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| 6/27/2009 12:00:00 AM

El renegado

En Estados Unidos acaba de salir a la venta 'Renegade', el primer gran libro sobre la campaña triunfadora de Barack Obama. Cuenta detalles desconocidos de la vida personal y política del hoy Presidente. Estos son algunos de los más sorprendentes.

No hay librería de Nueva York o Washington que no lo exhiba ni dirigente político que no lo compre. Juan Manuel Santos y Sergio Fajardo lo tienen en la mesa de noche. Se trata de Renegade -The Making of a President, escrito por Richard Wolffe, el periodista de Newsweek que siguió minuto a minuto la campaña presidencial de Barack Obama.

Han pasado 48 años desde que el género fue inaugurado por The Making of a President, 1960 de Theodore White, el reportero de Time que cubrió paso a paso la carrera que condujo a John F. Kennedy hasta la Casa Blanca. Siguiendo ese ejemplo, y en sus 356 páginas, Renegade ('Renegado' era la palabra con la que el servicio secreto se refería a Obama) cuenta detalles desconocidos de la vida política y personal de Obama. Uno de ellos se refiere a su matrimonio con Michelle y revela que las cosas entre los dos no han sido siempre color de rosa. Los líos se produjeron hace nueve años, cuando Obama, después de haber perdido las elecciones a la Cámara de Representantes, decidió presentarse a las del Senado.

A Michelle no le cayó muy en gracia el asunto pues "odiaba la campaña fallida de 2000", dice el libro. Además, "cuando al año siguiente nació Sasha, su segunda hija, el matrimonio estaba tenso". No podía ser de otra manera, afirma Wolffe: "Había poca conversación y aún menos romance. A Michelle la enfurecía el egoísmo y el afán de hacer carrera de su marido, y él pensaba que ella era una mujer fría e ingrata".

Hoy el panorama es distinto. "Una de las razones es que la primera vez que Obama y Michelle, y sus hijas Malia y Sasha viven permanentemente juntos bajo el mismo techo puede ser ahora en la Casa Blanca", contó Wolffe hace 15 días en la librería Politics & Prose de Washington, donde SEMANA asistió al lanzamiento del libro. Es verdad. Cuando Obama fue senador estatal de Illinois, la familia vivía en Chicago y él trabajaba en Springfield. Y cuando ocupó la curul del Senado hasta su elección como Presidente, su mujer y sus hijas siguieron en Chicago y él trabajaba en Washington.

Según Renegade, la campaña de 2000 no sólo le trae malos recuerdos sentimentales a Michelle, sino que le revive problemas económicos. "Meses después, Obama trató de asistir a la Convención Nacional Demócrata en Los Ángeles, pero estaba quebrado. Trató de tomar en alquiler un carro pero su tarjeta de crédito fue rechazada; intentó conseguir una credencial para el salón principal y no pudo". Y continúa: "Aunque él y su esposa ganaban más de 250.000 dólares al año, sus deudas eran muy altas y sus tarjetas de crédito no tenían cupo". Eso lo hizo pensar que debía alejarse del trabajo comunitario en Chicago y vincularse a un bufete de abogados.

Otro dato curioso del libro sostiene que Obama tuvo muy claro desde el principio que su candidato a la vicepresidencia debía ser el senador por Delaware Joe Biden. Los finalistas seleccionados por el comité fueron no sólo Biden sino el senador por Indiana Evan Bayh, el gobernador de Virginia, Tim Kaine, y la entonces gobernadora de Kansas, Kathleen Sebelius. Al final Obama prefirió la experiencia internacional de Biden, que como dijo el jefe de prensa de la campaña, "no le va a quitar el puño de la cara a John McCain", el candidato republicano.

Y no se lo quitó. Cuenta el libro que Biden se enfadó cuando el equipo de McCain quiso relacionar con un escándalo policial a una de sus hijas. Lo llamó varias veces y McCain no pasó al teléfono. Biden esperó hasta un foro sobre servicio público en la Universidad de Columbia en Nueva York y fue a buscarlo. Los asesores del aspirante republicano intentaron impedírselo. Biden no les hizo caso y le golpeó en la puerta a McCain, que no abrió. "¡John McCain!", gritó Biden. "¡Soy Joe Biden! ¡La próxima vez que le marque, conteste la maldita llamada!".

La escogencia de Hillary Clinton como secretaria de Estado no resultó difícil para Obama, según Wolffe. Un asesor del hoy Presidente le dijo al autor de Renegade: "En la campaña, la persona más positiva sobre Hillary siempre fue Barack. Él creía que ella era brillante y muy talentosa. Rechazó la tesis de otros asesores que le sugerían que ella le iba a ser desleal". Sin embargo, antes de nombrarla, Obama se cuidó de averiguar por las donaciones que recibían las fundaciones del ex presidente Bill Clinton.

Uno de los momentos en los que el entorno de Obama creyó que iban a ganar las elecciones del 6 de noviembre del año pasado fue el día en el que McCain anunció como compañera de fórmula a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin. "¿Me están tomando el pelo?", preguntó Pete Rouse, uno de los asesores más cercanos al candidato. "A menos que metamos la pata o que surjan elementos externos, tenemos esta elección en el bolsillo". Obama había pensado que el aspirante a la vicepresidencia de McCain iba a ser el independiente Joe Lieberman.

Para medirse con McCain en los debates, Obama debió corregir algunos asuntos. En un ensayo que hizo la campaña en Clearwater, en la Florida, "Obama tuvo que remediar dos inconvenientes con la ayuda de su asesor Michael Sheehan. Cuando quería aparecer serio, su expresión facial era de rabia y no de preocupación. Y cuando quería escuchar atentamente a sus rivales, inclinaba la cabeza hacia atrás y miraba con desprecio por sobre la nariz. Finalmente aprendió a mirar con serenidad a McCain y a mantener la cabeza al mismo nivel", dice Wolffe.

En Renegade, Obama figura como un hombre trabajador, a veces introspectivo y malgeniado, y capaz de aguantar derrotas y mucho palo en una campaña, algo que, según dice el libro que afirmó Winston Churchill, "es lo más importante de la educación de un político". Intenta comprender lo que dicen los ciudadanos de los otros países y no sólo los líderes, y desconfía de quienes pasan por patriotas en exceso. Por algo repitió en un discurso una frase de Mark Twain: "Patriotismo es apoyar al país todo el tiempo, y al gobierno cuando lo merece".

Otra de sus características es la afición por las palabras. Uno de sus asesores claves es el joven Jon Favreau, que le escribe los discursos. Lo curioso es que Favreau se negaba a plasmar en sus textos la expresión "Yes We Can" ("Sí se puede") para que la gente no la repitiera, pero Obama se encargó de hacerlo cuando sufrió la primera derrota en las elecciones primarias de New Hampshire. Ahí mostró que tenía pasta de ganador.

El libro deja claro que Obama vivió días de desesperación en la campaña por el escrutinio al que lo sometían la prensa y sus rivales los republicanos. "Esto es como un examen de colon en público", se quejó con su amigo Marty Nesbitt. Para Obama, los momentos más difíciles de la campaña fueron la derrota en New Hampshire, la divulgación de los sermones incendiarios del reverendo Jeremiah Wright y la muerte de su abuela horas antes de los comicios. Fue la única vez que lloró.

Algunas reseñas como la del Financial Times consideran que el libro no le formula críticas a Obama. Se debe, dicen, a que la idea del texto fue del candidato, quien decidió darle acceso a Wolffe, un hombre con un pasado familiar semejante al de Obama: es hijo de un británico y una marroquí cuyos padres no sabían leer ni escribir. Pero sea como fuere, Renegade está dando mucho de que hablar y se ha convertido en el primer reportaje periodístico de alcance sobre la campaña más exitosa de los últimos tiempos en Estados Unidos.
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