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| 2/28/2009 12:00:00 AM

El salvador del inglés

De no ser por Noah Webster, en Estados Unidos no se hablaría inglés sino alemán. Está próxima a salir su biografía.

La simple formulación de la pregunta parece absurda. ¿Es cierto que poco después de su independencia los norteamericanos estuvieron a punto de adoptar como lengua oficial el alemán? ¿Es verdad que Larry King y Oprah Winfrey, Steven Spielberg y Bruce Springsteen podrían estar hablando la lengua de Goethe y no la de Mark Twain? Pues la respuesta es sí, y el responsable de que eso no haya ocurrido fue el famoso lexicógrafo Noah Webster, cuyo nacimiento hace 250 años en el estado de Connecticut se celebró con bombo y platillos el pasado octubre.

El impulsor de esta teoría sobre Webster, que se empieza a discutir en los ambientes académicos de Estados Unidos, es el investigador Joshua Kendall, un ratón de biblioteca de 49 años, afincado en Boston, graduado en Literatura Comparada en la Universidad de Yale y que dentro de poco publicará una biografía de Webster bajo el sello de la prestigiosa Editorial Putnam. Kendall no es un novato en estas lides. También escribió una biografía de Peter Mark Roger, el autor del famoso Thesaurus, bien recibida por la crítica, y colaboró con la revista Business Week.

Según le dijo Kendall a SEMANA, "poco después de que Estados Unidos declaró su independencia de Inglaterra hubo una gran discusión sobre cuál debería ser la lengua oficial". Entraron en juego dos ingredientes: "El primero es que un sector de la población rechazaba el inglés por ser la de los opresores. Y el segundo, que como más del 10 por ciento de la gente hablaba alemán y muchos documentos habían sido traducidos a ese idioma, se generó un movimiento para que se impusiera la lengua germana".

Webster se encargó de evitarlo. "Obsesionado por el hecho de que en todo el país debíamos hablar inglés americano y no británico, escribió el 'American Spelling Book' ('Libro de ortografía norteamericana') con el que unificó la lengua y les enseñó a leer a los tres millones de habitantes de la época", dice. Pero no sólo eso. Para rechazar las modas británicas impuestas por el diccionario de Samuel Johnson, Webster cambió la ortografía de palabras inglesas como centre, colour y musik por las más frecuentes center, color y music, pero no se mostró de acuerdo con que el nuevo idioma, también por repudiar a Inglaterra, se llamara, según pidieron algunas voces, "la lengua de Colón", en inglés Columbus, se llamara "columbian", o sea "colombiano".

Su libro, publicado a finales del siglo XVIII, fue un éxito y no simplemente porque unificó al país en torno al idioma. Desde entonces se han impreso más de 100 millones de ejemplares, lo cual lo sitúa entre los 10 más vendidos de la historia, una lista que encabeza la Biblia. No contento con semejante logro, Webster, que fue amigo de George Washington y de otros padres fundadores, y que era un hombre obsesivo-compulsivo, según Kendall, inició en 1800 su diccionario y lo terminó 28 años después (sólo un hombre con esas características puede hacer tal cosa). Con 70.000 acepciones, duplicó las del trabajo de Johnson e introdujo por primera vez términos científicos. Una revolución.

La historia le reconoce a Webster tres innovaciones adicionales. Fue él quien viajó por todos los estados del país para promover las primeras leyes de derechos de autor (Copyright). Fue él quien fundó en 1801 el primer periódico diario en Nueva York: The New York Post. Y fue el primer periodista free-lance de Estados Unidos. Pero nada, nada de eso, se puede equiparar con la circunstancia de que, si no hubiera sido por su libro de ortografía, los gringos no dirían "yes" sino "ja", no saludarían "good morning", sino "guten Morgen" y no se despedirían con un "bye bye", sino diciendo "tschüss".
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