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| 12/4/2010 12:00:00 AM

El riesgo de la fama

A los 30 años del asesinato de John Lennon a manos de un fanático, el mundo recuerda la historia de las celebridades que también han tenido que lidiar con el acoso de admiradores psicópatas.

Hace pocos días, un sitio en Internet anunció que subastará el acetato que John Lennon le autografió a su homicida, Mark David Chapman, horas antes de que fuera asesinado de cuatro tiros en la espalda, a la entrada del edificio Dakota, en Nueva York. El objeto, macabro y fascinante a la vez, es un recordatorio por el que todavía muchos fanáticos están dispuestos a pagar el precio que sea. Cada 8 de diciembre, fecha en que fue asesinado hace 30 años, el nombre de Lennon convoca multitudes y, al igual que ocurrió la madrugada del crimen, miles de personas se reúnen frente al Dakota, en el Strawberry Fields Memorial, a dejar flores y cantar sus canciones.

"Creí que si mataba a John Lennon adquiriría su fama", confesó Chapman en una entrevista en 1992. Amaba al cantante, pero no soportaba la idea de que fuera mejor que él. Entonces, viajó desde Hawái, donde residía, hasta Nueva York, con el único propósito de asesinarlo. Una voz en su cabeza le repitió insistentemente que lo hiciera, y cuando vio al músico bajar de su carro, a las 10:50 de la noche, sabía que no había vuelta atrás, que había llegado el momento de halar el gatillo. Su obsesión por ser alguien en la vida lo llevó a extremos insospechados, y aunque la historia de su acoso a Lennon es tal vez la más recordada, Chapman no es el primer ni único fanático que comete una locura semejante con tal de ganar la atención de una estrella.

Tres meses después del asesinato de Lennon, el 30 de marzo de 1981, John Hinckley disparó contra el presidente Ronald Reagan para que la actriz Jodie Foster, por entonces de 18 años, se fijara en él. Una hora antes del fallido atentado, el hombre le escribió una carta en la que le confesaba su amor: "Quiero ganarme tu corazón y pasar el resto de mi vida contigo (...) Al sacrificar mi libertad, espero impresionarte y hacerte cambiar de parecer". Hinckley llegó a estar tan obsesionado con la joven que cuando esta entró a estudiar Literatura en la Universidad de Yale, se mudó a New Haven, Connecticut, para estar más cerca de ella. Averiguó cuál era su dormitorio y todos los días le dejaba poemas y mensajes debajo de la puerta. Pero como nada de eso le dio resultado, optó por asesinar a Reagan, inspirado en la historia de Taxi Driver, película en la que Foster interpreta a una niña prostituta. Por cuenta de este incidente, el fanático fue obligado a permanecer en un centro psiquiátrico de por vida.

Algo similar ocurrió en el caso de Robert Hoskins, un vagabundo de Los Ángeles que estaba empeñado en conquistar a Madonna a mediados de los años 90. Al igual que Hinckley, solía dejarle notas en el buzón de su casa, en las que le rogaba que se casara con él. Un día, cansado de esperar su respuesta, trepó la pared que rodeaba la residencia. Como no pudo ver a 'la Reina del Pop' en persona, gritó que le cortaría la garganta, y en un forcejeo con un guardaespaldas, este le disparó para defenderse. Hoskins resultó herido y fue condenado a 10 años de prisión.

En ese entonces Madonna confesó que no podía dormir tranquila porque todas las noches tenía pesadillas con el vagabundo. El episodio la dejó traumatizada de por vida, al punto que hoy es de las pocas artistas que se niegan a abrir una cuenta en Twitter, para evitar que ciertos detalles de su intimidad salgan a la luz. "En las últimas dos décadas, debido a la revolución de Internet y a la aparición de los canales de noticias 24 horas al día, ha aumentado el número de acosadores de celebridades -explicó a SEMANA Katherine Ramsland, psicóloga forense y experta en asesinos en serie-. Sus vidas están expuestas al público más que nunca y eso puede atraer la atención de personas con problemas mentales".

En la década de los 80, aunque no existían las mismas facilidades de hoy, los seguidores se las arreglaban para dar con el paradero de las estrellas. En el caso de Lennon, todo el mundo sabía dónde vivía, y, el día del asesinato, Chapman incluso habló con el portero del edificio y con el ama de llaves del cantante. Desde por la mañana se plantó en la puerta y esperó a que el vocalista de los Beatles saliera rumbo al estudio de grabación, en compañía de su esposa, Yoko Ono. En ese momento le pidió que le firmara una copia de Double Fantasy, su último disco. Lennon, quien por esos días andaba sin guardaespaldas, accedió y luego siguió su camino. Chapman se quedó en el lugar y, seis horas más tarde, cuando el músico regresó, descargó su pistola contra él.

Robert John Bardo, el asesino de la actriz Rebecca Schaeffer, tampoco tuvo problema en dar con la dirección de su víctima. Tras intentar en varias oportunidades colarse en los estudios de grabación de la CBS, le pagó 250 dólares a un investigador privado para que le ayudara a encontrar su apartamento en Los Ángeles. El 18 de julio de 1989, el hombre timbró a su puerta y, cuando ella le abrió, le mostró un autógrafo que supuestamente le había dado meses atrás. Intercambiaron algunas palabras y la actriz le contó que se preparaba para una audición de El Padrino III. Schaeffer cerró, pero Bardo volvió y le disparó. Curiosamente, ese día la Policía halló entre sus pertenencias un ejemplar de El guardián en el centeno, el mismo libro que, según confesó Chapman, lo inspiró a atentar contra Lennon. La historia de Schaeffer, además de guardar algunas coincidencias con la muerte del músico, sirvió para que se creara una ley antiacecho en California.

En el mundo del deporte, la tenista serbia Monica Seles también sentó un precedente. Durante un partido que disputaba en Alemania en 1993, un aficionado le clavó un cuchillo en la espalda porque creía que si la mataba, la local Steffi Graf, su eterna rival, podría volver a ser la número uno del mundo. Seles se recuperó pronto, pero el episodio la marcó para siempre: tardó dos años en volver a jugar y juró que nunca más volvería a Alemania. Como consecuencia del ataque, la Federación de Tenis reforzó las medidas de seguridad en las canchas de todos los circuitos internacionales.

El asesinato de Lennon sigue generando todo tipo de conjeturas en el mundo y todavía muchos se preguntan qué sería de él si aún estuviera vivo. Su música ha sobrevivido a varias generaciones y sus canciones siguen en el top de las más vendidas (prueba de ello es el éxito reciente que han tenido en iTunes). Paradójicamente, Chapman, quien continúa pagando cadena perpetua y no ha podido obtener la libertad condicional, logró el efecto contrario al acabar con la vida del ex Beatle, pues terminó convirtiéndolo en un mito.

El 8 de diciembre, algunos de sus admiradores optarán por aferrarse a su recuerdo en la subasta del LP autografiado que un conserje del edificio encontró escondido en una maceta, poco después de que Lennon murió en el hospital Roosevelt. A otros, en cambio, les bastará con recordar la respuesta que el músico dio en 1960, cuando un periodista le preguntó cómo creía que iba a morir: "Lo más probable es que me mate un lunático".
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