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| 9/24/1990 12:00:00 AM

EL SEÑOR DE LAS RATAS

Con la muerte de Skinner, desaparece el último de los pioneros de la sicología moderna.


Hasta el último día de sus 86 años, Burrhus Frederick Skinner esperó que sus descubrimientos sobre el comporta miento humano permitiera crear un mundo mejor. Pero también hasta su muerte, ocurrida la semana pasada tuvo que cargar con el peso de sus controvertidas teorías. A la par con la imagen de profundo pensador que le dio su intenso trabajo científico, tuvo que soportar la reputación de ser un hombre frío y sin sentimientos. Su principio de que la conducta humana podía ser moldeada a través de la recompensa y el castigo, lo hizo aparecer como un manipulador de la humanidad. Y su obsesivo celo por el trabajo experimental hizo que, aun en las últimas entrevistas que concedió a la prensa, tuviera que aclarar que no era cierto que, en aras de la ciencia, hubiera criado a sus hijas en una jaula del laboratorio. El eminente sicólogo norteamericano, que dedicó su vida a estudiar los comportamientos humano y animal a través de ingeniosos experimentos, siempre pensó que la aplicación de sus principios podría ser la clave para crear una sociedad ideal. De hecho, en sus primeros años de trabajo académico publicó una novela, "Walden Two", similar al Mundo Feliz, de Huxley, y a la Utopía, de Tomás Moro. En ella, Skinner esboza los principios de su teoría en la planificación de una sociedad en la cual a cada individuo se le condiciona, desde el nacimiento, a ocupar el lugar que le corresponde, sin malestares ni lucha de clases y a realizar su trabajo en forma altamente creativa. Pero más que una obra de ciencia ficción, es un comentario social en el que plantea la posibilidad de aplicar los principios del análisis experimental del conportamiento a la solución de problemas sociales. El libro, que no tuvo mucho éxito cuando apareció en 1948, fue posteriormente objeto de una gran atención y traducido a ocho idiomas a finales de la década de los sesenta.

En los inicios de su interés por el estudio del comportamiento humano, Skinner pensó que el camino estaba en la literatura. Durante sus años de estudiante fue un desadaptado que escribia artículos dedicados a ridiculizar a sus profesores y a las farsas sociales. Su gran sueño era hacer una carrera como escritor. Pero luego de varios años de frustraciones y de bohemia, empezó a interesarse por la sicología. En alguna ocasión confesó:
"Hice el desgraciado descubrimiento de que no teníá nada qué decir. Estudié sicología con la esperanza de remediar esa falta". Miembro de una culta familia bostoniana, con su esposa, Ivonne Blue y sus dos hijas, Julia y Débora, compartió el amor por la literatura, y en sus numerosos escritos científicos plasmó algo de su estilo literario.

El cambio de la literatura a la ciencia no fue sencillo. En 1931 recibió su doctorado en Harvard y obtuvo de la universidad, donde trabajó como profesor durante más de 40 años, el apoyo para realizar sus experimentos. Tardó sin embargo, 23 años en plasmar sus ideas sobre el comportamiento verbal en una obra, publicada en 1957, que la crítica atacó duramente. En esa obra Skinner cayó de lleno en el error que siempre combatió: la especulación de sillón. Enemigo de las teorías, el gran aporte de Skinner fue el de buscar las respuestas de la sicología en el laboratorio. Este nuevo enfoque científico, cambió la historia de la sicología moderna.

Skinner parecía un personaje extractado de su novela. Pero no era uno de los aconductados individuos que soñaba, sino del grupo de planificadores que decidieron construir una sociedad "perfecta" con ayuda de la sicología. En el curso de su larga carrera como experimentador, trabajó en proyectos tan diversos como adiestar palomas para guiar proyectiles, máquinas para enseñar y cunas con dispositivos de control de temperatura. Precisamente este último artefacto, diseñado para su segunda hija, alimentó la errónea creencia de que el científico había criado a sus hijas en una jaula de laboratorio. Pero en realidad esa cuna para infantes nada tuvo que ver con sus cajas para experimentos de modificación del comportamiento animal. A través de las famosas "cajas de Skinner", el sicólogo descubrió un nuevo tipo de condicionamiento animal, diferente al de Pavlov, llamado operante. Pero su trabajo científico no se redujo a la observación de ratas y palomos en laboratorio. Skinner ayudó a formar la sicología del comportamiento tanto como una ciencia de laboratorio como una sólida filosofía.

El sicólogo e investigador colombiano, Rubén Ardila, quien el pasado 10 de agosto estuvo en la que sería la última conferencia de Skinner, en Boston, señala: "Era un hombre preocupado por el futuro de la humanidad. Su mayor interés fue siempre que las investigaciones sicológicas, además de un sustrato científico sólido, tuvieran una aplicación práctica y sirvieran para mejorar la vida de los seres humanos. Quizás la irmportancia de su trabajo radica no tanto en ser una teoría válida, sino en sus múltiples aplicaciones" .

En las últimas décadas, a medida que aumentan los seguidores de la escuela skinneriana en todo el mundo, los principios del análisis experimental del comportamiento se aplican más en las áreas sociales como la clínica, la educación, la industria y el diseño de culturas: su máquina de enseñar, es la base de los numerosos sistemas de instrucción programada. Sus trabajos sobre comportamiento animal llevaron a la industria farmacológica a implementar laboratorios de sicología para estudiar la reacción a los nuevos medicamentos. Sus principios de modificación de la conducta han sido la base de modernas terapias para el tratamiento de casos de enfermedad mental severa en los cuales han fracasado los métodos tradicionales. Y su descubrimiento de las leyes de comportamiento se aplican hoy en el adiestramiento de los integrantes de misiones espaciales. Incluso su planteamiento del "Walden Twó", aunque criticado por los humanistas, es considerado por muchos cientificos como la única utopía realizable. De hecho, varias organizaciones científicas han intentado este gran experimento social, estableciendo colonias que siguen el modelo de Skinner. La más famosa de ellas es los Horcones, en México.

Controvertido y criticado, lo cierto es que en las últimas décadas sus seguidores se han extendido por todo el mundo.
Según Ardila, "Skinner va a pasar a la historia en un papel similar al de Darwin. La razón de su controvertida teoría se debe, ante todo, a que a los seres humanos no les gusta creer que son parte de la naturaleza, es decir, que sus conductas están sometidas a las mismas leyes que los demás entes y que el refuerzo funciona tanto para los animales como para los humanos". Aparte de las críticas, lo cierto es que la semana pasada, con el anuncio de su muerte, víctima de la leucemia, el mundo científico supo que había perdido no sólo al último de los pioneros de la sicología moderna sino al hombre que ha sido considerado por muchos como "el sicólogo del siglo XX".
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