Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/06/25 00:00

El secreto fatal

Este año se cumplen 20 de la muerte de Rock Hudson, el máximo galán del cine de las décadas de los 50 y 60. Mantuvo oculto su homosexualismo hasta que lo mató el sida.

El secreto fatal

A fines de octubre de 1984, Rock Hudson empezó a trabajar en la serie de televisión Dinastía y tuvo que tomar una decisión trascendental cuando recibió el libreto de un episodio en el que debía besar a Linda Evans. Quedó pasmado, pues él no sabía si el virus del sida se podía transmitir por medio de la saliva. La disyuntiva era: o declaraba que tenía sida o hacía la escena. El día de la filmación, Hudson, decidido a no renunciar a su carrera, usó toda clase de medicamentos para gárgaras y enjuagues bucales. Al analizar la toma se nota que el actor mantuvo los labios juntos y los apoyó al lado de la boca de Linda en un beso casto en el que no hubo intercambio de saliva.

Roy Harold Scherer Jr., el futuro protagonista de Escrito sobre el viento, era hijo único y nació en Winnetka, Illinois, el 17 de noviembre de 1925. Siete años más tarde, su padre Roy Harold Scherer, un mecánico de automóviles que ganaba poco dinero, optó por abandonar a su familia. Poco después del divorcio, Kay se casó con Wally Fitzgerald, un paleador de carbón, que decidió adoptar a Roy, quien pasó a llamarse Roy Fitzgerald.

Roy se relacionaba con las chicas, pero confesaría luego que le atraían los hombres desde la edad de 9 años. Hacia 1943, cuando estuvo en la marina, tomó plena conciencia de su homosexualidad y tuvo relaciones ultrasecretas con varios hombres. Al terminar la Segunda Guerra Mundial recaló en California para empezar su carrera artística. Allí encontró trabajo como camionero, y en su tiempo libre se paraba a las puertas de los estudios de cine esperando a que alguien lo descubriera. El buscador de talentos Henry Willson lo contrató pese a su nula preparación artística. Hay diversas versiones acerca del origen de su nombre artístico, pero, según el actor, fue Willson quien le puso el apellido Hudson y luego buscó un nombre macho y fuerte: Rock.

Gracias a su atractivo le dieron su primer papel en Escuadrón de choque. "La cámara amaba la cara de Rock", decían. Para mejorar la voz, Lester Luther, un foniatra, le dijo que gritara tanto como pudiera y mejor aun resfriado, porque eso quebraba las cuerdas vocales y cuando cicatrizaban, la voz sonaba más grave. Y así fue: le dio un tono bajo y sensual. A esta nueva cualidad se sumó el don que poseía Hudson para cautivar al público, algo así como un magnetismo que proyectaba a través de su mirada. En 1951 Hudson conoció a Mark Miller y George Nader. En esa época, dado que los gays eran rechazados, ellos camuflaban su homosexualidad saliendo los tres juntos, ya que un cuarteto daría pie para especular sobre si se trataba de dos parejas. Hudson era un homosexual muy masculino. No tenía ninguna característica femenina, ningún amaneramiento, ni siquiera entre amigos íntimos. También le atraían las mujeres y en ocasiones, se acostaba con ellas. Le encantaba reír y hacer reír. Las actrices que trabajaron con él contaban que nunca se habían divertido tanto en los escenarios.

En 1952 Hudson actuó en un papel importante en Bend of the River, junto a James Stewart. En un desfile en Portland, previo al estreno, la multitud avivó más a Hudson que a Stewart. Después Hudson participó en varios filmes, entre ellos, Taza, el hijo de Cochise, en el que hizo de indio pese a sus rasgos europeos. Él mismo se sintió ridículo, disfrazado con peluca y con maquillaje oscuro. Luego de Sublime obsesión, Hudson lloró de la emoción al darse cuenta de que era una estrella y de que había llegado a la cúspide sin preparación ni conexiones. Gran parte de su éxito se debía al interés de las chicas menores de 20 años. A las revistas especializadas les explicaba: "Busco la felicidad, pero aún no estoy listo para el matrimonio".

En octubre de 1955 terminó el rodaje de Gigante y Hudson apareció en la portada de la revista Life como "el soltero más buen mozo de Hollywood". En apariencia, Hudson trabajaba tan duro, que no tenía tiempo de buscar esposa. Pero un mes después se casó con Phyllis Gates, la secretaria de Willson. Si este matrimonio fue real o simulado es el misterio más grande de la vida del protagonista de Secretos de alcoba; lo cierto es que duró tan sólo dos años y medio. "Rock seducía a las mujeres -cuenta ella-. Actuaba desde la mañana hasta la noche. Solía decirle que actuaba mejor en casa que en el estudio. No me amaba. Creo que la Universal planificó mi bodaCuando ya llevaba un año siéndole fiel a Phyllis, Hudson no aguantó más y llamó a Miller: "Tengo que poseer a un muchacho. No lo he tenido y enloquezco".

Por su labor en dicha película fue nominado al Oscar al mejor actor. Y en 1957 se convirtió en el astro más taquillero. Durante los siguientes siete años fue la estrella favorita del público. En 1961 actuó en la comedia picante Vuelve, amor mío, con Doris Day, gran amiga suya y quien jamás sospechó que Hudson fuese gay. En 1966, terminó su contrato con la Universal y quedó libre. Pero no pudo soportar el no ser el número uno. "Se bajó del caballo -dijo Nader-, pero para zambullirse en una botella". Hudson empezó a beber en demasía. Fumaba mucho y odiaba hacer ejercicio. Una vez que la carrera artística de Hudson había entrado en declive, el sexo se había vuelto primordial para él. Era promiscuo y llegaba a tener relaciones una o dos veces con personas diferentes a lo largo del día.

En 1981 se escapó de morir gracias a un bypass quíntuple. Un año después, Hudson -de 57 años- conoció a Marc Christian, de 29 años, con el que se veía todas las tardes y del que se enamoró a tal punto que terminó con Tom Clark, el amor de su vida. Sin embargo, y antes de enterarse de que el joven le había seducido por dinero, Hudson ya no soportaba a Christian.

A mediados de 1984 Hudson supo que tenía sida. No sabía casi nada sobre esa enfermedad, excepto que era terminal. Le dijeron que si iba a continuar teniendo relaciones, debería usar condones. Él nunca se había puesto uno, pero estaba dispuesto a luchar y a guardar el secreto sobre su estado.

En agosto viajó a París con la esperanza de que una nueva droga, la HPA 23, que se hallaba en experimentación, pudiese atajar el desarrollo de la enfermedad. En el Hospital Percy de esa ciudad, el doctor Dormont le dijo que, para obtener buenos resultados, debía quedarse allí por lo menos tres meses para recibir inyecciones diarias de HPA 23. Hudson pensó que su trabajo era más importante y optó por un tratamiento más corto. Al verificar el éxito obtenido, el médico le advirtió a Hudson que el virus podría volver a multiplicarse y que era muy importante que volviese a París con la mayor frecuencia posible. Luego de su regreso a Los Ángeles, Hudson le aclaró a Mark Miller: "Puedo actuar en Dinastía. No tengo sida. ¡Lo reventé! Te lo dije, nunca lo tuve". A las pocas semanas, el otrora galán romántico de Hollywood se dio cuenta de que había bajado cinco kilos y de que tal vez no llegaría vivo a Navidad.

Tras haber hecho su última aparición en público, en el show de Doris Day, Hudson decidió volver a París para continuar el tratamiento y al saber que ya era demasiado tarde, dijo que quería morir en su cama. Para conseguirlo era necesario buscar un hospital aéreo y fue necesario alquilar un avión 747 por 250.000 dólares, incluido el equipo de terapia intensiva, los médicos y la enfermera.

Días atrás, ante la presión del American Hospital, Hudson aceptó hacer una declaración pública. Liz Taylor dijo que por haberlo admitido, Hudson "iba a salvar a millones de vidas". Ahora era mucho más popular que cuando era astro de cine. Hudson, que a fines de los años 50 había dicho que no creía en los médicos ni en los siquiatras y tampoco en los gérmenes "porque no puedo verlos", murió el 2 de octubre de 1985.

Respecto al episodio del beso inmortal en Dinastía, un vocero de Linda Evans explicó que ella no estaba preocupada por el contagio porque los médicos habían dicho que ese virus no se transmitía por medio del beso.

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