. Kennedy. El senador por Massachusett estaba en plena campaña por la nominación presidencial del Partido Demócrata, y pronto se interesó por la atractiva muchacha. En plena contienda electoral, Kennedy la llamó constantemente durante más de un mes, hasta que concertaron una cita. Se encontraron en el Hotel Plaza de Nueva York la noche anterior a las primarias de New Hampshire, consideradas las más importantes del país.
La afirmación de que lo único que apasionaba más a Kennedy que la política eran las mujeres, parece quedar demostrada con la narración que Exner hace de su primer encuentro amoroso. "Fue una maravillosa noche de amor. No podía haber sido más tierno, considerado y gentil. Era incréíble que pudiera estar tan tranquilo y relajado en la víspera de las primarias; en toda la noche no mencionó a New Hampshire ni una sola vez".
Tan sólo una semana más tarde, Sinatra la invitó al Hotel Fontainebleu de Miami, donde estaba presentando su show. Allí, le presentó a Sam Giancana. "Yo no sabía entonces que era el padrino de la mafia de Chicago, pero me daba cuenta de su importancia por la forma como Frank lo trataba". Al surgir su amistad con el capo, los personajes estaban ya en escena, el drama podía comenzar.
Empieza entonces la parte de la historia que Judith Exner mantuvo en secreto durante muchos años, y que ahora revela cuando, invadida de cáncer, han desaparecido sus temores de ser asesinada. "En realidad, llegué a grandes extremos para evitar que la verdad se supiera, y tal vez esa es la única razón para que esté viva. Con la excepción de Sinatra, todas las figuras claves de mi historia fueron asesinadas".
Lo cierto es que, según Exner, sirvió por primera vez de correo entre Kennedy y Giancana por pedido del primero. Se encontraban cenando en la residencia del senador en Georgetown con un asesor de la campaña -Jackie estaba ausente en la Florida, esperando su segundo bebé- y la conversación entre los dos hombres giraba alrededor de las primarias de West Virginia, un Estado casi totalmente protestante donde el católico Kennedy, debía enfrentar al protestante Humphrey. De un momento a otro, John le preguntó a Judith si podría concertar una cita con Sam Giancana. Ella recuerda que le había contado a Kennedy sobre su presentación con el mafioso, pero que le había mencionado solamente el nombre supuesto con que Sinatra se refería al capo. Sin embargo, el senador por la visto sabía muy bien de quién estaban hablando.
Exner, complacida de poder ayudar, concertó la cita, que tuvo lugar en el Fontainebleau en abril 12 de 1960. Kennedy salió feliz de la reunión y le regaló a Judith un par de billetes de a mil. Hoy, el FBI tiene, según la revista People, evidencia de que la campaña de Kennedy recibió grandes donaciones de la mafia, giradas nada menos que por Frank Sinatra. La plata que pasaron por debajo de la mesa se usó para pagar a electores claves del Estado, y de eso se encargó uno de los lugartenientes más importantes de Giancana, Paul "Skinny" D'Amato. Lo cierto es que Kennedy ganó, en el Estado de sus pesadillas con un cómodo 61% de los votos. De ahí en adelante, Exner arregló al menos 10 reuniones de los dos personajes, una de las cuales parece haberse realizado en la propia Casa Blanca.
Aunque durante los primeros meses de su gobierno Kennedy tuvo poco tiempo para encontrarse con Judith, a partir del 29 de abril de 1961, cuando le pidió reunirse con Giancana en Miami para recoger un sobre destinado a él, la muchacha se convirtió en mensajera permanente entre los dos personajes. Durante la mayor parte del año, y asumiendo sus propios costos, Judith Exner atravesó el país de parte a parte llevando sobres de manila, que generalmente "parecían llevar el peso de una revista semanal". Nunca, en aquella época, la muchacha se preguntó sobre el contenido de los sobres que llevaba. Sin embargo, las conclusiones de la investigación senatorial de 1975, en que ella negó rotundamente haber servido de contacto revelaron la existencia de un complot de la mafia para asesinar a Fidel Castro. Todo parece indicar que tal flujo de comunicación entre el Presidente y el jefe mafioso en esa misma época, pudo haber incluído ese asunto, aunque eso jamás se ha podido comprobar con certeza.
Lo cierto es que hacia comienzos de 1962, la relación entre John F. Kennedy y Exner empezó a decaer. El FBI comenzó a perseguirla por sus vinculaciones con Giancana, quien se había convertido en la presa principal del Procurador General Robert Kennedy.
Hasta dónde el hermano del Presidente sabía de la relación de éste con el mafioso, tal vez nunca se sabrá. En cualquier caso, J. Edgar Hoover, director del FBI, visitó a Kennedy para advertirle el riesgo que para su imagen significaba su relación con Exner teniendo en cuenta los evidentes vínculos de la mujer con la mafia. Obviamente Hoover ignoraba que Exner era mensajera entre los dos. Una cosa y otra llevaron finalmente a que se produjera el rompimiento en el verano de 1962.
Tratando dejar todo atrás, Judith se retiró a Beverly Hills a vivir con sus padres. Allí se enteró del asesinato de su ex amante en Dallas. Constantemente seguida por el FBI, trató de suicidarse en 1964. Aunque tuvo un período de felicidad luego de su matrimonio con el golfista profesional Dan Exner -de ahí su apellido actual- el pasado la atacó de nuevo en 1975, cuando el Comité de Investigaciones la llamó a declarar. "Mentí entonces para salvar mi vida, y oculté mis actividades de enlace". Los temores no eran infundados. Giancana fue asesinado antes de que pudiera testificar, y otro testigo clave, Johnny Roselli, fue encontrado poco después en el fondo de la Bahía de Biscayne. Eso llevó a Judith a vivir prácticamente en la clandestinidad. Sin embargo, en 1977 publicó sus memorias -My story- en las que, aunque no mencionó su papel de mensajera sino sólo de amante, convenció a muchos de la autenticidad de su relato, no sólo por la documentación, sino por el conocimiento de circunstancias y fechas que de otra manera no hubieran estado a su alcance.
Divorciada de su marido, sola y enferma, Judith Exner recuerda que, cuando en 1975 se supieron sus amores con el presidente más querido de los Estados Unidos, nadie le quiso creer que él la hubiera amado jamás. Pero ella guarda firmemente la convicción de que su amor fue real. "No creo que deba morir con el secreto de lo que hice por Jack Kennedy, o de lo que él hizo con su presidencia. Finalmente, estoy libre de mi pasado".

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