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| 9/13/2014 12:00:00 AM

El segundón

A pocos días de celebrarse en el Reino Unido el referendo que definirá la independencia de Escocia, solo la noticia del segundo embarazo de Kate Middleton ha distraído momentáneamente la atención de la prensa. Aunque se cree que la duquesa ni siquiera ha cumplido seis semanas, Clarence House tuvo que divulgar la llegada del nuevo integrante real porque las náuseas y molestias propias de su estado le impiden cumplir sus múltiples compromisos. En resumen, para evitar los rumores, prefirieron hacerlo oficial. Por ahora solo se sabe que el bebé nacerá en abril o mayo del próximo año y, mientras tanto crecen las especulaciones sobre su sexo. En las casas de apuestas va ganando el nombre de Elizabeth, pero si es niño otra vez, la mayoría cree que se llamará Carlos o Felipe. Aunque el nuevo heredero (o heredera) llega a reemplazar al príncipe Harry como cuarto en la línea de sucesión al trono, lo más probable es que nunca llegue a ser rey. Primero, porque su hermano mayor, George, tendría que abdicar, y segundo, porque en unos años las monarquías seguramente se habrán extinguido.



Aaron el destripador

Más de un siglo después, el mundo se había resignado a que nunca se conocería la identidad del legendario Jack el destripador. De vez en cuando aparecía una que otra persona con pistas del supuesto asesino en serie que aterrorizó las calles del distrito londinense de Whitechapel en 1888. Por eso ha causado tanto revuelo esta semana la categórica afirmación del investigador privado Russell Edwards: “Definitivamente el inmigrante polaco Aaron Kosminski es Jack el destripador”. Su conclusión se basa en pruebas de ADN realizadas a un chal de una de las cinco víctimas que el hombre degolló y mutiló. Edwards adquirió la prenda en una subasta en 2007 y, según él, es la única evidencia forense del caso que está intacta, pues aunque ha pasado por varias manos, nunca la han lavado. Un biólogo molecular lo ayudó a hacer los análisis y el resultado parece irrebatible. Compararon la muestra con los seis sospechosos de siempre, y el único que coincidió fue Kosminski, un joven peluquero de 23 años que terminó sus días en un asilo psiquiátrico.



Culpable, pero no tanto

Ese fue en últimas el veredicto de la justicia sudafricana contra Oscar Pistorius en el caso de la muerte de su novia Reeva Steenkamp, uno de los juicios más sonados de la última década en el mundo. Tras seis meses de peritazgos e interrogatorios, la juez Thokozile Masipa consideró que la noche de San Valentín de 2013 el corredor disparó de forma consciente a través de la puerta del baño de su casa, aunque sin intención de matar a su pareja. “Fue un homicidio involuntario, la confundió con un ladrón. El acusado, sin embargo, debió llamar a la Policía en vez de descargar su escopeta”, aseguró la magistrada. La sentencia, que se conocerá el 13 de octubre, podría llegar hasta 15 años de cárcel pero de algún modo es favorable al atleta paralímpico, pues si hubiera sido encontrado responsable de asesinato premeditado habría podido ser cadena perpetua. Pistorius, de 27 años, también fue hallado culpable de uso negligente de armas de fuego en un proceso ajeno al de la muerte de la modelo. Su calvario no termina.



¿Nos podemos ir ya?

Entrar al despacho oval a saludar al presidente de Estados Unidos es un privilegio reservado para pocos. Sin embargo, para un niño de 4 años puede ser el plan más aburrido del mundo. Así lo registró el fotógrafo de la Casa Blanca durante la visita de un agente del servicio secreto y su familia a Barack Obama. Como lo muestra la imagen, mientras los adultos hablan de cosas serias, el pequeño, quien no ha sido identificado, encuentra una mejor manera de divertirse: saltar en clavada, como si fuera una piscina, al sofá donde seguramente se han sentado los funcionarios más poderosos del planeta. No se sabe si los papás lo regañaron o si el mandatario se dio cuenta de sus maromas, pero lo cierto es que la foto, publicada en la cuenta oficial de Flickr, es todo un fenómeno en redes sociales.



La gran Martine

Martine Rothblatt ha logrado lo imposible. Y no por ubicarse en el listado de las mujeres mejor pagadas de Estados Unidos, con un sueldo de 38 millones de dólares anuales. Tampoco por haber creado United Therapeutics, una compañía farmacéutica cuya acción en mayo se dobló gracias al anuncio de que una de sus moléculas había sido aprobada para la venta. Lo extraordinario de su historia es que vivió la primera parte de su vida como Martin, un abogado y empresario exitoso. Pero a partir de 1994, tras una cirugía de cambio de sexo, es Martine, la ejecutiva con senos de adolescente que logró desbancar del podio del éxito a pesos pesados como Marisa Mayer y Sheryl Sandberg. Desde ese momento se hizo célebre entre las comunidades gay y transexuales su frase: “Los genitales son tan irrelevantes para el rol de alguien en la sociedad como el color de piel”. En el reportaje que le hizo la revista New York la semana pasada, de la cual también fue portada, Martine cuenta que desde los 15 años empezó a pensar en sí misma como mujer aunque “adoraba mi pene”. Cuando tomó la determinación de cambiar de sexo, la más sorprendida fue su esposa Bina, quien decidió acompañarla en esta etapa. Hoy tienen cuatro hijos que la siguen llamando papá, y cuatro nietos que en lugar de decirle ‘Granma’ (abuela en inglés), la llaman Gran Martine.



Adiós al querido villano

“Estoy destruido”, declaró Roger Moore el miércoles pasado al enterarse de la muerte de Richard Kiel, el famoso actor que encarnó a Mandíbulas, quizás el villano más recordado de la saga de películas de James Bond. Kiel no pasaba desapercibido por sus 2,18 metros de estatura. De hecho, esa característica física lo llevó a actuar en varias producciones televisivas y cinematográficas como gigante y villano desde la década del sesenta. Pero se volvió una celebridad a finales de los setenta cuando encarnó al enemigo del agente 007 en las cintas La espía que me amó y Moonraker. Desde entonces no hubo un día en que saliera a la calle y no le gritaran: “¡Mandíbulas!”. Incluso volvió a aparecer en el mismo papel en El inspector Gadget, una película de acción de Walt Disney que tomó prestado el personaje. En 2002 publicó sus memorias en el libro Making it Big in the Movies, donde contó entre otras cosas que los dientes metálicos que utilizó en las películas de Bond eran muy incómodos y tan solo podía llevarlos puestos por lapsos de 30 segundos. El actor, nacido en Detroit, murió por complicaciones tras fracturarse una pierna tres días antes de cumplir 75 años.

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