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| 3/7/2015 10:00:00 PM

El rostro del terror de Estado Islámico

La semana pasada se reveló la identidad de John el yihadista. Se trata de Mohammed Emwazi, esta es su historia.

De pequeño, Mohammed Emwazi aspiraba como muchos niños alrededor del mundo a ser delantero en un equipo grande de Inglaterra, pero con los años sus prioridades mutaron radicalmente. Lejos de producir alegrías, sus acciones han causado la muerte a decenas, dolor a cientos y desconcierto a millones. Emwazi, de apodo Jihadi John (John el yihadista), ha personificado la cara más sangrienta y despiadada del ejército terrorista Estado Islámico por medio de videos macabros que han impresionado al planeta entero.

Mohammed Emwazi nació en 1988 en Kuwait, poco antes de que las Fuerzas Armadas del iraquí Sadam Huseín invadieron el país. Pero en 1993, su padre, Jasem Emwazi, trasladó a su mujer y sus -entonces- dos hijos Mohammed y Asma a Londres. Por eso, el joven aterrizó en el sistema educativo británico a los 6 años. En North Kensington, en Londres occidental, Emwazi ingresó a la escuela primaria St. Mary Magdalene. Allá dejó la impresión de ser un niño con dificultades para el inglés, pero que no temía mostrar su dulzura. Sus notas no eran destacables, pero según compañeros de clase, jugaba mucho al fútbol y por medio de ese deporte alcanzó cierta notoriedad.

Es difícil imaginar este marco como la cuna de un asesino fundamentalista, pero en eso se convirtió. Por eso, el mundo se pregunta aún cómo ese niño “amable, gentil y humilde”, según su profesora de colegio, se transformó en el asesino escondido tras un pasamontañas negro que, cuchillo en mano, decapitó a seis personas frente a la cámara. Esa bestia que hoy buscan desesperadamente los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Inglaterra.

Al culminar la escuela primaria Emwazi asistió a la Quintin Kynaston Academy, donde sufrió como muchos adolescentes el matoneo de sus compañeros, el rechazo de algunas chicas y los cambios de temperamento ligados a la edad. Pero a pesar de la adversidad, Mohammed se hacía responsable por sus hermanos y hermanas menores. También lidiaba con los constantes cambios de casa, pues si bien los Emwazi vivieron siempre en barrios de clase media alta de Londres, Jasem conducía un taxi y su familia no vivía holgadamente. Frente a sus dificultades de adolescencia, recibió apoyo de las directivas del colegio, y pareció sacar ventaja. Según le dijo a la BBC Jo Shuter, exrectora de la academia: “Le dimos lo que pensamos que necesitaba para superarse. Y trabajó duro. Logró sacar adelante sus notas y llegó a la universidad a la que quería ir”. Para Shuter, la posibilidad de que Emwazi se radicalizara desde el colegio es casi imposible y la versión según la cual creció rodeado de pandillas contradice lo que ella conoció de Emwazi: un chico callado, pero responsable y trabajador. Sin embargo, el plantel que escogió para su educación superior abre la puerta a las dudas sobre si, en efecto, desde su adolescencia iba forjando su camino.

Punto sin regreso


En efecto, su historia se enturbió en 2006, cuando se enroló en la Westminster University. Uno de cada tres estudiantes es extranjero y no goza de los mejores carteles; uno de cada cinco inscritos se retira, y está catalogado en el puesto 112 entre 123 universidades en el Reino Unido, según un ranking de buenas prácticas del diario The Times. En la Westminster, Emwazi se expuso a las tendencias más radicales del islam y comenzó a transformarse mientras cursaba programación de sistemas.

La institución no solo no se destaca académicamente, además tenía una tendencia a invitar a oradores fanáticos como Anwar al-Awlaki, un líder de Al Qaeda que posteriormente murió en un ataque de drones en Yemen. En 2011 se comprobaron lazos entre el entonces presidente del consejo estudiantil de la universidad y el grupo extremista Hizb ut-Tahrir, y en 2007 un alumno del plantel fue capturado con planos para armar misiles en un aeropuerto británico. Precisamente el jueves pasado estaba programada una charla del polémico y homofóbico Sheik Haitham al-Haddad. Pero cuando se supo la identidad de Emwazi y su pasado la charla se canceló.

Emwazi también recibió adoctrinamiento por fuera de la universidad. En esa etapa de su vida, informes de inteligencia aseguran que hacía parte de una red de militantes encubiertos llamados London Boys, entrenados en África. Varios documentos demuestran su relación con personas que viajaron a Somalia, entre 2006 y 2008, a prepararse bajo el mando del entonces líder de Al Qaeda en África, Fazul Abdullah Mohammed. Uno de esos aprendices de avanzada fue Bilal al-Berjawi, un libanés que vivía en el noroeste de Londres y rezaba en la misma mezquita que Emwazi. Los medios británicos afirman que fue clave en su viraje al islam más radical.

En 2009, al finalizar sus estudios, Mohammed Emwazi planeó junto a dos ‘amigos’ (uno de nombre Abu Talib y otro, un alemán converso al islam llamado Omar) un viaje a la ciudad de Dar es Salaam en Tanzania. En su versión, Emwazi quería experimentar un safari antes de ir a Kuwait a formalizar el matrimonio que había acordado con una chica en su país de origen. Pero una serie de advertencias de autoridades del Reino Unido, Holanda y Alemania bloquearon su entrada a África.

Los servicios de inteligencia no creyeron la versión del safari, y aseguraron que los tres viajeros intentaban acercarse a Somalia y unirse al entrenamiento del grupo terrorista Al Shabab. Fueron detenidos 24 horas e interrogados. Luego fueron enviados de vuelta a Ámsterdam, donde agentes del MI5 -el servicio británico de seguridad nacional- los interrogaron de nuevo. Ya de vuelta a Inglaterra, en Dover, el MI5 los volvió a investigar, y le dijo a Emwazi que había contactado a su prometida. Según Mohammed, no mentían, las preguntas asustaron a la mujer y esta canceló el matrimonio.

Cage, un grupo de Derechos Humanos que lucha por un trato humano para los sospechosos de terrorismo, tuvo contacto directo con Emwazi luego de estar detenido, y afirma que ese fue el momento clave para su transformación. Los interrogadores del MI5, que según su testimonio a Cage, “trataban de poner palabras en su boca”, lo cambiaron para siempre. Sin embargo, esta versión ha sido refutada en todos los tonos por las autoridades, que tildan la acusación de Cage como “una apología del terror”.

A finales de ese agitado 2009, Mohammed viajó a Kuwait a pasar tiempo con su familia paterna. Pasó ocho meses y trabajó en una empresa de tecnología, donde dejó muy buena impresión. Su jefe lo describió como “el mejor empleado que jamás tuvo, calmado, y decente”. Luego de una serie de viajes entre Kuwait y el Reino Unido, le negaron la entrada a su país de origen. Trató de cambiarse el nombre para entrar, pero tampoco surtió efecto. Después de su último intento, en 2013, Emwazi salió de Londres para no regresar. Llamó a su padre para pedirle perdón por lo que vendría, y se unió a Estado Islámico. Su padre no solo le negó el perdón, en medio de la vergüenza, le deseó la muerte. A este monstruo de buena cuna, que tanto dolor ha causado, no solo su padre le desea el peor de los males.
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