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| 9/24/2004 12:00:00 AM

El resbalón de Dan Rather

Con el escándalo de los memorandos de George W. Bush la carrera del periodista más reconocido de Estados Unidos podría haber llegado a su fin.

A sus 72 años Dan Rather es probablemente el presentador de televisión con más prestigio de Estados Unidos. Su programa diario de noticias es tal vez el más respetado de la televisión norteamericana y él es reconocido por sus apasionadas críticas y sus tendencias liberales. Son precisamente estas características las que sus contradictores han sacado a relucir en las últimas semanas para hablar del escándalo que, según algunos observadores, podría llegar a costarle el puesto a Rather: los memorandos que el veterano periodista presentó en su programa para cuestionar el servicio militar del presidente George W. Bush en la Guardia Nacional durante la guerra de Vietnam y que resultaron ser falsos, un episodio que los medios han llamado el memogate.

Todo empezó cuando el 8 de septiembre en la emisión del programa semanal 60 minutes II, que también presenta el anchor además de su noticiero diario, Rather hizo públicos una serie de documentos que mostraban que el hoy presidente Bush habría tenido un comportamiento reprochable cuando hacía parte de la Guardia Nacional. Los memorandos estaban firmados por el teniente coronel Jerry B. Killian, y en ellos había dos acusaciones graves en concreto: que el joven Bush se había negado a someterse a exámenes físicos obligatorios y que dada la importancia de la familia Bush había presiones para "endulzar" los informes sobre su conducta. Aunque el programa no especificó las implicaciones de la primera acusación, todo el mundo entendió que la única razón para que alguien se niegue a someterse a un examen médico es por el temor a que aparezcan rastros de drogas en el organismo, una acusación que sólo la periodista Kitty Kelley se ha atrevido a hacer públicamente.

Los seis memorandos llegaron a manos de Rather a través de la productora estrella de su programa, Mary Mapes, quien hace unos meses fue la responsable de sacar a la luz pública las fotos que probaban las torturas que cometieron los soldados norteamericanos en las prisiones de Irak. Aunque ningún experto quiso avalar la autenticidad de los documentos, pues ni siquiera se trataba de originales, Rather y su equipo decidieron soltar la bomba.

Inmediatamente otros medios como el diario The Washington Post, la cadena ABC y la agencia AP, pusieron en tela de juicio la autenticidad de los famosos memorandos. Expertos dijeron que los documentos parecían escritos en un procesador de texto y no en las máquinas de escribir disponibles en 1972, y la secretaria personal de Killian, fallecido en 1984, dijo que ella jamás los había escrito, aunque aclaró que en su opinión el contenido reflejaba el pensamiento de su jefe. Sin embargo Rather se mantuvo firme en su historia y se negó a rectificar.

Pero las cosas se complicaron cuando el tema de los memorandos se convirtió en la noticia de la semana de la campaña presidencial estadounidense. Finalmente la semana pasada el periodista tuvo que rendirse ante las evidencias y en el segmento de cierre de su programa pronunció las que seguramente han sido las palabras más difíciles de su carrera: "Quiero decir personal y directamente que lo siento". Admitió que había cometido un error de juicio al no verificar con más cuidado los documentos antes de hacerlos públicos. Con esta admisión de culpabilidad no sólo blindó a la campaña republicana contra cualquier acusación que pueda hacerse en los próximos dos meses sobre el pasado de Bush sino que además quedó a las puertas de un deshonroso retiro forzado.

Aunque en un principio Rather se negó a revelar sus fuentes, rápidamente se pudo establecer que los memos los había entregado Bill Burkett, ex miembro de la Guardia Nacional de Texas y enemigo de vieja data del presidente Bush. De inmediato surgieron acusaciones de que la campaña Kerry estaría involucrada en el incidente y que habría motivaciones políticas detrás de todo el episodio.

Pocas personas ponen en duda que las palancas de la familia Bush sirvieran para que el hijo no fuera a Vietnam y en cambio se quedara en la cómoda Guardia Nacional, una fórmula bastante utilizada por las familias influyentes para evitarles la guerra a los niños consentidos. Además el propio Presidente ha reconocido que en esos años fue un joven alocado e irresponsable, por lo que no se puede descartar la teoría de la droga. Pero acusar al Presidente del país más poderoso del mundo de cargos tan graves a sólo 40 días de las elecciones y con base en documentos falsos no es un episodio menor. En Estados Unidos no se habla de otra cosa y no se descarta la salida de Rather y de su jefe Andrew Heyward, presidente de CBS.

El futuro del periodista está ahora en manos de un panel nombrado por CBS para aclarar el episodio. Los responsables de la decisión son Dick Thornburg, dos veces fiscal general de Estados Unidos y ex gobernador de Pensilvania, y Louis Boccardi, ex presidente ejecutivo de la agencia de noticias AP. De ellos depende que Rather no salga por la puerta de atrás.

¿Cuál es la verdad detrás de todo esto? En el fondo no hay más que el síndrome de la chiva. Rather pensó que podía terminar su carrera con la chiva del siglo, y muy seguramente si la información hubiera sido sobre Kerry también la habría sacado. Pero CBS es actualmente la organización de noticias más importante del mundo, y cuando se da papaya en algo tan grave hay que pagar la cuenta.
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