Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/01/06 00:00

El regreso del gato

Después de 28 años de ausencia en el mundo de la música popular, Yusuf Islam, antes conocido como Cat Stevens, vuelve con un nuevo disco.

Yusuf Islam se ha dedicado a promocionar su nuevo disco . A pesar de haber vuelto al mundo de l pop, aseguró que no planea iniciar una gira de conciertos

La existencia de Yusuf Islam ha estado marcada por los cambios. Ha sido tal su capacidad de reinventarse a través de los años, que su vida parece una contradicción constante o, de manera más mística, un largo camino que lo ha llevado a su lugar actual por medio de la experiencia y la búsqueda espiritual. Y como su naturaleza ha sido siempre cambiante, después de decidir en 1977 entregarse por completo al Islam y de grabar en 1978 el álbum Back to Earth, que aseguró sería su último trabajo de música secular, ha regresado a la escena del pop con Another cup. El disco fue lanzado a finales de 2006 y se convirtió en uno de los grandes éxitos de ventas durante la época de Navidad en Europa y Estados Unidos.

Hijo de padre greco-chipriota de fe cristiana ortodoxa y madre sueca, Steven Demetre Georgiou nació y creció en Londres, donde asistió a una escuela católica. Su sueño de juventud era ser pintor y en efecto, estudió arte durante un año, pero después de oír a The Beatles, específicamente a John Lennon cantando Twist and Shout, supo que su destino era convertirse en cantante. Le pidió a su padre que le regalara una guitarra y descubrió que este instrumento se convertía en una extensión de su cuerpo y podía producir melódicos ritmos con sus dedos. Cambió su nombre por Cat Stevens, haciendo una pequeña oda a su ex novia, quien le dijo que tenía ojos de felino.

La fama tocó pronto a su puerta y en 1966, época del gran auge del folk, logró convertirse en un músico conocido con su primer disco, titulado Matthew and son. Con el dinero y el éxito también llegaron los excesos, que pronto cobraron su precio en el cuerpo del joven cantante, quien dos años más tarde enfermó de tuberculosis. Durante su larga convalecencia decidió dar un giro a su vida y a su carrera, y se convirtió en el Cat Stevens que sus fanáticos recuerdan con cariño. Aquel que en sus canciones planteaba grandes preguntas y que parecía conocer el espíritu del amor, las relaciones humanas y la locura. Con Tea for the Tillerman, de 1970, y Teaser and the Firecat, publicado el año siguiente, se consagró como el gran cantautor de su época. Invitó a todos a montarse en el ferrocarril de la paz en Peace train, le puso su voz y melodía al himno cristiano que veneraba el comienzo de un nuevo día con Morning has broken, mostró los roces y las diferencias de pensamiento entre un padre chapado a la antigua y un hijo que desea su independencia, en Father and son, y le cantó al amor que lo abandonó pidiéndole que se cuidara del loco mundo a pesar de haber roto su corazón en Wild world.

Sus canciones llegaron a todo el mundo, muchos músicos han publicado nuevas versiones de sus clásicos y algunas de ellas han sido traducidas a otros idiomas. "Su sensibilidad como artista lo llevó a expresar los más hermosos y profundos sentimientos sobre las relaciones de pareja, como en el caso de la clásica canción 'Cómo decirte cuánto te amo', traducida al español por Humberto Monroy, quien luego la grabó con el grupo Génesis de Colombia y que posteriormente, en los 80, fue un éxito de Compañía Ilimitada", comentó a SEMANA Armando 'El Chupo' Plata, disc-jockey y periodista.

El interés de Stevens por lo místico y por las religiones orientales siempre marcó su forma de ser. Pero fue cuando casi se ahoga en el mar y vio a la muerte de cerca, que le pidió a Dios que lo salvara y prometió que si llegaba de nuevo a la orilla, dedicaría su vida a Él. Aproximadamente un año más tarde, su hermano le regaló una copia traducida del Corán. Y gracias a este texto decidió dedicarse por entero al Islam. No sólo fue un cambio de religión, si no también de nombre: por Yusuf Islam. Así dio un vuelco total a su vida.

El primer paso fue el matrimonio, arreglado por el Imán de Londres. El hombre que parecía saber el profundo significado del amor y el conocimiento del otro llevó a dos de sus pretendientes a su casa y pidió a su madre que escogiera con cual de ellas se debía casar. Ya lleva casi 30 años "felizmente" casado con Fauzia Mubarak Ali.

Luego dejó la música y vendió todas sus posesiones, incluidas sus amadas guitarras. Durante más de un cuarto de siglo no volvió a posar sus manos sobre un instrumento y sólo entonó canciones con sentido religioso. Creó la fundación Small Kindness, que ayuda a niños víctimas de la violencia y los desastres naturales en todo el mundo, y se dedicó a estudiar las palabras del profeta Mohamed. Ayudó a crear escuelas con enseñanza islámica y se convirtió en uno de los representantes más visibles de esta religión en Occidente. Al punto que en 2004, durante un viaje de Londres a Washington, su avión fue desviado por el FBI y le negaron la entrada a Estados Unidos porque su nombre aparecía en la lista de personas bajo sospecha de pertenecer a un grupo terrorista. Personajes de todo el mundo se volcaron contra la acción de las autoridades norteamericanas y celebraron dos meses más tarde cuando el comité de ganadores del Nobel de Paz le otorgó el premio Hombre de Paz, por su labor a favor de la infancia y el diálogo entre Oriente y Occidente.

Ahora su círculo cercano lo conoce por el nombre de Abu Muhammead, que significa padre de Muhammead. Y fue precisamente su hijo quien hizo que Yusuf volviera a tocar la guitarra y a componer canciones. Él, que también es músico, trajo una guitarra a la casa y su padre no pudo aguantar la tentación de deslizar sus dedos por las cuerdas. "No creo haber dicho nunca que la música era blasfemia. Pero necesitaba un descanso. Tenía que alejarme del negocio porque no quería que me alejara del camino que escogí. (...) Pero nunca dije que no volvería a hacer música", declaró Islam para el periódico The Guardian. Él siempre ha creído en el poder curativo de la música y lo demostró en 2005, cuando tímidamente grabó una canción llamada Indian Ocean, cuyas ganancias fueron donadas en su totalidad a las víctimas del tsunami.

Pero ahora, con An other cup, hace un regreso al estilo y las melodías que lo hicieron famoso. "Desprovisto del afán por inmiscuir la religión, retoma el sentido urbano, romántico e indagador que siempre tuvieron sus canciones", dijo a SEMANA Manolo Bellón, crítico musical y discjockey. Aunque ya no es Cat, sino Yusuf, su voz aterciopelada sigue siendo inconfundible y el gato que aún vive dentro de él ha vuelto a ronronear, demostrando que la esencia nunca se pierde.

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