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| 11/5/2011 12:00:00 AM

El retorno del rey

Acaba de cumplir 90 años Miguel de Rumania, el último rey protagonista de la Segunda Guerra Mundial. Fue coronado a los seis años, enfrentó a Adolfo Hitler y conoció a Winston Churchill.

El rey Miguel I de Rumania acababa de llegar de la boda de sus primos la reina Isabel II y el príncipe Felipe de Edimburgo, cuando Petru Groza lo llamó. El primer ministro de su país, que poco simpatizaba con la monarquía, le dijo que tenía que hablar con él sobre asuntos familiares. El rey pensó que discutirían sobre su próximo matrimonio, con la princesa Ana de Borbón-Parma, pero estaba equivocado. El líder comunista rodeó el palacio real con sus tropas, subió al despacho del monarca y, apuntándole con su revólver, intentó persuadirlo de renunciar. "Los reyes ya no tienen espacio en este mundo dividido entre Oriente y Occidente", le dijo. Era el 30 de diciembre de 1947, el día en que cayó el último rey de los Balcanes.

Para hacer más convincente su amenaza, Groza le dijo al rey que si no firmaba su renuncia, más de mil jóvenes simpatizantes de la Corona serían ejecutados. Entonces, el soberano recordó las palabras que le había dicho el primer ministro inglés, Winston Churchil, hacía una semana: "Ante todo, un rey debe ser valiente". Así se comportó. Miguel I prefirió dejar su título y su vida de privilegios antes que poner en riesgo a sus súbditos. Firmó su abdicación y, en cuestión de horas, el Parlamento proclamó la república popular y lo expulsó para siempre de Rumania.

Lejos de su hogar, sin corona y despojado de su fortuna, el tataranieto de la reina Victoria de Inglaterra y del zar Alejandro II de Rusia tuvo que trabajar para sobrevivir. Primero fue criador de pollos en una granja de Inglaterra. Luego, probó suerte como comerciante, corredor de bolsa y hasta piloto comercial, pero no tuvo éxito en ninguno de esos oficios. Al parecer, su verdadera y única vocación era ser rey. Desde su refugio en Suiza, siempre siguió de cerca el destino de su patria: estuvo involucrado en algunas misiones diplomáticas y cada Navidad les enviaba a los rumanos un mensaje de esperanza.

Su pueblo jamás se olvidó de él. En 1992, cuando el gobierno le permitió visitar su país por algunas horas, cerca de un millón de personas se reunieron en Bucarest para recibirlo. Cinco años más tarde le devolvieron la ciudadanía rumana. La semana pasada, con motivo de su cumpleaños número 90, la gente volvió a demostrale su lealtad. Incluso, los miembros del Partido Liberal lo invitaron al Parlamento para hacerle un sentido homenaje. Por primera vez desde hace 64 años, el rey exiliado puso un pie en el máximo órgano constitucional y, en un discurso histórico, invitó a los políticos a fortalecer la democracia.

Aunque al final de su alocución todos los parlamentarios lo aplaudieron, fue notable la ausencia del presidente, Traian Basescu, quien hace unos meses acusó al rey de haber sido "un esclavo de los rusos" y haber abandonado su patria. Con excepción de ese desplante, Miguel I recibió regalos y distinciones, que incluyeron un concierto de ópera, una cena en el Banco Nacional, el estreno de un CD con una selección de sus piezas favoritas y el lanzamiento de un libro y una exposición de arte en su honor.

La popularidad de este monarca no es gratuita. Diana Mandache, historiadora experta en la realeza rumana y autora de varios libros y un blog sobre el tema, le explicó a SEMANA que el rey Miguel I es casi una leyenda entre su pueblo por la valentía con que se enfrentó al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. "Siendo muy joven, tuvo el valor de rebelarse a Hitler y mandó arrestar a Ion Antonescu, el dictador sanguinario que era la ficha clave del Tercer Reich para controlar a los Balcanes". Arriesgando su vida, hizo que su país cambiara de bando y se uniera a los aliados. Según explica Mandachi, ese acto cambió significativamente el curso de la guerra, adelantó seis meses la derrota de los nazis y salvó cientos de miles de vidas.

Por sus acciones, el rey fue condecorado por la Unión Soviética con la Orden de la Victoria, el más alto honor que entregó solo a cinco extranjeros, entre ellos, el general Dwight Eisenhower. También el presidente de Estados Unidos Harry S. Truman lo nombró comandante en jefe de la Legión del Mérito.

Pese a que por sus venas corre sangre azul y le sobran los títulos y las medallas, la vida de Miguel I no ha sido fácil. Fue coronado con tan solo 6 años de edad, pues su padre, Carlos II, para escaparse con una amante, prefirió abandonar el trono. Tres años más tarde, regresó y se lo arrebató. Durante una década, Miguel I vivió tranquilamente como príncipe heredero, pero al cumplir 19 años todo se complicó otra vez. Ante las presiones de Hitler y Benito Mussolini, que buscaban apoderarse de Rumania, Carlos II huyó y volvió a dejar el destino de su país en manos de su hijo.

Hoy, como el único líder sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, tanto sus seguidores como sus críticos admiten el papel determinante que desempeñó en la historia de Rumania y de Europa. Sin embargo, el verdadero reconocimiento que Miguel I espera está muy lejos de darse. Para Mandache, aunque él cuenta con la simpatía del pueblo, es poco probable que recupere su corona: "Tras varias décadas de comunismo, las mentalidades cambiaron, y no creo que en medio de esta crisis económica la restauración de la monarquía sea una prioridad para los rumanos".
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