Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

El sueño continúa

Se cumplen 25 años de la muerte de la leyenda del 'rock' John Lennon. Su música aún sigue influyendo en las nuevas? generaciones y por eso su recuerdo sigue vivo.

El sueño continúa

"Acabo de dispararle a John Lennon", le respondió Mark David Chapman a José Perdomo, portero del edifico Dakota, el 8 de diciembre de 1980, cuando él le pregunto con angustia qué acababa de hacer. Luego Chapman se sentó en el piso y se puso a leer El guardián en el centeno, de J.D. Salinger, sin hacer ningún esfuerzo por huir. Lennon se había encontrado en dos oportunidades con su asesino el día de su muerte. Por la tarde Chapman se acercó para pedirle un autógrafo y por la noche lo llamó por el nombre y luego descargó su pistola cinco veces contra el músico. La Policía tardó sólo unos pocos minutos en llegar al lugar de los hechos y al ver la gravedad de sus heridas, decidieron trasladar a Lennon en una de las patrullas hasta el hospital Roosevelt, donde murió después de perder el 80 por ciento de su sangre. Chapman había planeado el asesinato durante tres meses. Viajó desde Hawai, lugar donde residía, hasta Nueva York con la única intención de acabar con la vida del músico. "Ahí estaba él, un hombre exitoso que parecía tener el mundo amarrado con una cadena. Y ahí estaba yo, ni siquiera un eslabón de la cadena, simplemente una persona sin personalidad", declaró él años después. A sus 25 años, una voz en su cabeza le repitió que lo hiciera, que disparara y, como él mismo aceptaría después, ya no había vuelta atrás. Esa era su manera de quedar registrado en la historia de John Lennon, su ídolo, su enemigo, el ser que amaba pero que al mismo tiempo envidiaba al punto de odiarlo. Después de llevar la mitad de su vida en prisión, Chapman, que hoy tiene 50 años, sigue pagando cadena perpetua. Las tres veces que ha pedido libertad condicional le ha sido negada por los jueces por la "intención extremadamente maliciosa de sus actos". Pero lo que él quizá nunca pensó fue que al acabar con la vida de John Lennon estaba convirtiendo un ídolo en una leyenda y que las leyendas nunca mueren. Un cuarto de siglo después de su desaparición, la influencia de Lennon se siente sobre varias generaciones. "John fue mi amigo, mi compinche, mi cómplice. Nosotros crecimos juntos, él hizo canciones que me hablaban a mí cuando yo tenía 15 años", dijo a SEMANA Manolo Bellon, crítico musical y disc-jockey. El encanto de este Beatle fue ser un hombre común y corriente y no un ser perfecto. Era un excéntrico y un visionario. Pero al mismo tiempo creció con traumas de infancia al haber sido abandonado por su padre y dejado al cuidado de su tía Mimi por su madre, que murió en un accidente cuando él tenía 18 años. Fue un mal padre para Julián, su primer hijo, y un pésimo compañero para Cynthia Powell, su primera esposa. Era un hombre irascible y en ocasiones violento, contradictorio en sus luchas. Pero a pesar de todos sus defectos, no temió incluir sus experiencias en sus canciones y esto fue lo que lo convirtió en un artista con el cual el público se identificaba. Como dijo el crítico de música de SEMANA Juan Carlos Garay, "Lennon no era virtuoso, lo que tenía era que representaba al tipo común y corriente y decía cosas que no debía decir". Solía soltar con facilidad su lengua no sólo a la hora de cantar, sino también en el momento de hablar en público. Durante la primera presentación del grupo ante la reina Isabel II, en 1963, antes de cantar la canción Twist and shout, Lennon dijo al público: "Todas las personas de los puestos baratos aplaudan. Los demás tan solo hagan sonar sus joyas". Luego, en 1966, vendría la frase "ahora somos más populares que Jesús" Que fue tomada fuera de contexto por grupos cristianos del sur de Estados Unidos que promovieron la quema de los discos de los Beatles, en medio de vetos en la radio y protestas públicas. La irreverencia y la rebeldía siempre fueron su sello personal, al punto de que devolvió su medalla de caballero del Imperio Británico (MBE) con una carta dirigida a la reina en donde planteó su desacuerdo con la guerra en Biafra y con que Gran Bretaña apoyara a Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Y añadió que también estaba molesto porque su canción Cold Turkey había bajado en las listas de popularidad. Su relación con Yoko Ono, a quien muchos culpan de la separación de los Beatles, fue igual de controvertida. Yoko se convirtió en su mujer, su pareja musical, su inspiración, su todo. Durante su luna de miel, en una habitación del hotel Hilton de Ámsterdam iniciaron una protesta "encamada", literalmente, a favor de la paz en el mundo. "Sintetizó una época, con sus defectos y sus virtudes, y aprovechó eso para decir al mundo lo que quería, aunque con cierta dosis de megalomanía, exhibicionismo e ingenuidad. De todas maneras, ¿qué de malo puede tener hablar al mundo de paz?", dijo a SEMANA Andrés Ospina, codirector del programa radial La Silla Eléctrica y fanático de la banda desde su infancia. Yoko entró de tal manera en sus composiciones, que su música de solista, según los críticos, no logró la maestría y la perfección de su época con los Beatles. Pero en verdad ninguno de los miembros del cuarteto más famoso del mundo logró posteriormente la genialidad de su época en grupo. Algunos opinan que la mente detrás de los grandes avances musicales de los Beatles fue McCartney y en ocasiones hasta Harrison. Pero, como dijo Garay, "si no hubiera estado Lennon, los Beatles habrían dejado de hacer rock, porque McCartney se creía Schubert, y Harrison quería ser Ravi Shankar". Y aunque se quiera conservar la imagen de Lennon como un activista político, un revolucionario, un pensador y un poeta, lo que va a quedar para las generaciones que vienen es su música. "Creo que todo lo demás que le han adherido son anexos simplemente. Yo no creo que Lennon haya sido el mártir de la paz, ni creo que haya sido el gran luchador de la causas sociales de los 60", explicó Gustavo Gómez, fanático, coleccionista de los Beatles y editor general de la revista Soho. Paradójicamente, en el momento de su muerte Lennon, a sus 40 años, había logrado despejar muchos fantasmas de su pasado y conseguir la tranquilidad que no tuvo durante gran parte de su vida. Estaba dedicado a la crianza de su segundo hijo, Sean, porque entendió la importancia de la paternidad. Su relación con Yoko pasaba por un momento estable. Además de componer esporádicamente, aprendió a cocinar y salía a pasear por las calles de Nueva York. Como escribió 10 años antes de su muerte en la letra de God: "Yo era la morsa, pero ahora soy John. Y así queridos amigos sólo tendremos que continuar. El sueño terminó". Pero la generación que creció en un mundo en donde Lennon ya no existía ha descubierto de nuevo su música y sus mensajes. El sueño continúa.

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